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Fin de la educación: ¿resultados o ciudadanos?

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Resulta pertinente plantearse si preferimos que nuestras niñas y niños sean una especie de maquinas reproductoras de conceptos o bien que sean seres reflexivos que vayan aprendiendo a través de su experiencia, integrando los conocimientos de las diversas disciplinas

El sistema educativo chileno se rige por los principios de mercado, básicamente con la premisa de que la competencia entre escuelas hará que estas se esfuercen por mejorar. Esto debiera traducirse en un mayor aprendizaje de los estudiantes, así lo dice la teoría económica.  No obstante lo anterior, la realidad indica que los resultados chilenos no destacan a nivel internacional (solo a nivel latinoamericano) y que nos caracterizamos por tener un sistema educativo segregado, altamente selectivo y donde el nivel socioeconómico del estudiante y principalmente de la escuela explican gran parte del rendimiento.

En palabras simples, estudian ricos con ricos, clase media con clase media y pobres con pobres. Así también mientras más dinero los padres puedan pagar, más aseguran un buen rendimiento de su hijo (a), no porque acceda a una escuela mejor, sino que a un círculo con mayor capital cultural y socioeconómico.  Ustedes entenderán que hacer competir escuelas que no son comprables es un tanto burdo, tanto así como poner semáforos.

Los sistemas educativos basados en la competencia se caracterizan por altos niveles de rendición de cuentas, lo que se traduce en el uso de evaluaciones para comparar resultados de estudiantes, escuelas, docentes,gestión directiva, financiera, entre otros. Los resultados se vinculan a beneficios para quienes “lo hacen bien” y castigos para quienes “lo hacen mal”. En efecto, los “incentivos” están orientados a obtener resultados en lo que se mide, más allá de las diversas áreas, funciones y propósitos que puede tener la educación para un país. Estos resultados deben obtenerse en el corto plazo, incentivando a descuidar el proceso y se transforman así en un fin lo que a mi juicio es peligroso.

Un estudio que finalicé hace unos meses, indaga en los factores que explica la mejora de Chile en la prueba PISA de lectura entre los años 2001 y 2009.  Una de las variables interesantes de analizar por los “incentivos” indicados en el párrafo precedente y que resultaron significativas, fueron las estrategias de aprendizaje o estudio que utilizan los estudiantes chilenos.  Específicamente se analizó la estrategia de memorización (recordar detalles, repetir conceptos y memorizar) y la estrategia de elaboración (como se asocia lo que se está aprendiendo con conocimientos ya adquiridos de otras disciplinas y en la vida real). Se obtuvo que entre los años 2001 y 2009 aumentó la utilización por parte de los estudiantes de la memorización y disminuyó la elaboración.

Ahora bien, ¿cómo influye esto en los resultados de los estudiantes? Se obtuvo que la estrategia de memorización se relaciona negativamente con el rendimiento de los estudiantes en el año 2001 y su aumento en el período de tiempo analizado, hace que no afecte el rendimiento de los estudiantes el año 2009 (no es significativo). Por el contrario la estrategia de elaboración que se relacionaba positivamente al rendimiento de los estudiantes el año 2001, no afecta el rendimiento el año 2009 al ver disminuida su utilización.

Si consideramos que PISA se enfoca en medir habilidades y aptitudes para analizar y resolver problemas, junto con manejar información que le permita enfrentar situaciones de buena manera en la vida adulta, resulta lógico que la estrategia de memorización no se relacione positivamente con los resultados en lectura y sí lo haga la estrategia de elaboración. Más aún, resulta coherente que en un sistema educativo como el chileno, cuyo fin es obtener resultados que permitan diferenciarme del resto para ganar la competencia, se incentive la memorización (es más rápido y permite obtener resultados en el corto plazo) en perjuicio de la elaboración, que requiere un proceso má sintegral y consiente por parte del estudiante. Para nadie debiera ser unsecreto que preparan para rendir pruebas como SIMCE y que es una práctica cada vez más frecuente en los establecimientos educacionales.

Ante esto, resulta pertinente plantearse si preferimos que nuestras niñas y niños sean una especie de maquinas reproductoras de conceptos o bien que sean seres reflexivos que vayan aprendiendo a través de su experiencia, integrando los conocimientos de las diversas disciplinas.  Por otro lado, ¿es lógico que la escuela tenga como fin mejorar sus resultados o es preferible que su objetivo sea la formación de personas integrales preparadas para la vida adulta y para vivir en sociedad? Más aún, ¿se puede lograr la formación de personas en un contexto de competencia permanente o será más adecuado hacerlo en un entorno colaborativo?

La evidencia indica que más allá de cambiar aspectos puntuales o específicos (como ha sido la tónica en las últimas décadasen la educación chilena), lo que se requiere primero es preguntarse cuál es el sentido que se le quiere dar a la educación chilena para luego analizar las medidas que son necesarias. Si queremos formar ciudadanos, que estén preparados para la vida adulta y que se integren a una sociedad democrática, los cambios en el sistema educativo deben ser de fondo porque al parecer el modelo actual apunta hacia otro horizonte, pese a que quienes lo defienden digan lo contrario.  Si queremos ciudadanos es la educación pública la que debe velar por ello.

Foto: elquintopoder

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