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El abandono del sur de Chicago

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El sur de Chicago es la realidad del sur de cada estado estadounidense. Misma postal, mismo modo operativo: el sistema del capital vulnera constantemente a los más débiles y los extermina. Les arranca el alma, los convierte en asesinos, en drogadictos y los mancilla desde los abuelos a los nietos.

El sur de Chicago es la decadencia, es una gran urbe derrumbándose, calles deterioradas, edificios a punto de desplomarse sobre las cabezas de los inquilinos que, en su mayoría, son afro descencientes y latinoamericanos indocumentados: mexicanos y centroamericanos. Mal pagados, explotados en sus trabajos, estigmatizados y acosados constantemente por la policía.

El sur de Chicago pareciera ser una película de ciencia ficción, de esas futurísticas que muestran el fin de la humanidad. Muy similar al decaimiento de los pueblos fronterizos entre México y Estados Unidos; donde lo único que hay son balas, bares, secuestros y casas o bodegas donde esconden a los migrantes que van hacia Estados Unidos. Aquellas polvaredas que al medio día secan los labios, en tiempo de verano y que en tiempo de invierno son vendavales que congelan la sangre.

El sur de Chicago es la vergüenza de un sistema que olvida y utiliza a los más golpeados de las clases sociales. Del sur de Chicago no hay postales, documentales, películas o reportajes de personajes exitosos, como en el norte. No hay hijos ilustres con estatuas. No hay jardines que parecen campos de fúbtol engramillados y parejos como mesas de billar. No hay portones con control remoto, no hay mansiones con cámaras de seguridad ni calles limpias y pavimentadas, ni parques inmensos donde se puedan recrear los niños olvidados y estigmatizados por el sistema y la sociedad.

Del sur de Chicago solo hay reportes de zonas rojas, de atracos, de muertes entre maras, de adolescentes violentos, de madres solteras, de niñas que se acuestan con cualquiera a cambio de un pastilla quita penas, un cigarro de marihuana, de un toque de cocaína o una inhalada de pegamento. Niñas que son vistas como criminales porque no asisten a la escuela; porque tienen que cuidar a sus hermanos, porque están embarazadas, porque se dedican al trabajo sexual o porque tienen que trabajar de sol a sol para sacar adelante a sus hijos, hermanos o abuelos.

Niños que son catalogados de asesinos porque caminan en las calles sin rumbo alguno, perdidos en la historia del tiempo. Porque tanto golpe recibieron del sistema que se desconocen, no saben quiénes son y son utilizados por las bandas delictivas que dirigen desde el norte donde están “las casitas del barrio alto”. Niños que perdieron toda esperanza de un futuro distinto y después de haber sido utilizados esos mismos que los explotaron los meten a la cárcel, para que no estorben y así continuar reclutando a los niños que van creciendo. Cortando de tajo con la infancia y la adolescencia para que sean adultos mutilados, heridos, paranoicos, vulnerados y adictos.

El sur de Chicago es la realidad del sur de cada estado estadounidense. Misma postal, mismo modo operativo: el sistema del capital vulnera constantemente a los más débiles y los extermina. Les arranca el alma, los convierte en asesinos, en drogadictos y los mancilla desde los abuelos a los nietos.

El sur de Chicago, en tiempo de elecciones se convierte en papa caliente, tema constante en los debates: policía, policía y reprimir, dicen los fascistas, no importa de qué partido sean: ¡son fascistas!

No se habla de escuelas, de parques, de programas recreacionales, de reahiblitación, de hospitales, de derechos laborales, no se habla de dignificación.

Sin embargo, el sur de Chicago como todos los sures del mundo, tiene esa resistencia inquebrantable y esa dignidad de arrabal que hace que el corazón aunque herido de muerte, siga latiendo, bombeando sangre a cada arteria donde hay niños soñando con un futuro distinto. Aunque los edificios donde duermen estén por aplastarlos, las calles por donde caminan estén llenas de agujas de jeringas y preservativos usados. Aunque las escuelas no cuenten con la infraestructura y el material que les brindará mejores herramientras. Aunque los parques sean campos de lodo. Aunque el estigma los acompañe siempre. Aunque los persiga la policía por su color o su origen, porque no hablan inglés o porque no tienen documentos que los acrediten como residentes del país.

El sur de Chicago es la otra verdad de lo que es el capitalismo realmente. Y cada estado del país tiene su sur, son cientos de sures gritandole al mundo la realidad del capitalismo. Y la realidad también, de la resistencia de los marginados pero nunca vencidos.

Audio: Crónicas de una Inquilina

TAGS: #Chicago #Migrantes Género

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