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El PSOE capitaliza voto de centroizquierda y progresista

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El PSOE, que hace dos años parecía a punto de deshacerse en sus contradicciones, ganó las elecciones generales. Su líder, Pedro Sánchez, que hace dos años había perdido incluso el liderazgo partidario, cuando los “barones” lo defenestraron por negarse a facilitar la investidura de Mariano Rajoy (Partido Popular). Primero reconquistó el liderazgo gracias al favor de la militancia en primarias. Luego derrocó a Rajoy mediante una moción de censura. Y después, desde la Moncloa -sede del Gobierno-supo liderar un giro social de las políticas públicas y un enfoque prudente del conflicto catalán que han procurado al PSOE su primer triunfo electoral en una década y que le permitirá, con toda probabilidad, revalidar la presidencia del Gobierno.

Su amplia victoria en escaños (123 diputados) convalidó su liderazgo, así como su decisión de apelar al voto de la moderación y la seguridad cuando sus principales adversarios buscaron la polarización y la rivalidad en los extremos.


En el breve mandato de Pedro Sánchez tras la moción de censura, el PSOE consiguió algo impensable apenas unos años atrás: recuperar la hegemonía cultural progresista

Las derechas apostaron por un tono híper agresivo y por una redefinición de lo que era ser español para retroceder en algunos aspectos ya consagrados en la Constitución, en el Estado, las Autonomías, en recorte de derechos y libertades y en un programa despiadado en lo económico y social. Los temas y la agenda de los otros dos partidos de derecha (PP y Ciudadanos) fueron marcados por el partido VOX (extrema derecha) de apelar a los sentimientos patrióticos viscerales hasta conseguir que la derecha tradicional se hiciera eco de sus postulados en temas como la centralización administrativa, la migración ilegal y algunas políticas para la igualdad de género. VOX propició y proyectó la sombra del franquismo sobre el conjunto de las derechas.

Eso activó y movilizó una especie de voto progresista defensivo, de un electorado sociológicamente de izquierdas que ha acudido a votar –la participación superó el 75% del padrón- para que no gobernasen las tres derechas y que desea una España moderna, plural, diversa. El PSOE logró atraer más de dos millones de nuevos votantes, un crecimiento del 37% respecto de sus apoyos de hace tres años. Además, ayudó a esta activación del votante de izquierdas la deriva de Ciudadanos a la derecha –que se autodefine de centro- como también el énfasis en una agenda social por parte del Gobierno del PSOE. Todo indica que Sánchez, como antes Costa en Portugal, ha logrado dejar atrás el derrotismo que parecía asolar a los partidos socialdemócratas de Europa.

En el breve mandato de Pedro Sánchez tras la moción de censura, el PSOE consiguió algo impensable apenas unos años atrás: recuperar la hegemonía cultural progresista. El partido contra el que se manifestó el 15-M, contra el que en buena medida surgió Podemos, volvió a ser “la izquierda”. Es indudable que Sánchez ha renovado al partido en los estilos y en los contenidos, conectándolo con segmentos sociales y personas que habían desertado de el por su falta de coherencia y signos de corrupción (El caso ERE cuando la Junta de Andalucía era presidida por el PSOE Manuel Chaves y lo que se ha llamado “Las sillas giratorias” donde ex ministros de ese partido pasan a ocupar directorios de las grandes empresas y bancos).

El PSOE, en poco tiempo, recuperó su identidad como gran casa de la izquierda y fidelidad a los propios principios, europeísmo, prioridad a las políticas de igualdad y moderación para explicarlas, pero también en cierto modo su prestigio cultural. Dejó de verse como un partido viejo y gris, de burócratas, apparatchiks y políticos de carrera y ganó de nuevo un aura de modernidad gracias al feminismo y a una épica del “no pasarán” frente a la ultraderecha. El liderazgo de Sánchez le ha permitido al partido mostrarse y exhibirse como una fuerza inspiradora del cambio transformador, redistributivo y de la lucha en favor de la igualdad.

Los socialistas ganaron porque supieron aprovechar los errores de la derecha. No solo las historias de corrupción del Partido Popular; sobre todo, las peleas internas entre este último y Ciudadanos. La derecha española cayó por fin en esa clásica conducta de la izquierda: dividirse, atacarse, perder votos. Allí donde los del PP solían ir solos, fueron tres: ellos, Ciudadanos y Vox tratando de captar el mismo votante clásico de derecha, dejando el voto moderado al PSOE.

La derrota del PP es tan rotunda que deja al partido herido de muerte. Su estrategia de campaña de “vender el apocalipsis para competir con Vox” y una carrera por ver quién ofrecía la respuesta más radical frente a las posturas independentistas en Cataluña ha perdido casi cuatro millones de votos y ha caído de 137 a 66 escaños y en esa comunidad autónoma ha pasado de tener seis a un escaño, aunque la descomposición de este partido proviene desde muchas décadas de saquear instituciones, con los contratos en obras públicas con costos inflados o con el financiamiento ilegal del partido en las tramas de la Púnica y de la Gürtel, dañó la imagen del partido entre los más jóvenes y los votantes menos ideologizados. Además, la crisis catalana permitió a sus competidores (Ciudadanos por el centro, Vox por la extrema derecha) presentarse como legítimos representantes de las preferencias de los votantes del PP en el tema más importante para ellos: la cuestión territorial. Por último, la fuerte ideologización programática del partido, impulsada por Casado, su nuevo líder.

Unidas Podemos pierde 1,3 millones de votos, 29 escaños en el Congreso y todos su senadores. Hace tres años logró el apoyo de cinco millones de votos y 67 diputados, pero en esta ocasión ha cosechado el peor resultado en unas elecciones generales de su corta historia, pero no cae por debajo de Vox en el Parlamento y tendrá un papel importante en esta legislatura. La campaña de Pablo Iglesias tuvo tintes socialdemócratas, y sin ella el resultado habría sido aún peor; los votos se perdieron mucho antes por las peleas internas y la expulsión no formal de Errejón y sus seguidores. En un momento de concentración del voto progresista en el PSOE para frenar a la extrema derecha, logra hundirse menos de lo que pronosticaban muchas encuestas, pero acumula su enésima cita con las urnas a la baja. Deberían preguntarse y hacer un diagnóstico cuál es la causa y no culpar a terceros.

Entre las tareas del nuevo Gobierno socialista están la derogación de “los aspectos más lesivos” de la reforma laboral de 2012 que no se terminó de concretar, y “blindar en la Constitución” la revalorización de las pensiones según el IPC. Reducir el desempleo, 14,7%, y reformar la protección por desempleo (4 de cada 10 personas desempleadas sin derecho a un beneficio de desempleo) y casi la mitad de los desempleados en riesgo de pobreza. Respecto a los arriendos de las viviendas que han tenido alzas desmedidas, está pendiente la regulación de los precios. En materia impositiva, se deben aprobar impuestos sobre determinados servicios digitales y el impuesto de transacciones financieras. Y También abordar la transición energética en la próxima década en España.

Con una gran fragmentación de la oposición, cuyos líderes salen debilitados de las elecciones, y con la personalización en que se está transformando la política – y al convertir sus partidarios a Pedro Sánchez en icono de la renovación ética y política- le permitirán surfear más fácilmente en un Parlamento polarizado. No obstante, su éxito requerirá encajar las personalidades de su entorno en equipos corales. Ahora se trata de que esa gran movilización electoral se produzca en positivo. Por ilusión, para reconstruir una comunidad deshecha por la desigualdad y la corrupción.

TAGS: #PSOE Elecciones en España España

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05 de Mayo

En perspectiva se ve más de lo mismo, España tiene problemas profundos, los partidos más moderados no logran mayorías para gobernar y deben recurrir a los extremos o a los independentistas, todo un rollo. Mucha gente puso el grito en el cielo por el avance de VOX y la extrema derecha, pero al igual que en todas partes, sobre todo en nuestro mundillo latinoamericano, acciona el mute, el silencio cómplice con el extremismo de izquierda de Pablo Iglesias y compañía.

06 de Mayo

El nacionalismo español representado por VOX y el independentismo representado por el irredentismo de J&Cat (Carles Puigdemont) son los sectores que polarizan en forma brutal el sistema político en España. Una novedad en estas elecciones fue ver un partido (Podemos) que se caracterizó como anti sistema y populista de izquierdas, su líder, Pablo Iglesias, mostró un tono socialdemócrata en los dos debates de TV, moderando esa imagen de antisistema y populista que le persigue. Su coalición (Unidas Podemos) ahora quiere ser también el instrumento que permita la gobernabilidad en España, abandonando su estrategia anterior de polarización.

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