#Educación

Un decreto que habla mucho más que de repitencia

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Hace años atrás todo lo que se podía aprender cabía en una enciclopedia, se podía memorizar y permanecía inamovible por muchos años. Hoy, eso ya no sirve.

Constantino Kavafis, poeta griego (1863 -1933) escribió, entre muchos otros, el poema llamado Itaca.

En él, de manera muy hermosa, se dirige a Ulises o en realidad a los viajeros en general, que lo más importante del viaje es el trayecto, el recorrido, las vivencias en el camino, que lo mejor es el ser consciente de ese tránsito, de no perderse de nada; de pensar siempre en el lugar a donde se dirige, pero no por eso ignorar, observar y disfrutar del camino.

En muchas jornadas de trabajo con profesores he utilizado este poema para comenzar a hablar de la Evaluación, siempre me ha parecido una buena imagen, porque representa con el lenguaje poético la importancia de los procesos y, a partir de su lectura y además escucharlo maravillosamente musicalizado por Patricio Anabalón, comenzar a valorar desde allí , que tanto los docentes como los estudiantes sean conscientes, del viaje en cada proceso de enseñanza y aprendizaje, teniendo siempre a la vista el puerto donde llegarán, pero sin perderse nada del viaje.

¿Cuántos de nosotros tenemos conciencia clara de cómo aprendimos? ¿Cuántos podemos repetir el proceso por el que aprendimos algo, para aprender otra cosa similar? ¿Cuántos fuimos conscientes de los errores que cometimos en el camino de aprender algo y para reaprenderlo luego?

Hace pocos días se aprobó un nuevo decreto de Evaluación y Promoción Escolar.

Como parte de una práctica habitual entre nosotros, la noticia pone el énfasis solo en uno de los cambios, el que además ni siquiera es explicado sino solo se enuncia, no quiero pensar que allí hay mala intención, solo pensaré que es ignorancia.

Hace muchos años, en distintos ámbitos educativos: formación de profesores, desarrollo profesional docente, asistencias técnicas educativas, conversatorios, seminarios y jornadas entre profesionales de la educación, el tema de la evaluación de los aprendizajes ha sido uno de los más recurrentes. ¿Por qué? Orígenes de la preocupación y necesidad de abordar el tema son muchos, pero básicamente porque constituye un área oscura dentro de los ámbitos del trabajo docente. Probablemente vinculado, como tantas otras cosas a la velocidad y necesidad de adaptación a cambios para los que no necesariamente estamos preparados.

La manera de difundir y abordar, lo que establece el recientemente aprobado decreto de evaluación y promoción, vuelve a poner en evidencia la necesidad de aclarar de qué estamos hablando cuando hablamos de evaluación.

Existe confusión entre evaluación y calificación, entre calificación y juicio, entre proceso y resultado, entre calificación y premio o sanción, y así múltiples confusiones que la noticia, al menos como es abordada en la mayoría de las veces no contribuye a aclarar.

Lo primero que habría que decir es que, el decreto aborda tres asuntos diferentes, evaluación, calificación y promoción, y es importante recalcar que son asuntos diferentes.

La evaluación es un conjunto de procedimientos a través de los cuales los y las estudiantes evidencian el grado de logro de aprendizajes y que permiten tomar decisiones respecto de las estrategias que se disponen para alcanzarlos. Comprendida así, la evaluación se realiza de manera permanente durante el proceso de enseñanza y aprendizaje, de diferentes maneras, a través de diferentes procedimientos, individualmente pero también de manera grupal, es participativa, informada, permite ser analizada y es fundamental para que los propios evaluados puedan saber cómo aprenden, qué les falta por lograr y, a los profesores les orienta acerca del efecto de las estrategias utilizadas, qué y cómo mejorarlas.

Por lo tanto ya se evidencia una diferencia con la calificación que se reduce a una expresión, en el caso de nuestro país es numérica (de 1 a 7), acerca de los resultados finales después del proceso de evaluación.

En general, los que somos más mayores, vivimos nuestra formación con prácticas de calificación mis que de evaluación, en las que era habitual “las pruebas sorpresa” en las que los profesores buscaban pillar a los estudiantes en aquellas cosas que no sabían, o las notas como premio o castigo, además del ordenamiento y estigmatización entre “buenos y malos alumnos”.

Eso era propio de tiempos en los que los que la cantidad de conocimiento disponible y su duración no era el que hoy, en que la ciencia y la tecnología han transformado a la sociedad y que las necesidades de las personas tienen que ver con un mundo en constante transformación, donde lo fundamental es aprender a aprender durante toda la vida.

Así entonces, la evaluación es considerada como parte del aprendizaje, una oportunidad de constatar de manera permanente la calidad del aprendizaje.

Esto, dicho así en palabras simples y escasas, es lo que fundamenta el decreto de evaluación y promoción.

Evaluar es parte de la formación de las personas, de desarrollar actitudes críticas frente al propio desempeño y el de los demás, estimulando la capacidad de observación y análisis y así comprender que todos y todas son diferentes, que los tiempos de desarrollo son diversos.

Así entendida la evaluación, la consecuencia de procesos así desarrollados, es lo que el decreto establece. No puede existir repitencia automática, basada solamente en criterios aritméticos que no consideran un análisis integral de los procesos evaluativos que describen el aprendizaje de los estudiantes.

Allí, lo más importante es que las decisiones sean fundamentadas pedagógicamente, a través del conocimiento experto de los docentes en su conjunto y esto también lo define el decreto.

De la misma manera, considera que no es necesario no eximir a los estudiantes de asignaturas o módulos, lo que hace ineludible es que éstos sean lo suficientemente flexibles para que todos y todas puedan, de acuerdo a sus características, tener experiencias de aprendizaje en todas las áreas y de manera integral.

Es preciso insistir en que evaluar es parte de la formación de las personas, más allá de medir la cantidad y calidad de sus aprendizajes, es parte de una cultura. Una cultura de evaluación permite desarrollo y crecimiento, colaboración, apertura, creatividad, innovación, aprendizaje.

Pero esto implica no solamente un decreto, sino la comprensión del fenómeno completo, qué es necesario aprender, para qué se aprende, cómo se aprende y qué se hace con lo aprendido.

Implica, antes que nada hablar del alcance total de un decreto como este y no solo hablar de la repitencia.

Implica también, comunidades educativas estudiando y preparándose para abordar los cambios de manera seria, trabajando en colectivo, también familias informadas para comprender bien de qué se trata y estudiantes protagonistas de verdad de sus procesos.

Hace años atrás todo lo que se podía aprender cabía en una enciclopedia, se podía memorizar y permanecía inamovible por muchos años. Hoy, eso ya no sirve.

TAGS: #DecretoDeEvaluación #PolíticaEducacional Evaluación

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Comentarios

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pablo

23 de febrero

no estoy de acuerdo… la calificacion es el resultado matematico de la evaluacion efectuada… si se dice que la calificacion no representa el aprendizaje logrado… significa que la evaluacion realizada por el o los docentes fue mal hecha…

27 de febrero

Pablo, la calificación es un resultado matemático y representa los resultados finales de los aprendizajes, lo que está claro que eso no es la evaluación. La evaluación es previa, parte del aprendizaje y a la calificación los estudiantes deberían llegar habiendo sido parte activa de ese proceso.

28 de febrero

Estimada:
Solo me voy a referir a la parte final de su interesante columna: “Hace años atrás todo lo que se podía aprender cabía en una enciclopedia, se podía memorizar y permanecía inamovible por muchos años. Hoy, eso ya no sirve.
Primero: eso que ese conocimiento (hoy primario) ya no sirve, no están así, por cuanto a partir de esa base es posible ampliar el conocimiento de nuestros jóvenes, como aún se hace en muchos colegios donde los educadores a partir de esa base estimulan y promueven los avances metodológicos actuales.
La clave del éxito en la formación de nuestra juventud está solo en la calidad del profesorado y no en las miles de normas e instructivo que envían los digamos expertos del MINEDUC, es tal la burocracias que el profesorado mas del 70% de su tiempo llenando papeles y exigencias teóricas y perdiendo el tiempo que debe ser aplicado a la enseñanza misma de sus educandos.
Lo que debe aplicarse no son normas e instructivos a los profesores, especialmente a los que trabajan con primarios y secundarios, sino evaluar los resultados de su gestión, por cuanto una de las mejores forma para que los docentes entreguen su sabiduría, es dejarlos actuar sin corta pisa alguna y de acuerdo como ellos evalúan a sus pupilos.
Por otra parte mientras tengamos profesores taxis es imposible llegar a lo que tanto deseamos que es la cercanía amable entre educador y educando.

Atte.

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