#Género

Acoso callejero: silencio culpable y silencio cómplice

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Debemos haber tenido unos 15 años. Quizás 16. Habíamos salido temprano por algún acto del colegio y, como solíamos hacer, nos fuimos a la feria artesanal para mirar los puestitos con las mismas chucherías de siempre: cueros para usar como pulseras o en el cuello, pañuelos, aros baratos, posters o chapitas del grupo de moda. No nos dimos cuenta cómo pasó, lo supimos después, cuando llegaron a contarnos: un tipo le había agarrado el poto a una compañera.

No podemos dejar que nuestras escolares se sientan culpables al ser acosadas y no debemos callar ante un acosador. Que lo que le pasó a mi compañera y a tantas niñas y mujeres no se repita. Partamos educando.

Al día siguiente, el rumor ya se había expandido por todo el colegio: en la feria artesanal habían manoseado a una compañera. La chica era amiga mía, así que me preocupé y fui a hablar con ella. Hablar es un decir, ella sólo podía llorar al recordar el incidente que la dejó paralizada, vulnerable en su traje de colegiala, como una niña a pesar de que ya nos creíamos adultas.

La chica lloraba con hipo, lloraba con el alma, con pena y con rabia, porque seguramente no supo qué hacer frente a la brutalidad de la acción. El grupo más cercano la consolábamos y las otras, las que no eran sus amigas o le tenían mala, comentaban que cómo se le ocurría andar con ese jumper tan corto. Aunque no lo dijeran abiertamente, pensaban que, en el fondo, era su culpa.

Recuerdo que ya en esa época me dio rabia y tuve la sensación de que algo no estaba bien, de que era injusto que un imbécil se sintiera con el derecho de manosear a una colegiala sólo porque podía.

Hoy, viéndolo con la perspectiva del tiempo y de lo que ahora sé sobre el acoso sexual callejero, hay un punto en especial que me llama la atención: la actitud de los y las profesoras de mi colegio. Ninguno se acercó a mi compañera, y si lo hizo sólo fue para consolarla, mas no para empoderarla. Nadie nos habló de acoso. Nadie nos enseñó cómo teníamos que reaccionar. Nadie nos dijo que no era nuestra culpa. Lo tomaron como un caso más, algo que a veces sucedía y que, como la lluvia, no se podía hacer nada por evitarlo, sólo esperar que pasara.

Y pienso en la reacción de mis profesores y profesoras, y me da rabia. Me da rabia que no hayan sido capaces de ver más allá del acto mismo, de no prestar ayuda de verdad creando consciencia sobre lo terrible del acoso callejero, diciéndonos que no estábamos solas, que nos teníamos (y nos tenemos) las unas a las otras para cuidarnos y para apoyarnos. Porque, quizás, uno de los mayores problemas que tenemos al enfrentar el acoso es que es un tema del que no se habla, por miedo, por vergüenza o, peor, porque lo hemos naturalizado. Porque creemos que, como la lluvia, no va a cambiar.

El problema es que nosotras a los 15 años podíamos equivocarnos, pero nuestros profesores tendrían que haber hecho algo. Las escolares son uno de los grupos más vulnerables al acoso sexual callejero y, sin embargo, muchos colegios insisten en ignorar esta problemática, dejando a las personas que lo sufren en una situación de gran soledad, vergüenza y dolor.

Es fundamental que los educadores y educadoras sean un agente activo en la erradicación de este tipo de violencia de género, educando para que sus alumnos no se conviertan en potenciales acosadores y conteniendo de manera apropiada a aquellos estudiantes que lo han sufrido.

Uno de los primeros pasos para terminar con el acoso sexual callejero es desnaturalizándolo y terminando con el círculo de silencios. Porque aquí hay dos tipos de silencio: el silencio culpable y el silencio cómplice. No podemos dejar que nuestras escolares se sientan culpables al ser acosadas y no debemos callar ante un acosador. Que lo que le pasó a mi compañera y a tantas niñas y mujeres no se repita. Partamos educando.

Columna escrita por Myriam Aravena.

Imagen: publimetro.pe

TAGS: Acoso Callejero

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Comentarios

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nicol

15 de octubre

excelente , a mi hermana y ella apenas tenia 10 años! una ñiña!

nicol

15 de octubre

se me corto la frase jajaja : excelente columna , mi hermana tenia 10 años cuando le paso lo mismo, una niña!

mary quijada coloma

17 de octubre

Interesante artículo sobre el acoso callejero, lamentablemente la violencia verbal, sexual entre otras está naturalizada por tanto es un hecho más de la causa. Efectivamente es importante empoderar a nuestras hijas, sobrinas, nietas, alumnas entre otras para que no se sientan culpables primeros y para que reaccionen ya sea enfrentando o por último pinchándo con un alfiler al que se pase de listo. Debemos dejar de creer que sólo somos un objeto para que loos otros lo entiendan , es muy necesario promover las sororidad entre mujeres a fin de que podamos ponernos en el lugar de las otras y seamos capaces de acoger pero también de empoderar(nos).

saludos

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