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Reflexiones sobre la exclusividad universitaria, los SAR y los TM

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Se aproxima el 2 de octubre, día del Tecnólogo Médico (TM). Entre el sentimiento – cual nacionalismo-  que aflora entre los profesionales y estudiantes para estas fechas mis preguntas surgen en torno a las reflexiones que la misma comunidad TM hace respecto a la coyuntura y más allá de ella.

Sorprendente, para mí,  ha sido ver cómo ha ido “despertando” un gremio que hace rato yacía en la pasividad, cómo han ido despertando profesionales y compañeros, estudiantes. Sin embargo, despertar no implica necesariamente levantarse de la cama (hablando en sentido figurado), y es así, como a pesar de la aparente toma de conciencia no se avanza en el debate grueso ni se discute sobre la causa primitiva de todo lo que hoy indigna a buena parte de la comunidad de Tecnología Médica.

¿Se ha detectado el problema de fondo? ¿Hay un problema de fondo – más allá de las quejas y el pataleo respecto al sentirnos casi invisibles en cuanto a la valoración de nuestra formación y labor? ¿A partir de dónde surge la incomodidad, y  la indignación del tecnólogo que recién vino con el tema de la exclusividad a defender su rol en el equipo de salud y la base de su formación? ¿Cuán responsable somos por esto?

El poco vínculo con la comunidad, el carácter individualista que muchas veces se le imprime a la formación (con el que muchos se quedan), la poca astucia en la discusión, el debate tardío, entre varios otros factores (como la deficiente educación en salud), forman parte del cuadro que yo denominaría “Invisibilidad del Tecnólogo Médico”: Pocas personas conocen sobre el TM y su labor,  el mismo ministerio de salud – al parecer- poco los considera al excluirlos de los SAR y el parlamento demostró a lo largo de la discusión sobre la exclusividad universitaria el deficiente nivel de información y dimensión respecto al TM (y otras carreras de la salud).

En cuanto al tema de fondo. Ha identificado alguien en la comunidad TM ¿Cuál es el problema de fondo? ¿Se ha debatido y/o consensuado al respecto? En lo personal, considero que el tema reside en el modelo tanto educativo como de salud, los cuales carecen de democratización en cuanto a la definición de parámetros de calidad,  de perfiles de egreso y dentro de los cuales tampoco hay un real vínculo con la comunidad que refleje en las políticas públicas la cobertura efectiva y eficiente de las necesidades en salud. Además de tratarse de dos modelos que, actualmente,  responden por excelencia a lógicas de mercado.

Quisiera no tener que hilar tan fino ni desentrañar tanto lo que hoy solo parece un problema de gremio, pero ya ve usted cómo todo se entrelaza.

Como estudiante,  futuro Tecnólogo Médico, y como ser humano comprometido con mi entorno veo que el tema de la exclusividad universitaria se ha tratado desde un punto bastante reduccionista al acotar la discusión a la noción de calidad en cuanto a la formación entregada por universidades versus institutos profesionales (IP) y Centros de formación técnica (CFT). Por una parte se hace  patente ante mis ojos que la demanda para muchos apunta principalmente a asegurar el puesto de trabajo evitando la “sobreproducción” de profesionales, es decir, de competencia;  entrando a la dinámica de la carrera universitaria como  inversión y como  herramienta para el ascenso social. ¿Dónde queda la vocación?

Para orgullo de muchos y lástima de otros, la labor de cualquier profesional de la salud requiere de una vocación de servicio. En primer lugar nos debemos a la comunidad, al pueblo, llámele como quiera. Nuestro rol, a mi modesto juicio,  no solo pasa por hacer bien un examen. Es tiempo de asumirnos como agente social, activo y dinámico.

Por otra parte, es complejo si se permite que un Instituto Profesional o Centro de Formación Técnica imparta una carrera solo por un tema de igualar el acceso a educación (tal como señala uno de los honorables que votó en contra).  Pienso que la producción de trabajadores calificados, vale decir, profesionales universitarios y técnicos debe en principio adaptarse  a las necesidades de la población y no basarse en lógicas de mercado. Esto, puede hacer necesaria la existencia de Institutos y Centros de Formación Técnica de modo que las necesidades sean cubiertas desde las distintas áreas de desempeño profesional y de acuerdo a la complejidad de las mismas, sin embargo, no es novedad que el que estas instituciones impartan carreras de salud responde más al lucro (captación de matrículas de lo que “bota la ola”) que a un real compromiso con la salud pública de Chile.  Y, en ese sentido, más que igualar el acceso a la educación dentro de un área determinada como lo es la salud se están entregando profesionales cojos al sistema. Entonces, dada esta realidad, podríamos decir que  la exclusividad universitaria vendría a  evitar que lo anterior siga ocurriendo. No obstante, al parecer, nadie se ha preocupado si la exclusividad asegura la calidad definiendo en primer lugar qué se entiende como tal o desde qué parámetros se hace. Al parecer todos asumen que por ser universidad se entregará calidad y no se cuestionan si es que estas instituciones orientan su diseño curricular y definen sus perfiles de egreso según las reales necesidades de la población;  menos se preocupan de si existe un debate en torno a equidad, calidad y perfiles de egreso y si  en éste se incorporan a los diversos estamentos de conforman la comunidad académica. Es decir, no sabemos si la exclusividad aporta en la democratización de los espacios (y presumiblemente a muchos no les interesa).

Con lo de la exclusividad universitaria y la exclusión del TM como recurso humano que forma parte de los SAR  no solo se evidencian, una vez más, las falencias de un modelo que mercantiliza la educación y la salud, sino que además el nefasto diseño de políticas del sector, lo que nos lleva de inmediato a cuestionar la gestión del gobierno y del congreso que al parecer solo se preocupan de defender intereses individuales y de grupos económicos (de los que ellos forman parte o con los que tienen acuerdos… sorpresa!) en perjuicio de la calidad técnica y profesional de la atención en salud así como su orientación.  ¿Ahora, qué nos queda por hacer? ¿Cuál es la tarea?

Para orgullo de muchos y lástima de otros, la labor de cualquier profesional de la salud requiere de una vocación de servicio. En primer lugar nos debemos a la comunidad, al pueblo, llámele como quiera. Nuestro rol, a mi modesto juicio,  no solo pasa por hacer bien un examen. Es tiempo de asumirnos como agente social, activo y dinámico. Querámoslo o no somos también parte de las determinantes en las que se desarrolla el proceso salud-enfermedad.  Con nuestras herramientas formativas puestas en práctica, la acción territorial (atención, educación), el vínculo con la comunidad y el involucrarnos en el debate salud estamos influyendo en esas determinantes; solo con quedarnos en el laboratorio no hacemos más que cumplir con el rol asistencialista sin generar un ápice de influencia  en las políticas que determinan los procedimientos, el financiamiento,  la calidad en la atención en salud y su enfoque.

Seguimos pensando de forma asistencialista, no solo como profesionales, también como estudiantes, profesores y como parte de la sociedad. El cambiar el enfoque hacia lo biopsicosocial, más aún, hacia lo comunitario, es lo que hace falta. Solo con nuevas perspectivas se pueden hacer cambios de fondo.

Dentro de lo complejo que es el tema salud, dado el elevado tecnicismo y dinámicas de organigrama (no así como en educación donde es más fácil incorporar a la comunidad al debate)  es claro que los grandes cambios no pueden demandarse para que ocurran por arte de magia, tampoco éstos ocurrirán solo por las nuestras o por parte de aquellos que si quieren avanzar independiente del apoyo o la negativa gubernamental, ni menos ocurrirán si no se incorpora a todos los actores en el debate (profesionales de la salud, funcionarios de los servicios de salud, pacientes, y trabajadores). Si el debate se da de una forma nutritiva, tomando en cuenta a los actores involucrados, debería orientar las políticas y/o acciones del sector. ¿Por qué esto no ocurre? Y si nos dicen que si ¿por qué no se ve reflejado en las determinaciones que toma el gobierno? ¿Están, dichas determinaciones, basadas en las reales necesidades de la población o solo están enfocadas a mejorar los estándares de atención para adecuarse a parámetros internacionales (sin disminuir la brecha de desigualdad de acceso a la atención oportuna y de calidad)? ¿Qué tenemos como estudiantes y profesionales que decir al respecto?

Somos en parte responsables de no reflexionar a tiempo, así mismo somos responsables de continuar con el debate acerca de nuestra labor y su impacto en el proceso salud-enfermedad de un paciente, somos responsables defender el lugar que se ha ganado el tecnólogo dentro del equipo de salud y al mismo tiempo de darlo a conocer a la comunidad no solo para incorporarla a la discusión sino también para educarla.

Somos responsables de las pequeñas transformaciones con las que se pueda ir avanzando en torno a la cobertura de necesidades de salud, con el fin de que el sistema responda efectivamente a lo que necesita la comunidad y no lo que busca vender el empresario farmacéutico y  clínico.

Espero el debate continúe, con altura de miras, y el tecnólogo (así como los compañeros del equipo de salud) se levanten y se mantengan de pie en defensa de una salud digna para la población, luchando también  por la democratización en el diseño de políticas públicas.

 

TAGS: Exclusividad Universitaria Tecnólogo Médico

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Comentarios

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Claudio Godoy Castro

30 de Septiembre

Encuentro una agudeza impresionante en esta estudiante de Tecnología Médica, agudeza que extraño en la mayoría de mis alumnos de la misma carrera, pienso que puedo complementar un poco lo vertido en este artículo: el gremio de los Tecnólogos Médicos tiene falencias desde su concepción, por qué se preguntarán, la respuesta es simple ampara cinco carreras bajo un mismo gremio, cinco menciones que si bien están creadas para dar un diagnóstico de laboratorio y algunas veces clínico, tienen idiosincrasias distintas, ámbito de desarrollo distinto, sueldo distinto, lugares físicos de trabajo distinto, en fin prácticamente rumbos distintos en “el equipo de salud”. Además siempre nos hemos escondido allá abajo, lejos de donde actúan el resto delos profesionales de la salud, o detrás de un biombo. Tenemos como escribe Carmina un lento reaccionar y definitivamente un mal discurso, debo decir que me preocupa más que hacer con tanto Tecnólogo en 5 años más, que lo que pase con los SAR, aprovecho de hacer un comentario al respecto los POC son hechos para screening y no para reeemplazar al laboratorio, cumplen objetivos distintos.
Para finalizar llamar al gremio a ejecutar autodefensa, cuidar los trabajos pero sin dejar de informar nuestra posición. FINALMENTE LA REFLEXIÓN MÁS IMPORTANTE ES QUE COSECHAMOS LO QUE CULTIVAMOS.

30 de Septiembre

Muchas gracias por su comentario. Espero el debate trascienda la coyuntura,; la idea es que éste no cese y, como alumna, me encantaría que los’docentes tambien formaran parte activa de las discusiones e incentivaran en nosotros el espiritu critico en torno a nuestra labor profesional y como agentes de cambio. Saludos =)

Verónica Espinoza H

02 de Octubre

Qué alegría leer lo que escribes. Con una visión global del problema que forma parte de los muchos que aquejan a nuestro país y el mundo. Aquí tenemos que empezar por una Asamblea Constituyente, para empezar a solucionar.
Yo soy TM jubilada, alcancé un poco a conocer tiempos mejores.
Los IP y CFT pueden tener fines de lucro. He aquí por que no aceptan exclusividad universitaria. Perderían el negocio.
Felicitaciones y ojalá hayan muchos jóvenes como tu.

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