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Latinoamérica y los muros que falta derrumbar

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Ricardo Lagos habla, en su nuevo libro de columnas-ensayos, América Latina y el mundo que viene, precisamente desde América Latina,  y al hacerlo, muestra el primero y más persistente de sus temas: la necesidad de coordinar las políticas de América Latina hacia el mundo global para hacer de la región un actor respetado en sus intereses colectivos y que influya en el desarrollo de la política y la economía mundial.

Pero América Latina está enfrentada al enorme desafío que resulta de la globalización, y esta es, sin dudas el segundo actor de este libro. La globalización como propagadora de la crisis internacional; la globalización como difusora de las responsabilidades ante el cambio climático; la globalización como el fenómeno que hace contagioso el tráfico de drogas, la violencia, las pandemias, pero también difunde la democracia y sus ritos, las migraciones y las transformaciones tecnológicas que cambian la vida de los hombres. 

Es relevante el que el tiempo en que se escriben estas columnas es también aquel de la crisis mayor que ha experimentado el capitalismo desde la Gran Depresión. Estamos hoy a tres años de la caída de Lehman Brothers y desgraciadamente lo que sobresale en la mirada de estos años, es la incapacidad política de los líderes internacionales para dar curso a un sistema que, como dice Ricardo Lagos, sea “diametralmente distinto” al actual. Surge de ahí otra convicción esencial: la solución del problema global radica en la política; en la calidad de las decisiones gubernamentales, en el coraje de quienes manejan los resortes esenciales del sistema internacional.  En suma, la tarea esencial del siglo es el gobierno político de la globalización.

Leo estas páginas como una condena severa de la incapacidad política de los líderes occidentales.  Y un llamado sin ambages a una mayor regulación: Dice Lagos, ¿Se necesita un Estado fuerte y eficiente en el control? Sí; ¿Se necesitan reglas claras para la presencia del mercado, capaz de crear verdadero crecimiento y no burbujas financieras de fatales resultados? Sí. ¿Se necesita dar a la política toda su fuerza, para ordenar lo que quede tras la catástrofe? Sí.   No es este libro por lo tanto un breviario de recetas tecnocráticas sino, al contrario, una mirada esencialmente política sobre lo que nos sucede.

Sin embargo, es el plano de la región y la democracia donde se percibe la que me parece es la obsesión más decidora para nuestro momento actual. El problema, tal cual él lo plantea es ¿podemos derrotar la pobreza y el subdesarrollo desde los modelos políticos imperantes? Lagos dice en Agosto de 2007, : “Se va a empezar a insinuar en la agenda las demandas y necesidades de aquellos sectores medios, de aquellos que al dejar atrás la pobreza, buscan tener un horizonte mejor. Y empezaremos a escuchar por todos lados: si ya quedaron atrás los días más duros, quiero seguir avanzando y lograr un mundo mejor para mis hijos. Y es aquí –dice el autor- donde la demanda educacional pasará a ser un tema central. Tendremos exigencias crecientes por una educación de calidad, con recursos adecuados y donde disminuya la brecha entre el sistema público y el privado”

El tema de las demandas de una clase media que desea mejor educación, mejor salud, mejores pensiones, se transforma en el eje de su mirada sobre el futuro de la región, de países que desean no solo salir de la marginalidad, sino que aspiran a la igualdad. En ese marco denuncia el fundamentalismo de mercado, incapaz de lograr el desarrollo. Es en ese camino que propone una visión de los muros que aún debe derrumbar la democracia latinoamericana. Y los propone, esta vez, dirigiéndose directamente al caso de Chile ¿Quiero una sociedad donde lo principal sea el ciudadano o lo esencial sea el consumidor? ¿Quiero un país con políticas públicas para responder a las demandas ciudadanas o una sociedad donde esas demandas solo se ven como oportunidad para hacer negocios? ¿Quiero una sociedad donde la educación abra espacios a la igualdad o solo reproduzca las diferencias? ¿Quiero un país con un Estado sólido, ágil y fuerte para políticas realmente democráticas o un Estado remitido a responder ante aquello que el mercado no tiene interés en atender?”

Termino estos comentarios citando una frase de Ricardo Lagos, que me parece le da al libro, no solo el valor de la visión estratégica, sino también la fuerza política que ha caracterizado siempre la personalidad, la acción y el pensamiento político del autor. Dice Ricardo Lagos: “entre nosotros, cada cual sabe donde están aún los muros que faltan por derrumbar. Cada cual también sabe cuántos muros aún estarían en pie, si no fuera por la acción de quienes supieron juntar fuerzas para echarlos abajo”.

* Lee el texto completo en el documento adjunto.

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Foto: Los niños de Chile / Licencia CC

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21 de septiembre

Estimado Gabriel, se agradece el análisis que hace sobre el libro de R.Lagos, y básicamente pone de relieve el “por qué” del camino que debe dar continuidad a nuestra supervivencia como naciones globalizadas, sin embargo no encuentro el “Como” en esta reflexión y me gustaría conocer su opinión al respecto. Por cierto, tengo ganas de leer el adjunto, que no lo veo en la pantalla. Igualmente, es muy inspirador leer esta columna. Un abrazo.

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