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Maternidad asistida y persecución gubernamental

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Sophia y los innumerables abusos con los que tuvo que convivir, hasta ser brutalmente asesinada.

El autor de este horrendo hecho, su padre, actualmente detenido y a la espera de su condena.
La sociedad civil y autoridades alarmadas por lo acontecido, muchos en pie firme clamando justicia y rectificar la pena de muerte, feministas y organizaciones varias, alzando su voz. Enjuiciando además, a esta “madre desnaturalizada”, que no defendió a la pequeña. Chile, reaccionario, alarmados, conmocionados con un luto transversal, donde todos (me incluyó), nos cuestionamos ¿cómo se puede llegar a tal nivel de violencia?


En contraste al discurso de protección, derechos reproductivos de las mujeres en situación de discapacidad y enfoque de género, estamos quienes dependemos totalmente de otros para realizar una vida independiente, pero entes gubernamentales como el Servicio de Salud Maule, Servicio Nacional de la Discapacidad y Servicio de la Mujer nos margina.

En un paralelo, estamos las madres en situación de discapacidad, con nuestros hijos, en una lucha constante por demostrar que si estamos “aptas” para hacernos cargo de la crianza de nuestros pequeños, pero el sistema es implacable frente a la maternidad en condición de diversidad, con seguimientos periódicos para corroborar en terreno, que no estamos violentando, vulnerando ni cometiendo abusos, con una inversión de recursos (para mí, es un gasto innecesario). Se preguntarán ¿Por qué un gasto, si se trata de un seguimiento para proteger a una menor?

Para mí, la única respuesta lógica es, lo considero un gasto, porque mi hija, si bien, tiene una madre en situación de discapacidad severa, que requiere de apoyo de terceros para sus cuidados, pero daría hasta su vida por ella, una madre que revive cada mañana cuando ella despierta con sus sonrisas y regaloneos, una madre, que pese a ser la mujer más imperfecta, da lo mejor de su ser por estar en cada proceso de crecimiento, logros y fracasos de su beba.

Sin embargo, las miradas están puestas en mí, y se me flagela a la incertidumbre de que la permanencia de mi hija junto a mí, o la entrega los apoyos para su cuidado dependa de una evaluación cada año, independiente de lo primordial que resulta que un niño/a permanezca junto a su familia ¡Eso no cuenta!

Mi hija, en la categoría de niños en riesgo social, por traducir mi condición en un factor de vulnerabilidad para ella, según un equipo “profesional multidisciplinario” porque así lo decidió, por lo tanto les da el derecho de dirigir las directrices de nuestras vidas como quien manipula un títere, sin tener la menor idea del diario vivir de la maternidad en la discapacidad. Para mí, un flagelo cotidiano, para otros una realidad ajena e invisibilizada.

Aledaño a esta realidad, encontramos el caso de Sophia, una bebé en evidente riesgo y vulnerabilidad de todos sus cuidados afectivos y de salud, sin ningún tipo de seguimiento.
En resumidas cuentas, el constructo social de la discapacidad es quien determina la maternidad, permite la persecución y válida todo tipo de exclusión, a tal punto de denigrarte como ser humano y madre. Es así, como el Estado nos acecha, y nuestros hijos terminan en el Servicio Nacional de Menores o en manos de terceros, sin importar destruir una familia. Así se protegen en Chile los derechos de la infancia y de las mujeres en situación de discapacidad, a vista y paciencia de todos.

En contraste al discurso de protección, derechos reproductivos de las mujeres en situación de discapacidad y enfoque de género, estamos quienes dependemos totalmente de otros para realizar una vida independiente, pero entes gubernamentales como el Servicio de Salud Maule, Servicio Nacional de la Discapacidad y Servicio de la Mujer nos margina.

Soy Trabajadora Social, dependiente severa de ventilación mecánica, madre de una hermosa prematura de 30 semanas de gestación, único caso en Chile y el mundo, quien pese a todas las opiniones y los nulos apoyos legislativos en la Constitución chilena, sobre apoyos a madres en condición de discapacidad severa, decidí que mi hija naciera, y luche porque así fuera, ante esto expuse mi situación al gobierno de turno (2016), y planteando la necesidad de contar con los servicios de apoyo para hacerme cargo de mi hija. Busqué apoyo internacional por una serie de amenazas de quitarme a la bebé una vez nacida, argumentando que no podría cuidarla por mi misma y prejuicios que partieron desde el Hospital de Talca, y Servicio de Salud Maule, ya que según ellos yo era prepotente, porque mi embarazo era inviable desde lo médico y exigía que se “gastarán recursos” en mí (dichos textuales). Realicé la denuncia pertinente ante el Servicio de Salud Maule, a lo cual se hicieron los desentendidos, por lo que se hizo llegar mi caso a la Organización de las Naciones Unidas, donde se le solicita a Chile destinar los recursos para el apoyo requerido (el apoyo consiste en asistirme en mi rol de madre los siete días a la semana las 24 horas).
Desde ahí parte la persecución del Servicio de Salud Maule, el Hospital de Parral, y el Servicio Nacional de la Discapacidad.

El gobierno debió contratar técnicos en enfermería para el cuidado de mi hija y mío, con el objetivo de permanecer juntas, por 3 años, y después de ello, realizar una evaluación y decidir si continúa el apoyo, independiente de mi situación y teniendo claramente conocimiento de mi condición de discapacidad severa.

Producto de esto, y una depresión post parto por lo traumático del contexto del proceso de embarazo, tuve un quiebre matrimonial, que pese a innumerables intentos de permanecer en familia, no lo logramos, por lo que hace un año hicimos cese de convivencia.

Evidentemente de forma arbitraria el gobierno busca por todos los medios reducir “el gasto” en la contratación de asistencia personal, lo que finalizó hoy, dándome la noticia que desde marzo tendré técnicos en enfermería solo en el día, y los fines de semana, lo que tiene como consecuencia no tener quien se haga cargo de los cuidados de mi hija.

Ahora uno de mis mayores temores es, que me separen de su lado, o mi esposo exija su custodia, y todo por tener discapacidad, y no poder cuidar de ella, sin embargo, el Sernam y otros, siguen dando el discurso de los derechos reproductivos, igualdad de género, inclusión y un sin fin de mentiras más, olvidando a mujeres como yo.

TAGS: #Sename #SERNAM #Vulnerabilidad Discapacidad Discriminación

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12 de febrero

Compañera, yo tuve que entregar la custodia de mis hijos a familiares…ahora me reclaman por no estar…¿Y cuando quise?
Preguntemos a la legislación Chilena, legislación que permite que en Puerto Aysén poner a asistentes sociales, matronas y hogares a la caza de hijos de madres con discapacidad mental para que después los padres adoptivos donen 8 millones por adoptar al hijo o hija de una mujer con discapacidad…
Así vamos con el tratado de discapacidad y derechos humanos firmado desde el 2008.
¿Y sabes? lo único que nos queda al final del día en tu caso y de las visitas en el mio es la sonrisa de tus hijos, de esos que el sistema te quiere arrebatar.
Bien lo dijo Juan Carlos Cea en su minuto:” A las cuerdas se les obliga a ser madres por que no existe el aborto libre, seguro y gratuito.
A las locas (Y aplicable a tu caso tambien) se les niega el derecho a ser madres por que la ideología médica sostiene que no pueden decidir por si mismas que es lo mejor para sus vidas.
Ni las cuerdas ni las locas pueden decidir en su cuerpo sólo por ser mujeres…¡ESO SI QUE ES UNA LOCURA!”
Ahí te lo dejo compita.

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