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Reforma educacional, nadie dijo que sería fácil

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El desafío mayor está en que el tránsito desde una educación de mercado a una educación como derecho social vaya acompañada por un cambio de consciencia de mercado hacia uno de comunidad

Nadie dijo que sería fácil. Si bien muchos compartimos la necesidad de acabar con un sistema educacional que tiene una lógica de mercado y, por ende, segregador; la realidad es que muchos otros no quieren hacerlo. Y no me refiero solamente a los grandes sostenedores de Chile, me refiero a una gran cantidad de padres y apoderados que tienen en su ADN cultural, el arraigo de más de treinta años de modo de vida que dejó la herencia de la dictadura.

Dichos individuos aprendieron a vivir en una lógica de competencia, en donde el trabajo permitiría, o al menos eso se prometía, surgir y escalar en la escala social. Este fenómeno se dio a lo largo de todo el espectro social, desde el más pobre hasta el más rico. Y es este fenómeno el que hace que la tarea de una reforma educacional sea titánica, porque no se trata de luchar contra las ideas conservadoras de la derecha o de los grupos de interés que verán afectados sus intereses económicos. Se trata también de cambiar el ADN cultural que los chilenos tienen desde hace años; un ADN que no discrimina por discriminar, sino que discrimina porque se les ha señalado que esa es la única forma de surgir.

La idea anterior es la que se quiere erradicar, y el desafío mayor está en que el tránsito desde una educación de mercado a una educación como derecho social vaya acompañada por un cambio de consciencia de mercado hacia uno de comunidad. Para cambiar un par de leyes basta con la mayoría, para implementarlas y que haya paz social es necesario un cambio de consciencia.

Volvamos a lo que ha significado surgir educacionalmente en los últimos treinta años de Chile. Surgir significaba que si una persona se esforzaba trabajando duro, era capaz de mover a su hijo a un establecimiento educacional, que indistintamente de la calidad educativa que brindara, le permitirían al niño rodearse de los hijos de aquellos padres que habían logrado lo mismo.

Diferenciarse y “ascender” en la escala social y en las juntas de sus hijos ha sido el fin que todos estos padres han perseguidos durante más de treinta años. Entonces, cuando una reforma plantea terminar con aquello, no es raro que muchos padres y apoderados estén en desacuerdo, pues lo que ellos sienten es que les están impidiendo la capacidad de surgir en la escala social y en la securitización del entorno educativo de sus hijos.

Entonces ¿cómo llevar a esos padres y apoderados a reflexionar sobre que aquello que tienen arraigado culturalmente tan fuertemente, en realidad está cimentado sobre criterios de segregación y discriminación que no están a la altura de las democracias contemporáneas? ¿Cómo hacerles ver que esto no pasa en ninguna otra parte del mundo? He ahí la parte más difícil de la reforma educacional.

TAGS: #Reforma Educacional Derechos Sociales

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Comentarios

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Nicole

28 de Julio

está buena la opinión. ojo con “en las juntas de sus hijos ha sido el fin que todos estos padres han perseguidos ”
pero a ver, no pasa en ninguna otra parte del mundo?.

28 de Julio

Exacto.
En el mundo ENTERO la gente quiere subir en su posición social y económica. No es un tema de neoliberalismo, derecha ni nada; es una irrefutabilidad histórica.
Lo que plantea el autor es precisamente una imaginería tipo John Lennon, en la que nadie compite por nada, en la que nadie desea tener mas, etc. Pues bien, eso no pasa en ningún lado del mundo, por lo que creer que Chile debe ser el nuevo conejillo de indias de la pseudoigualdad, es muy utópico.

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