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La responsabilidad del historiador

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Partimos el 2012 con una polémica que dice relación con nuestro pasado reciente. Esta semana se dio a conocer que se había aprobado un cambio en las bases curriculares para 6° año básico donde la palabra Dictadura se cambiaba por Régimen Militar.

No entraré en la polémica respecto a cómo un Consejo transitorio, integrado entre otros, por un ex miembro del Ejército vinculado a esa dictadura, decide cambiar las bases curriculares adoptadas recién en 1999.

Tampoco me referiré a las desafortunadas declaraciones del entrante Ministro de Educación defendiendo primero y retractándose después.
Menos escribiré sobre la inoperancia de este gobierno (ya nos darán material para hacerlo largo y tendido).
Quiero referirme a la responsabilidad de los historiadores en la materia. A nuestro sepulcral silencio social.
Es nuestro deber moral y profesional hacernos cargos de generar las condiciones necesarias para que los ciudadanos y ciudadanas conozcan la historia a partir de las fuentes y no de meras especulaciones o livianas interpretaciones.
En el idioma inglés story (cuento) difiere de history (disciplina de la historia) pero al parecer en el nuestro ambas cosas se confunden y muchos tienden a pensar que la historia es un mero relato cronológico de hechos. Craso error. Otros, en cambio, al decir “la historia es de todos” se lanzan al ruedo con afirmaciones que no tienen asidero en lo absoluto, que corresponden a meras interpretaciones personales a partir de un conocimiento parcial y superficial del pasado. De ello se desprende el ninguneo que muchas profesiones le hacen a la Historia como área de conocimiento, pues, basta con leer un poco y basarse en la experiencia para hablar con absoluta propiedad de la historia. Patrañas.
Sí, la historia es de todos pero somos los historiadores quienes nos acercamos al pasado con rigurosidad metodológica. Somos nosotros quienes reescribimos el pasado en base a las pistas que éste nos deja: a las huellas, los escritos y por cierto que también a los silencios. Pero hemos cometido un gran error. Nos hemos encerrado durante muchísimo tiempo en las academias, hemos pasado tanto tiempo entre archivos y documentos que nos olvidamos del importantísimo rol social que tiene nuestro oficio. Nos dedicamos a escribir para los pares y a comentar nuestras investigaciones en congresos donde siempre vamos los mismos y nos decimos las mismas alabanzas.
Y cuando sale un puñado de historiadores que quieren salir a las calles o a las librerías de manera masiva desde la academia los tildan de venderse al mercado.
Hemos pasado tanto tiempo mirándonos las caras que hoy, periodistas, abogados, ingenieros , ministros y militares, por ejemplo, han ocupado el espacio que es de nuestra competencia como historiadores pero que hemos dejado de lado.
El mejor ejemplo es que cuando un canal de televisión quiere hacer una serie “histórica” llaman primero a un periodista que “sabe de historia” y no a un historiador. ¿La diferencia? El historiador, obsesionado con el mito del origen, indagará en las fuentes mientras el periodista u otro profesional buscará en bibliografía secundaria. Y hablo desde la experiencia, eh?
Lo que hoy pasa con la polémica por el cambio de “dictadura” por “régimen militar” es también nuestra responsabilidad. La historia siempre, siempre será subjetiva, que no le vendan el cuento de la objetividad, porque esa es una mentira que pretende ocultar lo que el pasado quiere develar. La subjetividad siempre estará presente y uno puede opinar y pensar lo que se quiera de un asunto pero siempre con argumentos sólidos y eso, en historia e historiografía se da con investigación rigurosa donde las fuentes siempre tienen la última palabra.
Es hora que los historiadores revalidemos nuestro oficio ante la sociedad y las autoridades; que la pasión que sentimos por nuestro trabajo traspase la barrera del papel y que de ese modo la historia vuelva a quedar libre de las paredes de las viejas academias.
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Comentarios

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peon

09 de enero

No veo la diferencia a la luz de lo que le importa a la gente… El pasado reciente puede ser contado de miles de formas, todas igual o similarmente válidas si son veraces, porque si te pregunto ¿qué pasaba el 11 de Septiembre de 1973?, quizá me detalles una serie de eventos por una gran mayoría conocidos, sin embargo, personas que no vivieron ese día alrededor de lo que significó el golpe militar, contarán una historia muy distinta, pero, no por ello no tendrían razón…

Quizá todo dependa de la importancia relativa de las cosas ya que para mí, por ejemplo, un historiador debe aplicar la historia para crear un mejor futuro, sin embargo, es posible que no lo pueda hacer o tal vez sí pueda hacerlo tanto como lo hace cualquier persona, misma que también tiene una historia que contar y no necesariamente necesita a un historiador universitario para hacerlo…

No veo importancia alguna en cómo se habría de llamar oficialmente a la dictadura o régimen militar, porque la mayoría de las personas entiende lo que realmente significó, o lo que se hizo durante su período de gobierno o comandancia, o como prefieras llamarle… Finalmente, un nombre o un apelativo más para un elemento del pasado no construye el futuro que desea la gente, pero, si crees que los historiadores merecen una serie de laureles distintivos del resto de las personas que no están propiamente empapados de la historia, no veo inconveniente alguno en concedértelos de mi parte…

¿Los prefieres en forma de oda o recibiendo alguna chapita distintiva?…

Casi me dan ganas de disculparme por bromear con esto, pero, ¿qué sentido tiene tomarse la molestia de luchar contra la corriente cuando quien echa a correr las aguas es la gente de un Gobierno que hace todo lo posible para elevar su imagen y todo para captar votos en las siguientes elecciones?…

kjgkllf

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