Hoy lunes 21 de abril los senadores Jacqueline van Rysselberghe (UDI) y Manuel José Ossandón (RN) se presentarán ante la Corte de Apelaciones de Santiago para dar explicaciones por sus declaraciones, luego que una familia homoparental y el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, Movilh, presentaran un recurso de protección en contra de sus indicaciones al proyecto de ley de identidad de género para impedir a personas transexuales contraer matrimonio.
Frente a esta situación no puedo evitar recordar una película que tuve la suerte de ver durante su estreno en la última edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, BAFICI 2014, llamada “Yo Nena, Yo Princesa”, dirigida por Valeria Paván y María Aramburú. El film muestra a una mujer, una madre, quien relata el proceso que le tocó vivir desde que uno de sus hijos, a los 18 meses (un lactante aún) se definiera como una niña.
En la película vemos a Gabriela sentada sola frente a una cámara, tranquila, a veces emocionada, contando cómo tras 18 meses de haber dado a luz dos varones, uno de ellos, que siempre se mostró inquieto e incómodo, al comenzar a balbucear le dijo “yo nena, yo princesa” y cómo a partir de ese momento siempre se reconoció como una niña. Cómo buscaba muñecas para jugar, cómo sólo se sentía tranquilo cuando se ponía la ropa de su mamá a modo de vestido y cómo a los tres años le dijo, “yo soy una nena, me llamo Luana y no responderé a otro nombre”.
¿Qué hacer frente a una situación así? Buscar ayuda. Pero qué ocurre cuando esa ayuda no sirve, cuando tras seis meses de forzar al niño a comportarse como tal y prohibir cualquier conducta afeminada, el pequeño solo aprende a esconder lo que siente y la manera en que se auto percibe. Y el resultado es un niño aún triste, avergonzado de sus deseos y, en definitiva, infeliz.
Lo interesante de este relato es que nos muestra que, efectivamente, la transexualidad no es una opción ni una desviación, es una condición con que se nace y es la sociedad la que inhibe esa condición. Probablemente este niño tiene un carácter fuerte y mucha voluntad, razón por la que fue capaz de manifestar sus sentimientos desde pequeño, pero son muchos o muchas quienes han permanecido ocultos por años, sin atreverse a develarse en lo que son.
En el caso de Luana, su tenacidad fue tal que se convirtió en el primer caso de cambio de identidad sexual en Argentina. A los seis años fue reconocida oficialmente como mujer y recibió su DNI (similar a nuestra CI) con el nombre por el que ella se reconoce. Esto se pudo hacer gracias a la Ley de Identidad de Género de Argentina, Nº26.746, aprobada el 9 de mayo de 2012; gracias a sus padres, que fueron capaces de anteponer la felicidad y bienestar de su hija antes que cualquier prejuicio o temor al qué dirán; y a que Argentina es un país en donde hay espacio para el debate y la diversidad.
La transexualidad no es una opción ni una desviación, es una condición con que se nace y es la sociedad la que inhibe esa condición.
Creo que así como hay posturas fuertes por el derecho a la vida, no importan cuáles sean las condiciones en que ese bebé viene al mundo, esas posturas deben ampliarse al derecho a una vida digna, feliz y en libertad. De lo contrario, ¿por qué podríamos excluir a un grupo de personas por su condición?
Hoy, dos de nuestros parlamentarios tendrán que defender, no sus creencias, sino su intención de imponerlas. A ellos los invitaría a ver este documental, se conmoverían con el relato de esta madre -que podría ser cualquier mujer- enfrentada a una situación que no entendía, no conocía y no sabía cómo abordar. Una mujer que estaba sola y que tuvo la valentía de optar por la felicidad de sus hijos.
Estimados parlamentarios, los invito a hacer el ejercicio de hablar desde el amor y no desde el temor. A imaginar a sus hijos en alguna situación similar, y a enfrentarse aunque sea hipotéticamente, a la situación de tener un hijo trans. ¿Serían capaces de negarle su felicidad?
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Jacqueline Salas Quiroga
Natacha.
Me ha encantado tu forma de mostrar esta difícil situación a la que se enfrenta un niño o niña transexual y su familia.
Estoy totalmente de acuerdo contigo en que es una condición y no una opción, como tan bien señalas y que nadie tiene derecho a tapar o inhibir el desarrollo de cualquier ser humano tan solo porque muestra algo diferente a los otros.
Y ojala tu opinión, la nuestra y la de muchos/as, haga que los parlamentarios legislen para todos y no para ellos y su cerrado núcleo.
Jacqueline Salas
Mario Pérez
1) el día lunes 21 de abril quienes se presentaron ante la Corte de Apelaciones de Santiago para explicar dichos homofóbicos fueron Víctor Pérez y Jacqueline Van Rysselberghe, en relación a dichos emitidos en febrero pasado. Aquí le dejo los links para que se informe:
– http://www.elmostrador.cl/pais/2014/04/20/van-rysselberghe-y-perez-tendran-que-dar-explicaciones-en-tribunales-por-sus-declaraciones-homofobicas/
– http://www.elmostrador.cl/pais/2014/02/19/movilh-acusa-homofobia-desatada-de-parlamentarios-udi-y-anuncia-acciones-legales/
2) La transexualidad fue considerada hasta 2012 como un trastorno de la identidad sexual, y ahora se considera disforia de género, que requiere tratamiento solo en caso de que la persona que sufra de esto lo solicite. Lea la última declaración en relación a transexualidad que redactó la Asociación de Psiquiatría Americana en la última edición del DSM (Ojo que es una organización pro LGBT).
Pd: la persona que escribió esto es periodista? deja mucho que desear.
Natacha Valenzuela
Hola Mario,
Respecto al punto 1): La columna trata acerca de la discriminación a las personas transgénero (o en su término médico, disforia de género) y efectivamente fueron Manual Ossandon (RN) junto a Jacqueline van Rysselberghe (UDI) quienes presentaron la indicación al proyecto de ley de prohibir que las personas transgénero puedan contraer matrimonio, debate ampliamente difundido a través de variados medios de comunicación.
No obstante, debo conceder que el recurso de protección, efectivamente, no fue interpuesto contra Ossandon sino contra Víctor Pérez (UDI). Gracias por la aclaración.
Arturo Molina
En Estados Unidos hay un programa en que a niños y niñas transgénero se les evalúa y luego acceden a un tratamiento de hormonas. El tratamiento impide que el niño entre en la pubertad, esto para que pueda existir un margen de decisión, donde se evaluará (incluso a voluntad del propio niño o niña) si siguen a la otra fase, el tratamiento final donde se incluye una serie de inyecciones que dejaría a el o la joven estéril, pero sin rastro físico de un género no deseado. En el link abajo se toca este tema, que es bastante controversial. No es solo llegar y dejar que el niño o niña actúe como si fuera del género opuesto, la noción transgénero es que sea físicamente como ella o él sienta, pero a costa de lo anterior, infertilidad. Decisión que, para la edad en que se realiza, es compleja.
cindy-iriarte
muy de acuerdo