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Villegas y los semáforos

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creo que estamos de acuerdo en que para ingresar a la universidad se debe seleccionar, no obstante, decir que la equidad no debiera tener lugar es un despropósito en sí mismo. En efecto, es afirmar que los que tienen el privilegio de haber nacido en hogares con un nivel socioeconómico y cultural más aventajado, que le permitió pagar una escuela con niños de similares características “saben más”, tienen “mayores capacidades intelectuales” y por tanto deben ser quienes entren a la universidad.

Fernando Villegas me inspiró. Luego de que con su estilo irreverente, adornado anoche de ignorancia sobre el tema de conversación, cuestionara el ranking de notas. Comenzó diciendo que “le parece de una concepción equivocada” toda vez que la equidad, al parecer de él, no debiera tener lugar en la educación superior. Agrega que, cuando se habla de seleccionar, se trata de “separar la paja del trigo” y al entrar a la universidad se debe seleccionar “capacidades intelectuales” de manera que el país ni los jóvenes pierdan tiempo, “tratando de sacarle trote a un caballo que no tiene patas”.

En su segunda argumentación indica que, el axioma de que los mejores alumnos de cada escuela demuestran un esfuerzo que es necesario destacar le parece equivocado, dado que un estudiante al cual probablemente le “regalaron las notas o era menos flojo que el resto” sea comparable con uno que estuvo en el Instituto Nacional (ambos primeros en su curso) y que sin dudas tuvo que hacer un esfuerzo para conseguirlo, tuvo que competir además con “muchachos habilosos”, para luego ponerlos en un mismo nivel le parece falto de lógica, dado que claramente el segundo sabe más que el primero.

Vamos por parte, creo que estamos de acuerdo en que para ingresar a la universidad se debe seleccionar, no obstante, decir que la equidad no debiera tener lugar es un despropósito en sí mismo. En efecto, es afirmar que los que tienen el privilegio de haber nacido en hogares con un nivel socioeconómico y cultural más aventajado, que le permitió pagar una escuela con niños de similares características “saben más”, tienen “mayores capacidades intelectuales” y por tanto deben ser quienes entren a la universidad. Al que le toco otra realidad, no puede acceder simplemente, tiene echada su suerte desde el nacimiento y no se pueden gastar recursos tratando de “sacarle trote a este caballo”. Esto inevitablemente me lleva a recordar los semáforos de Joaquín Lavín, que comparaba escuelas de características completamente distintas y le ponía luz verde, amarilla y roja sin consideración alguna más que el puntaje Simce. Dado que al señor Villegas le gusta hablar de axiomas, uno básico es que si vas a comparar hay que hacerlo en igualdad de condiciones.

Respecto a la segunda argumentación, se base nuevamente en la misma lógica de los semáforos, matizado porque reconoce que las condiciones son distintas (diferentes exigencias en las escuelas, diferentes aprendizajes y lógicamente diferentes resultados), pero omite las realidades y el origen de por qué cada estudiante está en una y otra escuela, lo cual hace que sus resultados no sean comparables directamente. Es precisamente esto, lo que el ranking trata de corregir en algún grado, que estudiantes que destacan dentro de su realidad puedan tener mayores opciones de acceder a la educación superior, es decir, trata de hacer un poco más comparables los resultados de cada estudiante en la PSU. ¿Cómo lo hace? Compara a los estudiantes de cada escuela con sus propios compañeros y de generaciones anteriores y ve quienes destacan en ese contexto, que es similar dado lo segregado de nuestro sistema educativo, y los bonifica con un mayor puntaje. Acá se explicita otro problema en la argumentación del señor Villegas, no compara al mejor estudiante del Instituto Nacional con el primero de otra escuela, sino que la comparación es interna, relativa al contexto de cada estudiante.

Por supuesto que este mecanismo no está diseñado para resolver todos los problemas de base de la educación chilena, sino que solo se utiliza para corregir, en parte, las desventajas que presentan estudiantes que asisten a escuelas de un contexto más vulnerable. Por lo mismo, también es incorrecto esperar que ingresen un mayor porcentaje de estudiantes de escuelas municipales a la educación superior. El análisis más bien debe encaminarse a cómo se compone ese porcentaje y a qué universidad o carrera habrían ingresado sin el ranking de notas.

Por último, es pertinente recordarle al señor Villegas, que si va a entrevistar a una persona sobre un tema cualquiera, lo mínimo es informarse previamente en qué consiste, de manera que el diálogo fluya, aporte a los televidentes y cumpla con informar. Un axioma básico, ¿no creen?

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Foto: Wikimedia Commons

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Comentarios

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21 de Enero

Vamos por un punto inicial. La crisis existencial en cuanto al método de selección universitaria actual tiene una base que este articulo refleja correctamente: El problema es que estamos comparando peras con manzanas (a los tecnócratas les gusta tanto hablar del tema del objetivo), estamos evaluando igual un departamento de marketing con una moledora de carne. El contexto socio-cultural ya determina opciones, si bien el objetivo es el mismo (llegar a la enseñanza superior) el imaginario sobre este es absolutamente diferente. Urge repensar que tal vez el puntaje debe acompañarse de un modelo cualitativo (como en EEUU y los ensayos-entrevistas), donde la variable de la diferencia sea analizada y considerada también como potencial. Después de todo, si las universidades no pueden asegurar una educación primaria de calidad, al menos considerarían dejar la competitividad de lado y volver a su rol primogenio: Educar y desarrollar personas.

Hablemos de Villegas?

Se acuerdan esos años mozos en que hacía comerciales sobre paracetamoles? Todos lo encontrabamos simpático, cool, rupturista y hasta un poco guapo. Que pasó? Simple. Con la crisis de la democracia nos fuimos dando cuenta que esos heroes en los medios tal vez no decían a ciencias ciertas lo que realmente pensábamos. Habló mal de los gays, sus libros eran best sellers (lo que incomodaba a los anti mainstream), y poco a poco fue armando una coraza caricaturezca que mezclaba el intelectual antiguo de temeas no contigentes en un constante desvario sobre los origenes ancestrales de los problemas. Ya no fue guapo, no fue cool y solo amigo de unos pocos.

Lo cierto es que a fin de cuentas Villegas siempre fue igual. Nosotros cambiamos. Queriamos más. Queriamos estar ahí y no ser representados. Lamentablemente la tele nos juega una mala pasada otra vez y nos calma el hambre con cabros “de la nueva generación” ad hoc como Mayol (terrateniente de los lugares comunes). Todo esto es cíclico, sobre todo cuando hablamos de medios y sus fast thinkers.

Tal vez queda de manifiesto escribir menos de ellos y más sobre el “nosotros”.

22 de Enero

Una vez un colega (profesor) me comentaba : “¿Te das cuenta como TODOS opinan de educación? ¿Tu te imaginas dando cátedra de como se construye un puente? ¿O diciéndole a un médico como debe hacer su pega? ¿O dando consejos a los especialistas acerca de Transgénicos? Pero cuando se trata de educación…todos opinan, todos son expertos, todos tienen una receta”. Eso primero, solo una reflexión.

Ahora, vi el capítulo de #T0 en donde se trató el tema del ranking, y sabes? Habiendo estado en una sala de clases miles de veces te puedo comentar que quien, según mi parecer, más razón tenía en esa mesa era Villegas.

No me alargaré. La PSU es un instrumento mejorable, claro que si. Pero te mide una realidad. No nos gustará, nos erizará los pelos, nos dará pena, lo que quieras, pero mide una realidad: quien trae y quien no los conocimientos MÍNIMOS para enfrentar una enseñanza superior. No es culpa del instrumento los cesgos por procedencia socioeconómica que acarrea el sistema. La idea del ranking es un parche. No se si tu sabes cuanto cuesta tener un promedio 6.5 en un colegio Particular Subvencionado de $30 mil pesos. Yo te lo voy a decir: NADA: No cuesta NADA. Un joven con el mínimo esfuerzo lo obtiene. Y por eso luego da la PSU y se encuentra con 450 pts o 500 pts en la PSU, porque con aquel mínimo esfuerzo le bastaba y nunca explotó sus capacidades (del que terminó con promedio 5.0 ni hablar, ese con suerte sabe leer).

Villegas lo dijo muy claro: “Si alguien tiene promedio 6.0 pero saca 400 pts en la PSU… ¿por algo será , no?”

La idea del ranking puede ser un parche positivo. Ya, ok. Súbanle un poco el puntaje a alumnos que sacaron 500 pts en la PSU pero promedio 6.5. Pero de ahí a que una carrera considere un 40% de ponderación de ranking en desmedro de las pruebas de Matemática, Lenguaje o Ciencias me parece un despropósito. Nivelamos hacia abajo en lugar de atacar el problema donde corresponde.

Saludos
Esteban

22 de Enero

Absolutamente acertado Maximo, lo que esta haciendo el CRUCH es lo correcto para corregir lo incorrecto.
Esto no debiera ser necesario, pero la desigualdad de oportunidades que se esconde tras la tan manoseada “libertad de educación”, que no es tal, sino mas bien la herramienta de segregación por excelencia, que fuera desarrollada hasta el limite máximo por el gobierno que impuso la “economía social de mercado” en Chile y a lo cual NADIE le ha puesto freno hasta que los estudiantes se hicieron cargo.
El gobierno actual critica la medida del CRUCH y defiende el fracaso en que nos encontramos en materia de educación, como si fuera un logro. El gobierno, me da la impresión que critica porque no tuvo la inteligencia ni la disposición para hacer algo como lo que hizo el CRUCH.
Esta medida para igualar oportunidades es adecuada, pero en el contexto de la pésima educación básica y media que pone a disposición de los no ricos el estado de Chile, no seria necesaria si las oportunidades no dependieran de Papa, que puede pagar.

22 de Enero

Villegas saca a relucir su fascismo simplemente, apelando a esa ley natural que tanto le gusta a la derecha chilena y que los posiciona como los únicos merecedores de las riquezas del país. El resto son flojos y les debiera bastar con el chorreo de nuestro estado subsidiario. En una de esas sacamos una ley como la de fármacos y hacemos clases en supermercados y almacenes. O mejor aún, podríamos inventar una tarjeta de prepago y acumular puntos para la U… José Piñera debe tener tantas ideas al respecto.

Respecto al comentario de Esteban, creo que en relación a los conocimientos tiene razón. Un estudiante de escula rural que por esas cosas del destino logra entrar a la U estará a años luz en cuanto a conocimientos de uno que salió de un colegio privado ultra caro. Esa realidad existe, no sacamos nada con negarla. Pero la política del ranking busca, con sus palos de ciego, combatir esa realidad estableciendo otra hipótesis: los conocimientos se pueden adquirir, pero la motivación de ser el mejor es algo que la PSU no puede medir.

Por lo demás, ¿necesitamos solo conocimientos? ¿o también queremos que sepan y quieran aprender? Quizás un buen propedeutico sea todo lo que necesitamos para nivelar las desigualdades de la cuna. Yo conozco a más de un 700 puntos que eligió su carrera porque tenía el puntaje y porque quería agradar a sus papás, no porque le interesara realmente la carrera.

Por otra parte, si miramos dentro del contexto de cada burbuja o estrato socio-económico, me atrevo a decir que cualquier colegio es fácil (viniendo de un hogar donde te estimularon relativamente bien, independiente de las lucas disponibles). En este contexto, sacarse un 7 es tan fácil para para una persona acomodada que asiste al colegio ultra caro, como para una persona pobre que va un municipal. Este escenario es teórico por supuesto, ya que en la práctica no sucede así. ¿Por qué? Más allá de que recién hace como 10 años se ha comenzado a tratar a los niños como sujetos de derecho y no como un perro, el problema no es la dificultad del colegio, no nos vendamos cuentos, que en todo Chile no varía en su formato de meter contenidos. Me atrevo a decir que la diferencia está en la motivación del niño o joven de aprender. Mientras más te guste aprender y lo veas menos como un deber o imposición, más fácil te resultará.

Una ecuación de bienestar cualquiera (digamos por ejemplo de bienestar escolar y universitario) podría ser algo así como:

(Motivación + Resiliencia) x Oportunidades/Dificultades = Bienestar

En general, podríamos decir que en niveles acomodados, el aumento de dificultad se puede cancelar por el enorme cúmulo de oportunidades que te ofrecen los contactos, tus padres, el dinero de tu familia, etc. Por lo tanto, el grado de motivación que tengas para vivir será el que definirá tu nivel de bienestar. En niveles menores, las oportunidades son menores, pero las dificultades no necesariamente, por lo que se requiere de un mayor índice de motivación para tener un grado similar de bienestar. En niveles acomodados (lease en general y no solo económico), la resiliencia puede despreciarse, pero es un buen atributo en caso de un aumento repentino de las dificultades. En niveles bajos, muchas veces las motivaciones son escasas, pero existe un grado de resiliencia que explica algunos casos de personas que salen adelante y que la derecha adora como ejemplos de “esfuerzo”.

Seguir defendiendo un sistema porque no tenemos una alternativa mejor no me parece el camino para cambiar la enorme desigualdad que comienza en la cuna. El ranking de notas apunta a agregar una décimas más al parámetro de Oportunidades… por qué despreciar un factor tan importante?

Y Villegas… dónde comprará las poleras?

Victor Guzmán

23 de Enero

Pertinente el comentario salvo que, a quién va dirigido, es como pedirle peras al olmo… por algo nunca se tituló en nada…

Jaime Zamorano Franulic

23 de Enero

Puras tonteras, tratan de solucionar un problema sin solución mientras NO se corrija el problema de fondo: “LA CALIDAD DEL PROFESORADO”. Terminar con el estatuto docente; pagar bien al profesorado, mejor que a un ingeniero, o médico,trabajan con los productos del futuro.

25 de Enero

Primero que todo, a este señor deben haberle hecho clases extra terrestres y al parecer estos docentes de élite, no le dieron a conocer
como mínimo el valor del respeto.
Lo segundo ofende a todo un gremio al igual que muchos parlamentarios de extrema derecha, sin siquiera saber la historia del magisterio chileno donde hay premios nóveles y nacionales en diversas áreas. señor debo reconocer que existe un porcentaje minoritario de profesores con falencias y que no cumplen con la importante misión que eligieron, como lo es, transformar a los educandos en personas con valores, capacidades y habilidades para el logro de su felicidad y para ser útiles al país.
Tercero la gran mayoría de profesores honestos que usted ofende, sépalo señor, se preparan más allá de sus horas de trabajo, realizan cursos de perfeccionamiento se preparan diariamente para motivar y entregar de mejor forma sus contenidos.
Cuarto, se imagina usted señor trabajar en un Liceo con el 85,4%
de vulnerabilidad como lo es el Liceo en que desempeño mis funciones de docente, con alumnos desmotivados y sin proyecciones futuras producto de la marginalidad y la exclusión de éste sistema que por sus conceptos usted admira.
Finalmente y como consecuencia de sus dichos puedo concluir que los malos profesores fueron los que a usted lo educaron.
Atte, José Nova Saavedra.

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