#Género

La hipocresía de un país frente al aborto inducido

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En nuestra sociedad hacer referencia al aborto inducido suscita una serie de reacciones en contra, que responden más a una moralidad ciega que a un deseo de tratar una problemática que necesita con urgencia una solución. Muchos son los argumentos “pro-vida” que salen a relucir en defensa de ese ser que no puede defenderse,  los que van desde organizaciones civiles, grupos religiosos hasta partidos políticos. Ante el poder que tienen estas voces en el escenario social, es sumamente complejo poner la discusión en términos de decisión y autonomía de la mujer sobre su cuerpo, pues el debate se pone en función  del que está por nacer y sus derechos. En este sentido, opera el binomio vida/muerte, convirtiendo a quien se practica un aborto en una "criminal" o "asesina".

En lo que puede considerarse un leve avance en la materia, se ha discutido sobre el aborto terapéutico, que permitiría interrumpir embarazos inviables que presenten riesgos para la vida de mujer. Lo anterior nos acerca al aborto de una manera menos violenta -pero no menos polémica-  ya que siempre queda la pregunta de cuáles serían los límites de lo terapéutico.

En medio de este entramado de discursos, Chile se configura como uno de los pocos países en el mundo que aún prohíbe el aborto en su totalidad. Sin embargo, aunque el código sanitario estipule esta disposición y que el código penal se encargue de sancionarla, lejos de erradicar la práctica, ha construido un nuevo y sórdido escenario…

Es lamentable que existan actores sociales, especialmente del ámbito político,  que  se nieguen a ver la realidad que acontece: que el hecho de que el aborto inducido esté prohibido por ley, no significa que no se ejecute: es un hecho que  en nuestro país miles de mujeres abortan ilegalmente sin pedir autorización a ninguna figura política ni tampoco eclesiástica. Ejemplo de ello nos lo dan las cifras que se manejan sobre esta práctica, las que no dejan de sorprender (aún cuando corresponden a estimaciones* pues la ilegalidad de la práctica impide que se puedan obtener números reales) fluctuando entre 60.000 y 200.000 abortos anuales.

Lo mencionado anteriormente solo representa números, sin considerar las realidades disímiles en las que el aborto inducido es practicado, las que varían según los recursos económicos de la afectada. De esta forma el aborto se transforma en un “Dime cuánto dinero tienes y te diré qué tipo de aborto puedes realizarte”, pues habrá mujeres que  los realizan en clínicas, con el médico de confianza, con discreción y medidas sanitarias, como una operación cualquiera, otras con la “matrona” que conoce otra mujer que abortó, que es más barata, pero representa  riesgos. Muchas otras, en su desesperación y falta de recursos, buscan esa pastilla en internet **, que es mucho más económica que un aborto “tradicional” y que no requiere del pago a un tercero, realizándose la intervención en la casa propia o de alguna persona de confianza. Como sea, una mujer que piense en el embarazo como un problema, buscará la manera de interrumpirlo, más allá de su prohibición.

Hay personas que piensan que la despenalización del aborto aumentará el número de mujeres que llevará a cabo esta práctica. Sin embargo, después de conocer cifras, estudios y testimonios, todo apunta a que lo que se conseguirá será la democratización del acceso a una intervención segura para todas quienes lo soliciten, sin los riesgos que representa un aborto realizado por alguien que no es profesional en condiciones altamente precarias. Por otra parte, se podría realizar consejerías y brindar apoyo sicológico a las mujeres que consideren esta opción, ayudándolas aminorar el impacto de la intervención sobre sus cuerpos, tratando los sentimientos de culpa y también propiciando espacios para la apertura de la experiencia vivida, compartiéndola con otras mujeres sin la carga del delito. Debemos entender que el castigo no hace desaparecer el acto, que encarcelar a una mujer por abortar no es la solución, pues quienes tienen mayor riesgo de ser descubiertas son las mujeres de más bajos recursos, mientras que en clínicas privadas se seguirán realizando abortos en total impunidad.

Soslayar o ensombrecer el aborto nos aleja de una solución a este tema y no solo eso, también nos hace una sociedad hipócrita, pues muchos de nosotros sabemos que el aborto inducido es una realidad. Algunos, en un acto moral, prefieren condenarlo sin siquiera saber las razones que pueden llevar a las mujeres a abortar, mientras otros buscan situar el debate en el escenario de la clase y el género, espacio en el que se busca la igualdad de oportunidades y el respeto por la autonomía del cuerpo femenino, despojándolo de sus cargas socioculturales.

*  Estas cifras son entregadas por dos fuentes: Serventy-Gleeson, Molly, “Mujeres en las sombras. Un estudio sobre aborto en Chile” y el ICMER.

** Nos referimos al Misotrol o Misoprotol, pastillas que producen contracciones en el útero que logran eliminar el feto y cuyo valor es menor a los $50.000.

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24 de Noviembre

No creo que una ley de aborto deba contemplar recursos para apoyo psicológico, lo de la culpa es la herencia cristiana y moralista y sólo te cae cuando la sociedad te la pone encima, en un país donde el aborto es legal y vas al médico o matrona te preguntan, continúa o interrumpe el embarazo?? con absoluta normalidad y sin prejuicios. Los recursos debieran orientarse a educación y sexualidad, a la formación de una cultura respetuosa de los derechos y las decisiones de las mujeres y los seres humanos en general. Cuando una mujer aborta sin sentir el peso del juicio social, duerme perfectamente tranquila y sin traumas. E el fondo todo depende de las ideas que cada una tiene sobre lo que es o no vida y otras cosas. Si alguien piensa que la vida empieza en la concepción, esa persona no debe abortar porque no es una opción dentro de su lógica, pero si alguien piensa que la vida comienza en otro momento y aborta, lo hará sintiendo que es lo correcto y que es su derecho.

08 de Diciembre

El punto, para evitar cualquier conflicto valórico respecto al aborto, debería centrarse en las medidas anticonceptivas en sus distintos formatos entregados a través del sistema público de salud; pero, irónicamente, ese nivel está también condicionado por conflictos valóricos en niveles políticos, es decir, las municipalidades y las respectivas autoridades sanitarias.

Bernardo Oscar Acuña

11 de Febrero

Si, esa hipocresía, que lo curioso no es de las clases medias bajas, marginadas, que son a quienes no les llegan los derechos humanos, derecho a la dignidad, derecho a decidir.A dejar de ser ignorantes y sometidos al poder de gobernantes fácticos sometidos y esclavos de la iglesia y su propia irresponsabilidad política y conciencia. La hipocresía de quienes no toleran que pierdan el poder y el control sobre las clases sociales nombradas al inicio. Además prefieren ignorar la realidad de los abortos clandestinos, porque esa situación la tienen cubierta con seguridad e impunidad. Ellos “controlan” su descendencia, pero no quieren que el pueblo pueda hacerlo, porque serían más libres, más preparados, menos ignorantes, conocerían sus derechos, y dejarían de ser pobres,engañados y sumisos. Perderían el poder del demagogia.
Hipócritas, porque tampoco ignoran que por los programas de educación en salud sexual y reproductiva, que van en aumento por países que los ponen en práctica, (últimos: Etiopía,Nepal, Sur Africa,Colombia,Méjico),han de descendido los abortos de 50.000.000 al año a 42.000.000, las muertes por abortos de 67.000 a 42.000 al año, y los abortos clandestinos inseguros de riesgo, causantes de las muertes maternas de 30.000.000 a 21.600.000. Los ANTI-ELECCIÓN NO LO IGNORAN. Todo esto LA MUJER NO SE LOS DEBE a los hIpócritas ANTI-ELECCION. Son derechos inherentes que van siendo reconocidos y recibidos. Son derechos para decidir, por su propia elección y no de obligación.

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