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La Carreta y los Bueyes

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La Carreta. Nos referimos a carreta cuando hablamos de una estructura capaz de transportar algo. Es un artefacto diseñado para expandir la capacidad de carga del ser humano.

Los Bueyes. El aparato físico carreta necesita energía y en su caso particular usa la fuerza bruta de un par de bueyes o caballos quienes tiran de ella para, por efecto físico de la rueda, deslizar pesos que sin esa pieza de tecnología requerirían mucha más fuerza, al punto de transformar la tarea en titánica y energéticamente carísima.


La estructura o “carreta” es la racionalidad y la organización que soporta la demanda por “educación pública, gratuita y de calidad” y debiéramos decir que la categoría de “bueyes”, o energía, es la movilización de poder social.

En la sabiduría del hacer humano nos dimos cuenta que el efecto tiro era mucho más eficiente y potente que el efecto empuje y es por ello que en su configuración tradicional, los bueyes o caballos tiran la carreta y no la empujan. Es decir, sabemos que la carreta va detrás de los bueyes y no delante. Este hecho, que con el paso del tiempo se vuelve obvio hasta el punto de no cuestionar la configuración de esa dupla, hace de sentido común el dicho “no hay que poner la carreta delante de los bueyes”

Si extrapolamos este refrán a cualquier fenómeno social o político podemos darnos permiso para jugar un poco y preguntarnos, por ejemplo, acerca del actual momento del movimiento estudiantil por la educación, e identificar qué representa la carreta y qué representan los bueyes, dicho de otro modo, cuál es la estructura y cuál es la fuente de energía del movimiento sobre la educación.

A primera vista resultaría evidente plantear que la estructura o “carreta” es la racionalidad y la organización que soporta la demanda por “educación pública, gratuita y de calidad” y debiéramos decir que la categoría de “bueyes”, o energía, es la movilización de poder social, traducido en adhesión, legitimidad y volumen de las acciones concretas de demostración de poder, llámense estas marchas, reuniones públicas, presión social, posicionamiento en la agenda pública, densidad de asambleas, seminarios, reuniones y, en fin, cualquier expresión colectiva concreta de puesta en escena -de demostración- del poder social que tira (Mueve, da vida, apoya) la estructura o construcción social que es la demanda expresada en discurso y organización, o dicho de otro modo, en estructura simbólica y material.

Ahora bien, algo de lo que no se hace cargo el refrán -de hecho no se lo propone- es incorporar en la fórmula la cuestión de la carga de la carreta. ¿por qué? Porque el principio lógico que subyace dice relación con la efectividad del proceso de transporte sea cual sea la carga. Y es aquí donde el ejemplo basado en el refrán se queda corto para poder explicar cualquier fenómeno social más allá de lo procedimental, pues en el conflicto, en el agonismo inherente a todo proceso social, el factor movilizador principal es el sentido (carga de la carreta) dado por los intereses, objetivos, valores detrás de toda problematización de lo social. Llamémosle capacidad movilizadora de “la causa”, llamémosle legitimidad de la demanda o como el lector prefiera bautizarle.
Entonces podríamos, sin temor a equivocarnos plantear que para comprender lo que actualmente ocurre con el movimiento estudiantil cabe la hipótesis de que el problema dice relación con el lugar de la carreta, el desgaste de los bueyes y, agreguemos, la carga.

Es evidente que la orgánica estudiantil está siendo víctima de su propio éxito. Ha repetido la fórmula de movilización exitosa en 2011, con resultados mucho menos evidentes este 2016. Creo yo que ha habido una preocupación extrema por el control de la carreta, una lucha entre partes de ella por la hegemonía interna del movimiento, por el control institucional del aparato estudiantil expresado en sus centros de estudiantes, en sus federaciones, confederaciones y asambleas. Es evidente, que hay un sobreinterés en el diseño de la carreta. Esto a riesgo de confundir y cansar a “los bueyes” y, al mismo tiempo, dando por obvio la valoración social positiva de la carga, tanto hacia adentro y hacia fuera del ámbito estudiantil. No por nada pareciera que las formas de movilización permanente, del tipo paro o toma, despolitizan y quitan fuerza al movimiento.

Ahora hablemos de la carga. ¿Cuál es hoy la construcción simbólico-política en torno a la cual se convoca a la movilización, cómo se legitima y moviliza a los agentes individuales a convertirse en parte activa de la manifestación social que, como los bueyes, son la energía que permite el movimiento de la carreta para, y he aquí lo importante, alcanzar el destino del movimiento que no es otro que cumplir objetivos?

Aquí, personalmente, veo el mayor problema. La enunciación del rechazo al modelo imperante que en 2011 tomó la forma de no al lucro y educación gratuita no es suficiente para movilizar hoy. Ni por lejos.

La etapa que vivimos es una de conflicto ya en evolución, dinamizado, madurado. Lo que la sociedad demanda es soluciones a una tensión que desgasta, que cansa, más aún cuando el entorno está habitado por otros seres y otras carretas con intereses antagónicos y poder suficiente para movilizarlas.

Destrabar esto, pasa por dejar de buscar la carreta perfecta, nunca lo va a ser, no para sus partes. Lo que verdaderamente importa es volver a ordenar la carga y fortalecerla de sentido, ahora en su forma de demanda estructurada. Discurso claro y comunicable acerca de qué se quiere.

Sin entrar es el contenido del discurso, no en estas letras, creo necesario que se acepte como fútil la pretensión de formar un movimiento ideológicamente homogéneo, camino imposible pues la “fragmentación de posiciones en el interior mismo de los agentes sociales…” hace que “…carezcan de identidad racional última” (Laclau: 2011), es decir intentar construir “un” movimiento sobre la base de sujetos absolutos o generalizables, hace gastar energía en tareas innecesarias, es intentar tirar una carreta sin ruedas. Mucho desgaste para poco movimiento.

El aparente naufragio del movimiento, y que excita a los detractores de la reforma al sistema educativo, puede ser un episodio pasajero, sólo un momento en el ciclo, si es que se acepta que la carreta es importante pero no lo más importante. El éxito depende de la capacidad de los carreteros de volver a relevar la carga, de aclararla, ordenarla, difundirla, en un empeño de mayoría, de movimiento, de integración. “Gratuidad si, Subsidios no”; “Universidad de calidad” ;“Estatales si Privadas no”; “Universidad Si, Deuda No” son demasiados eslóganes para un solo mensaje. Creo yo que ese mensaje es más simple. La educación de calidad es un derecho, es deber del Estado garantizarla. Para esto, el sistema de educación estatal debe ser gratuito en todos sus niveles mediante el financiamiento de sus instituciones. El problema de quien quiera estudiar en universidades privadas es susceptible de subsidio vía becas y créditos, pero son dos temas distintos y mezclarlos un despropósito. Ahora, es sólo mi opinión, una más, entre cientos de miles.

No, el problema no es sólo que la carreta vaya delante de los bueyes o que sea más importante la carreta, el problema de fondo es que el movimiento debe aclarar prístinamente la disyuntiva que propone y que no es otra que derechos universales versus subsidio a la demanda, derechos sociales o derecho a comprar en el mercado.

TAGS: #EducaciónGratuita Movimiento Estudiantil Política Educacional

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