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¿Qué y dónde estudiar?

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Decidida la carrera a estudiar, viene la última definición: ¿en qué universidad? Dilema no menor en una realidad marcada por publicidad engañosa, subliminal, distorsionadora. ¿Cómo distinguir las universidades de verdad, de aquellas cuyos fines no confesados no son sino el lucro o la segregación o la infiltración ideológica? Hay evidencias de que las mejores universidades no son las que lucran, ni las que segregan económica o socialmente, ni las que tienen un sesgo ideológico o religioso.

Al momento de egresar de la enseñanza media, los jóvenes que han decidido cursar estudios superiores incursionar inician un proceso de decisiones de consecuencias no menores: ¿Qué y dónde estudiar?

La serie de decisiones a adoptar parte por si estudiar una carrera profesional o técnica. En este último caso, la alternativa son los centros de formación técnica. Se trata de una alternativa atractiva para quienes desean estudiar una carrera de no más de 4 años, eminentemente práctica, y de menor costo que una carrera profesional. Considerando el déficit de técnicos existentes en el país, se asume que la demanda por ellos debería ir en ascenso, aunque se deben vencer los prejuicios existentes en relación a los profesionales universitarios. Lo mismo vale respecto de quienes egresen de institutos profesionales.

Si la opción es estudiar en alguna universidad, primero se debe tener claro qué carrera escoger, y luego en qué institución, no al revés. Para definir la carrera a seguir, lo más importante es escuchar lo que nos dice la vocación que anida en cada uno de nosotros. Los que lo tienen clara desde su infancia, no tienen por dónde perderse. Cuando la vocación no está claramente definida, la segunda variable a considerar es la capacidad, las aptitudes que se tienen para uno u otro camino, esto es, si uno tiene dedos para el piano o no. Se aconseja fuertemente estudiar aquello para lo cual se tienen facilidades que permiten aprender más rápidamente, sin tanto esfuerzo. La tercera y última variable a considerar, es el mercado laboral, la que aconsejo solo si tanto la vocación como las aptitudes que se tienen son difusas, no están claramente identificadas.

No hay por donde perderse: primero, la vocación; luego las aptitudes; y solo al final, las posibilidades de encontrar trabajo y las remuneraciones esperadas.

Decidida la carrera a estudiar, viene la última definición: ¿en qué universidad? Dilema no menor en una realidad marcada por publicidad engañosa, subliminal, distorsionadora. ¿Cómo distinguir las universidades de verdad, de aquellas cuyos fines no confesados no son sino el lucro o la segregación o la infiltración ideológica? Hay evidencias de que las mejores universidades no son las que lucran, ni las que segregan económica o socialmente, ni las que tienen un sesgo ideológico o religioso.

De allí que, teniendo identificadas las carreras que se quieren estudiar, los jóvenes deben asegurarse que el plantel al cual postulan cuente con un buen cuerpo docente bien calificado, estable, comprometido, con una infraestructura física propia, no arrendada, amplia, acogedora, abierta, como se entiende que debe ser un campus universitario. En este plano, por más desacreditado que esté el proceso de acreditación, el número de años que una carrera tenga acreditados, no es un antecedente a soslayar.

Los jóvenes de hoy no la tienen fácil, pues deben tomar decisiones trascendentales para su vida que en un pasado no muy remoto eran tomadas por sus viejos. Ellos decidían por nosotros, pero en los tiempos actuales no parece ser la tónica.

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