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La gratuidad como herramienta de justicia e igualdad social

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La Gratuidad sin duda alguna ha sido una de las demandas sociales que más ha prevalecido durante los últimos años en nuestro país, a la que el sistema político ha ido respondiendo de forma gradual, a ritmos más lentos de lo presupuestado en un inicio del presente gobierno, pero sin retroceso posible.


La gratuidad al ser un cheque al portador del estudiante es destinada a un centro de educación para que pueda acceder a los servicios de educación, pero no incentiva en sí mismo el mejoramiento de la calidad de ésta

Hace dos años que miles de jóvenes pueden acceder a la educación superior de forma gratuita, dado que el Estado asume el rol de pagador del arancel del alumno según su índice de vulnerabilidad, que se encuentra reflejado en el Formulario Único de Acreditación Socioeconómica; si la persona se encuentra dentro del 50% más vulnerable de los postulantes se le da el beneficio, el que no mide la pobreza propiamente tal, sino el grado de que incluso no estando en ella se puede “caer” debido a alguna enfermedad personal, familiar, discapacidad o situación laboral.

Cómo todos los años, la Revista Qué Pasa mide la calidad de las universidades nacionales según un índice que lo compone diversas variables cómo “i) La percepción de calidad que el mercado laboral asocia a cada plantel, ii) a lo que se suma la calidad de la gestión institucional, iii) de los académicos iv) y de los alumnos, v) así como los niveles de investigación alcanzados por las casas de estudio, son los factores con los cuales se construye el ranking. Sólo se miden los planteles que registran la información en el portal Mifuturo.cl, del Mineduc, que están acreditados y que tienen un mínimo de 50 publicaciones indexadas a la base Scopus entre 2011 y 2015” (Revista Qué Pasa, Ranking de Universidades 2017)

Los primeros diez lugares en calidad siguen siendo los mismos, encabezados por la Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica, la Universidad de Concepción, Santa María, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Adolfo Ibáñez, de Santiago, Austral, de Talca y de los Andes.

Luego de revisar el “Top 10” busqué el lugar de la universidad estatal donde hoy estudio y no estaba en el siguiente listado de diez universidades ni en el que seguía. Estudio en la Universidad de Los Lagos, que está posicionada en el lugar 34 de 40. En este listado no se encuentran las nuevas casas de estudio regionales de Rancagua y Coyhaique, que por ser recientes aún no pueden ser ponderadas.

Ante esta (no) sorpresa sobre el estado del lugar donde estudio me hice tres preguntas que debiesen ser críticas a la hora de reflexionar sobre la real efectividad de esta política pública:

  1. La gratuidad es realmente un buen instrumento de fomento de la igualdad de acceso a la educación superior,
  2. La gratuidad permite una real movilidad social luego del egreso,
  3. la gratuidad incentiva el mejoramiento de la calidad educacional y de los servicios prestados.

Mucho se ha discutido sobre el sistema de ingreso a las universidades nacionales y se sabe que la Prueba de Selección Universitaria será reemplazada por un instrumento que refleje de mejor manera las capacidades de un estudiante en el desenvolvimiento de su vida académica, más que de acumulación y retención de información lógica, teórica y abstracta que está en directa correlación con mejores puntajes en la PSU, mayores posibilidades de postulación y selección y a la vez ingreso a carreras con una alta empleabilidad y alta remuneración. La gratuidad no viene más que a ser un cheque al portador de un alumno vulnerable y no necesariamente de un estudiante capaz.

La gratuidad al ser un cheque al portador permite el pago del programa universitario, profesional o técnico en cualquiera de los 41 centros acogidos al convenio, pero cómo detallé más arriba, estos son de distintas calidades institucionales, prestigio y en muchos casos no son más que instituciones de pizarrón, pero no tienen investigación ni vinculación con el medio. Es sabido que en nuestro país aún las empresas buscan profesionales de ciertas casas de estudios por sobre otras dado el prestigio (encuestas), arraigo a un sector social, referidos  o bien enfoques de los programas por sobre otros, por lo que cabe decir que la Gratuidad en sí tampoco garantiza una real oportunidad de movilidad social una vez egresado en el mundo laboral.

Por último, la gratuidad al ser un cheque al portador del estudiante seleccionado mediante su puntaje en la Prueba de Selección Universitaria -en la mayoría de los casos- y luego por su situación socioeconómica, es destinada a un centro de educación para que el estudiante pueda acceder a los servicios de educación, pero no incentiva en sí mismo el mejoramiento de la calidad de ésta; es solo el pago del arancel del alumno. La casa de estudio debe contar con al menos 4 años de acreditación, si se es privada, o con 3 años si tiene dependencia estatal. No corrige las falencias de muchos establecimientos que no cuentan con infraestructura mínima para acoger a personas con discapacidad, que incentive la investigación en nuevas áreas científicas o humanistas, en el fortalecimiento de las competencias de sus docentes, en la transparencia de sus reglamentos o en la solidez de su proyecto.

No se trata de mercantilizar la educación más de lo que ya se encuentra, pero la gratuidad es un subsidio a la demanda y no la oferta; una masa de seleccionados utiliza su voucher en las instituciones existentes, que no necesariamente están comprometidas con el nuevo trato de esta incipiente realidad social que demanda mejor calidad, mayores competencias y más compromisos por parte de todos los actores, sino que actúan sólo como captadores y repartidores de esta masa beneficiada.

Entonces, ¿Es realmente la Gratuidad una buena herramienta de justicia e igualdad social? Si no se establecen requisitos más altos para las instituciones para permanecer en este sistema y se entregan incentivos de mejoramientos, si el Estado no se compromete con fortalecer a los establecimientos que se encuentran bajo su dependencia y promover competencias entre los actores con el fin de subir el estándar de nuestra educación superior, no será más que una medida de perpetuación de las diferencias de ingreso y replicación de las estructuras sociales de nuestro país.

TAGS: #CalidadDeLaEducación #Gratuidad #RankingUniversidades

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Comentarios

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Jose Luis Silva Larrain

03 de enero

No señor,esta equivocado y ojalà lo entiendan de una vez por todoas: Si no hay recursos para que todos puedean ejercer el derecho a una educación gràtis significa que sólo algunos podrán hacerlo, o sea se genera mas injusticia social, no mas justicia. Hasta cuando le dan con este cuento.

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