#Internacional

A las cosas por su nombre

1 |
COMPARTIR
EN WHATSAPP
COMPARTIR
EN WHATSAPP

Uno de los mayores obstáculos para el combate de la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres adultas es un vacío conceptual cuya dimensión supera largamente cualquier esfuerzo por desarrollar una sociedad igualitaria. La contraofensiva ante las denuncias de violencia de género se apoyan en argumentos como “los hombres también sufren violencia”, equivalente a colocar bajo un mismo rasero dos realidades opuestas, una de las cuales se sustenta en un poder de la masculinidad establecido a través de los tiempos y perpetuado en las sociedades modernas casi intacto.


La mujer dócil, sumisa y obediente será el prototipo de lo femenino, mientras el hombre fuerte, agresivo y dominante será la contraparte masculina en un modelo supuestamente ideal.

Pero esto hay que ponerlo en términos mucho más sencillos si se desea permear esa resistencia a la aceptación del fenómeno. Lo primero es explicar por qué los hombres no sufren violencia de género. La definición de este tipo de violencia debería ser suficiente para aclarar el concepto, pero mejor es ir al detalle y obtener un panorama más amplio, remitiéndonos a la generación misma del trato diferenciado entre hombres y mujeres. Es decir, el momento mismo desde el cual se marca la escala de valor: la perspectiva del sexo del nonato.

En todas las civilizaciones antiguas y modernas las expectativas ante el nacimiento de un nuevo miembro de la familia tienden a favorecer al género dominante, es decir, el masculino. Durante el proceso de crianza en el núcleo familiar, a los niños varones se les inscribe en un estatus superior de autoridad y privilegios en comparación con sus hermanas, lo cual refleja como un espejo las relaciones de la pareja. El hombre debe ser proveedor, protector e independiente. La mujer debe ser obediente (mandato dado desde la ceremonia nupcial) y dependiente de la autoridad masculina. Su papel limitado a servir y dedicarse a la crianza de sus hijos.

Es ahí, en ese preciso instante, en donde se plasma el modelo de violencia y discriminación que perdurará durante el crecimiento y desarrollo de la personalidad. Es la convicción de superioridad impresa en un género, contrastada con la inferioridad del otro. La mujer dócil, sumisa y obediente será el prototipo de lo femenino, mientras el hombre fuerte, agresivo y dominante será la contraparte masculina en un modelo supuestamente ideal.

Esta manera de marcar roles no solo constituye una limitación evidente en el desarrollo de las niñas; también encierra a los niños en un chaleco de fuerza muchas veces contrario a su natural evolución, transformando a ambos en seres incompletos y frustrados.

La violencia, entonces, termina por ser una forma casi inevitable de expresión inducida por la visión limitada establecida por estereotipos sociales y culturales de cómo deben ser y manifestarse las relaciones entre ambos sexos, así como la manera “correcta” de definir sus características. Entonces, el dominio de un género por sobre el otro se manifiesta sin más límites que los impuestos por la forma de crianza, la educación y el autocontrol. Las leyes, por lo general, han sido tan permisivas ante la violencia de género como la sociedad en la cual se desarrollan estas relaciones.

La única manera de reducir la violencia de género, por lo tanto, reside en un esfuerzo legal y educativo enfocado en este fenómeno cuya dimensión, precisamente por ser connatural a la cultura imperante, pasa inadvertido para la mayoría. La igualdad de derechos es mucho más que una parte del discurso correcto. Es un cambio de mentalidad y un compromiso incondicional de respetarla en todos los aspectos de la vida. Es comprenderla en toda su enorme complejidad.

TAGS: #ViolenciaDeGenero Género

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras  Reglas de Comunidad

Comentarios

Quedan 1500 carácteres.

Ordenar comentarios por:
Ricardo

24 de noviembre

No estoy deacuerdo con tu comentario.
En los juzgados de familia puedes encontrar en estadisticas como las mamas han aumentado demandas por incumplimiento y en fiscalia puedes encontrar un aumento de la agresividad feminina.
Tu impreso es falso.

Ver todos
Ocultar

Nuevo

VER TODO

Nuevo

En los lenguajes de las marchas feministas mostrado por los medios audio-visuales no hay dolor ni lenguaje de inmolación, tampoco hay cuerpos perecederos, más bien un espectáculo carente de la agonía de ...
+VER MÁS
#Política

Las torsiones machistas de la televisión

La eficacia de este nuevo paradigma que privilegia la horizontalidad, la creatividad, la intuición y la innovación se encuentra precisamente en hacernos creer que somos más autónomos, más libres. Allí ...
+VER MÁS
#Trabajo

El significado actual del trabajo: De la vocación a la autoexplotación

Una vez más constamos que tanto el sector privado como el sector público tienden a cometer “errores” para violar la ley, pero teniendo a una Corte Suprema conformada por magistrados íntegros, la ciud ...
+VER MÁS
#Ciudad

Ilegalidades urbanísticas a la orden del día

Un porcentaje mayoritario de mujeres buscan decidir libremente sobre su cuerpo y tener la opción de abortar. Aquí es donde la iglesia falla, ya que al estar basada en ideas intolerantes, arcaicas y propi ...
+VER MÁS
#Religión

¿La iglesia está preparada para los desafíos de nuestra sociedad?

Popular

En total, muchos talagantinos destinan hasta 4 horas diarias arriba de la locomoción colectiva. Intolerable.
+VER MÁS
#Ciudad

¿Cuántos pasajeros caben dentro de una micro rural?

El llamado es a las autoridades, y en especial al gobierno, a crear mecanismos que validen y aseguren el ejercicio de la maternidad, independiente de la funcionalidad y/o condición de cada uno.
+VER MÁS
#Género

Por una maternidad digna

Pedimos que el Parque Intercomunal Padre Hurtado sea administrado por el Parque Metropolitano, ingresando a la red de Parques bajo su protección
+VER MÁS
#Ciudadanía

El Parque Intercomunal en riesgo de perder importantes áreas verdes

En los lenguajes de las marchas feministas mostrado por los medios audio-visuales no hay dolor ni lenguaje de inmolación, tampoco hay cuerpos perecederos, más bien un espectáculo carente de la agonía de ...
+VER MÁS
#Política

Las torsiones machistas de la televisión