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Matrimonio “igualitario”: endodiscriminación y relaciones de clase

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¿Qué concepto de diversidad posee la diversidad sexual? Claramente un concepto cognitiva, comunitaria y representacionalmente limitado, nimio, escueto, débil, insuficiente, nefasto entre otros apelativos. Nos olvidamos de la diversidad socioeconómica que nos toca como hijos de una dependencia económica histórica y estructural.

Si bien la diversidad LGBT es un terreno fértil para desmenuzar diferencias, disidencias, entre otras dinámicas, en esta oportunidad se realizará una crítica a esa pequeña, pero poderosa porción LGBT, que se apodera del discurso masivo, legítimo. Es la que posee la exclusividad de acceso a plataformas de denuncia, difusión de sus discursos y demandas, así como la construcción de representaciones sociales que realizan sobre las cosas y que se masifican, pareciendo que fueran verdad y mayoritarias. La denominada clase hegemónica gay.

Existe una contradicción importante, densa, incluso cínica en la cultura LGBT. Se quiere unificar todo un bloque escandalosamente diferente en función de demandas enigmáticas como el AVP, matrimonio igualitario y otras parecidas. Los voceros, militantes y seguidores invierten en homogeneizar una masa excluida para articular, o presentar más bien una porción importante de la población (2 millones de familias) que requiere la reivindicación de, en términos livianos y específicos, derechos civiles.

Sin embargo, estos mismos actores (la porción LGBT en cuestión) han ido construyendo desde plataformas de difusión y sociabilización una nuevo y peligroso refuerzo de un constructo cultural, que ya ha sido distorsionado en función de políticas públicas de corte neoliberal. La construcción social de la pobreza, ha transitado desde el humor disidente hasta la elaboración de una compleja estructura de segregación y endodiscriminación a partir de una nueva construcción del concepto.

Esta nueva forma de construcción y representación de la pobreza por parte del conglomerado LGBT, ha sido una radicalización de lo entendido por pobre: lo que no es lujo, ni frívolo, ni VIP cae inmediatamente en la categoría de pobreza, por lo tanto, su portador se define desde afuera (como siempre) como pobre. Es conocido que la pobreza como representación de carencias es una construcción institucional. En el caso chileno se ha distorsionado hasta colocar la línea de la pobreza en algo así como 60 y tantos mil pesos en el contexto urbano. La diferencia es que estos patrones se hacen con pretensión estadística, con intenciones de verdad y con un velo de preocupación estatal por su superación, medición, control y en tiempos idos, en su desaparición.

Por el contrario, la construcción radical de la pobreza en el contexto LGBT se realiza sobre la base de la parodia y la segregación. Ese bloque viscoso y falso que marcha por matrimonio igualitario y pescás similares segrega enorme y radicalmente en los términos ya definidos: si no tienes iPhone eres pobre, si andas en micro también lo eres, si no te vistes de punta en blanco estás bajo la línea de la pobreza, y así sucesivamente, diseminándose los espacios no sólo a lo material, sino a lo interaccional, en la entretención, etc.

No tener iPhone, andar en micro, no vestirse estupendamente, no es signo de pobreza, salir de la disco y esperar que pase la micro tampoco lo es, pero esta diversidad sexual que quiere matrimonio para todxs ha construido un malvado concepto de la pobreza, manteniendo intacta e incuestionable la dimensión de la riqueza, que paradójicamente es la que debe cuestionarse.

Si nos instalamos en el contexto de matrimonio “igualitario”, ¿hasta dónde llegarán los efectos de este igualitarismo? La visión liberal de la política de las desigualdades, en el contexto de la diversidad sexual, pareciera solucionar la búsqueda de la igualdad y la justicia. La posibilidad de casarse será un refuerzo de esta matriz capitalista/patriarcal, que domestica los vínculos con los que se han relacionado hombres y mujeres, sin solucionarse la falta de igualdad que permanece en términos de clases sociales.

Si se llegan a concretar matrimonios “igualitarios”, ¿cuántos matrimonios pobres habrá? ¿Cuánto endeudamiento? ¿Cuánta imposibilidad para acceder a bienes y servicios? Pareciera ser que la protección legal inter-pares fuera suficiente para lograr el derecho a la igualdad, como si los matrimonios heterosexuales, por el hecho de casarse, dejaran de ser pobres y marginados.

Es así que presento la siguiente pregunta: ¿qué concepto de diversidad posee la diversidad sexual? Claramente un concepto cognitiva, comunitaria y representacionalmente limitado, nimio, escueto, débil, insuficiente, nefasto entre otros apelativos. Nos olvidamos de la diversidad socioeconómica que nos toca como hijos de una dependencia económica histórica y estructural. Debemos asumir esta diversidad inconveniente, que atraviesa lo económico, y así volver un poco más coherente esta insuficiente y puntual forma de conglomerar en función de derechos civiles.

Recuerden todxs que los derechos civiles tienen que ver con una educación pública, un respaldo civil de parejas diversas, la plurinacionalidad, la posibilidad de estatizar los recursos naturales, entre otras demandas. Así seremos capaces de no cometer el absurdo de endodiscriminar por cuestiones económicas, mientras nos juntamos para pedir derechos civiles tan importantes.

Una visión amplia del ser humano que no se limite a la diferencia sexual heteronormalizada hombre/mujer, homo/hetero, parte por reconocer las diferencias sociales, económicas y culturales. En la medida que nos pisamos la cola con alguno de estos tópicos, nos convertimos en quimeras societales que buscan derechos de un tipo pero que vulneran otros de sus mismos convocados y convocadas.

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Foto: Movilh Chile / Licencia CC

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