#Internacional

El buitre europeo (sobre las medidas de migración de la UE)

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Mil novecientos noventa y tres, un fotógrafo llamado Kevin Carter toma una foto a una niña observada por un buitre en Sudán , una foto que ganó el premio Pulitzer.


El buitre europeo esta igual que en ese año, en que financiaba una guerra que provocaba ese grado de desnutrición en miles de niños de Sudán. El buitre, que es Europa, mira cómo la gente muere por sus acciones, por la venta de armas que es la única industria que sostiene al continente europeo, por el robo de recursos porque nunca ha querido pagar lo que valen, y espera a que esas muertes ocurran sin fotógrafos y sin supervivientes, para no tener testigos de sus actos.

Desde el día que esa foto se hizo pública, se ha convertido en una verdad reproducida infinidad de veces que la persona fotografiada era niña, que Carter no hizo nada por ayudarla, y que el acoso que tuvo el fotógrafo por esa foto lo llevó a suicidarse. Una historia falsa que buscaba desviar totalmente la atención de lo que Carter pretendía denunciar: Que en Sudán había niños en ese grado de desnutrición, pero no por una sequía, no por escasez de alimento, sino a causa de una guerra, cuyas raíces tienen (hasta hoy) sello y dinero europeo. Como lo tiene gran parte de la situación en África. Carter era parte de un grupo de reporteros sudafricanos conocido como el Bang-Bang Club, que buscaba mostrar al mundo los horrores  del régimen del apartheid y de la grave situación que estaban viviendo las personas africanas, de la cual se benefician principalmente los europeos, cuyos Estados financian y alientan esos horrores.  Muerte tras muerte, dolor tras dolor, Carter y sus tres compañeros (Joao Silva, Greg Marinovich y Ken Oosterbroek) comenzaron a impregnarse de lo que estaban inmortalizando, algo que para Carter se hizo insoportable, sobre todo porque, en su recorrido por diversos centros de estudio y al aceptar dar entrevistas tras ganar el Pulitzer, se dió cuenta de lo hipócrita que pueden ser las personas. Carter acabó suicidandose, dos meses después del asesinato de su amigo Ken Oosterbroek.

Estos días, Europa ha decidido blindarse contra los migrantes. La falta de espacio  impide desarrollar mejor lo repugnante de la discusión que se realizó durante el Consejo Europeo (este tema da para una tesis), pero nos podemos hacer una idea del tenor de la reunión con lo que fue uno de los temas centrales en este tema: el acuerdo para requisar e inutilizar las embarcaciones que usan los traficantes para trasladar a extranjeros de las costas libias a las europeas. Porque de los cerca de 1.600 fallecidos en la dura travesía mediterránea para llegar a Europa, 700 murieron frente a las costas de Libia, la misma que fue ilegalmente bombardeada por la OTAN en el año 2011, bajo la falsa excusa de derrocar a Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi; pero que en realidad fue una operación para apoderarse del control del petróleo y gas libio, fundamental para una Europa sin recursos naturales propios. Una guerra en que la OTAN, el brazo armado de la Unión Europea, mostró de lo que es capaz, una vez más: bombardear indiscriminadamente. Cosa que ahora se pretende hacer con cualquier embarcación de migrantes, todo con aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, enmascarando esa decisión bajo la ambigua expresión de “tomar todas las medidas necesarias” contra esos buques.

Pero lo del Consejo Europeo no es nada comparado con las medidas a las que estan dispuestos a llegar los cabeza de gobierno. David Cameron, recién releecto, ha decidido dejar atrás la hipocresía: bajo el slogan de “Un país fuerte es aquel que controla la inmigración, no el que permite situaciones ilegales”, anunció que ser un inmigrante indocumentado en Gran Bretaña será delito. Y esa fue la más suave de las declaraciones de las autoridades europeas.

Lo terrible es que mientras Europa se blinda, al mismo tiempo presiona a países como el nuestro a tener una política de puertas abiertas migratoria. Si Chile, o Brasil, o Perú decidieran cerrar la puerta, la Unión Europea nos forzaría a volver a abrirla, como es lo que está pasando en el Sudeste Asiático, en que se está obligando a Indonesia y Malasia a recibir refugiados. Pero no se obliga a aceptar refugiados a otros países por buen corazón, sino que todo está en directa relación al interés que se tenga en determinados conflictos. En el caso del Sudeste Asiático, el ojo de la Unión Europea está en Birmania, de cuyo país salen la mayor parte de migrantes. Europa, poco a poco, está entrando en el conflicto buscando obtener beneficios, tanto por la venta de armas a los contendientes como de la explotación de los recursos de ese país (el país es productor del 70% de jade y 90% de rubíes a nivel mundial), beneficios que hasta ahora van a manos chinas, que tienen el control de las zonas mineras y que suministra el material militar tanto a los rebeldes como al gobierno. Ello porque si la gente huye de esos países, sea un Estado cargue con toda la responsabilidad y los costos de ello, mientras no sea un Estado europeo, ni tampoco Naciones Unidas con dinero de algun Estado europeo. Como en el caso de Libia: si hay personas que están migrando desde Libia, es porque Europa convirtió en un escenario de guerra inconclusa un país que era, hace menos de 5 años, uno de los más florecientes de África, todo para robarle sus recursos naturales. Como con Mali y Níger, países a los que Europa pretende otorgar fondos para que refuercen su control fronterizo… para que nadie pueda escapar de una guerra iniciada y mantenida por Francia, bajo la apariencia de lucha antierrorista, pero que  en realidad es una operación de expolio.

Europa lo que quiere es evadir su responsabilidad y su culpa de que tengamos migraciones masivas, porque la mayoría las han provocado sus guerras de robo de recursos (al estilo de las realizadas durante el siglo XIX). Y como masacrar a esas personas estaría mal visto (aunque tampoco Europa se frena al hacerlo, como el caso de Libia lo ejemplifica a la perfección), lo que quiere es librarse del problema, forzando a esas personas a migrar hacia cualquier país que no sea europeo, o amigo de Europa (como el caso de Turquía), y que sea ese Estado el que cargue con las consecuencias de esos conflictos. Chile no está en esa lista, por lo que ya somos un objetivo de recepción de migrantes, sin importar si podemos soportar o no esa carga de personas dramáticamente necesitadas. Carga que no va a terminar, porque, como quedó en evidencia tras la reunión del Consejo Europeo, la idea es atacar “el origen”, poniendo cada vez más problemas a que las personas salgan de los países en conflicto… no a poner un alto a ellos. Atacar la consecuencia, no la causa, menos una tan rentable como son las guerras. O sea, nunca se pondrá fin a las migraciones masivas, o al menos esa no es la intención de Europa.

Una foto de un niño y un buitre en 1993. Es el año 2015 y nada ha cambiado. El buitre europeo esta igual que en ese año, en que financiaba una guerra que provocaba ese grado de desnutrición en miles de niños de Sudán. El buitre, que es Europa, mira cómo la gente muere por sus acciones, por la venta de armas que es la única industria que sostiene al continente europeo, por el robo de recursos porque nunca ha querido pagar lo que valen, y espera a que esas muertes ocurran sin fotógrafos y sin supervivientes, para no tener testigos de sus actos. Eso es lo que quería mostrar Carter, quería que la gente de Europa viera lo que estaba pasando en Sudán, de lo que sus países estaban haciendo en esa tierra. Europa cerró los ojos. Y ahora quiere volver a cerrar los ojos.

TAGS: África Europa OTAN

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