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Estudiantes: El cambio nos pertenece

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Chile, no sería el Chile que es sin aquellos estudiantes valientes y soñadores que se atrevieron, se levantaron y gritaron: ¡este no es el lugar en el que quiero vivir, un país de injusticias, desigualdades y pobreza!

El año 1906, bajo la presidencia del anecdótico liberal Ramón Freire, nace la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). A modo de contextualización, en plena época parlamentaria y con un presidente integrado a la política, en sus inicios dentro de ésta, por el autoritario Manuel Montt, parecen reencontrarse antiguas divisiones en relación a la forma de concebir la sociedad. Durante la presidencia de Montt, debemos recordar, fue fundado el partido radical con apoyo del Sr. Pedro León Gallo, quien hubiera emprendido un levantamiento contra el déspota. De este partido, justamente, sería parte don Valentín Letelier, rector de la Universidad de Chile en aquel entonces y acérrimo defensor de la fundación de la FECH. Estos radicales de innovadoras ideas, partidarios de la federación, jugarían un papel esencial a lo largo del siglo en la defensa de la educación.

Desde sus inicios, la FECH, única federación estudiantil en aquel entonces en Chile y dentro de las pocas existentes en Latinoamérica, se manifestó a favor del pueblo, del obrero, del desposeído que en aquel afán de buscar un mejor porvenir para su familia, llegó del campo a la ciudad y se encontró con un horroroso escenario, el que expuso al mundo Max Westenhofer, en el informe que lleva su apellido, donde se señalaba la dramática realidad chilena: falta de alcantarillado, conventillos y desvalorización de la moneda, entre otros. Irónico resulta, que quien resultó para ese tiempo ser uno de los más castigados personajes por exponer la realidad chilena, la “Cuestión Social”, lo hizo con fines netamente científicos. Al ser expulsado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en la que ejercía y exiliado de Chile, la FECH, a sólo cinco años de su fundación, ya protestaba masivamente por la lamentable situación. No se trataba de defender a Westenhofer solamente, se trataba de evidenciar la cruda realidad que se vivía en aquel entonces en Chile. La FECH desde entonces marcó el primer precedente importante para la intervención del estudiante organizado en la sociedad chilena, legado no relativizado y mantenido casi como dogma por las distintas federaciones y organizaciones estudiantiles que, a lo largo de la historia de nuestro país, han luchado incansablemente por derrocar la opresión a las clases oprimidas, por destruir la estructura de la injusticia legada por pocos y reafirmada por muchos.

El año 1967, en el contexto de un siglo de incipientes alzamientos estudiantiles en pos de una reforma universitaria que permitiera lo afirmado por la FECH, que se sumaba a la propuesta de Córdoba, Argentina, unos años más adelante y decía “Obtener la representación de los estudiantes en los organismos directivos de la enseñanza, la autonomía económica de la universidad, el estado docente y educación nacional gratuita y laica”. Ante los ataques de El Mercurio, medio que hoy es conocido por haber recibido dineros directamente de la CIA para financiar una campaña de “terrorismo mediático” contra el democrático gobierno de Salvador Allende, los estudiantes izarían un gran lienzo con la célebre frase “Chileno: El Mercurio Miente”.

En ambos casos, ambas casas universitarias, organizadamente nos enseñaron a tener esperanza en los cambios, ya que se podían lograr. En el caso de la aspiración del 1911, a mejorar la situación de la “cuestión social”. Si bien no se vería erradicada totalmente, se enfrentaría de frente y aceptando su existencia. Unos años más tarde ello se logra durante los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, bajo el lema “gobernar es educar” y de Juan Antonio Ríos “gobernar es producir”. Por otro lado, la universidad católica en conjunto con los otros ya formados actores estudiantiles de los sesentas y setentas, lograrían una notable participación en la reforma universitaria, al menos hasta donde la democracia lo permitió, ya que unos años después el proceso sería abruptamente cortado por obra de la dictadura. No está demás, por cierto, mencionar el importante rol que tuvo la FECH y estudiantes de la Universidad Católica, entre los que se cuentan Eduardo Frei Montalva y Bernardo Leighton, en la caída del gobierno del pseudo-dictador Carlos Ibáñez del Campo, en 1931.

Sin entrar en más ejemplificaciones, resulta esencial dimensionar el papel que han jugado los estudiantes frente a los cambios en nuestro país, desde una perspectiva histórica. Chile, no sería el Chile que es sin aquellos estudiantes valientes y soñadores que se atrevieron, se levantaron y gritaron: ¡este no es el lugar en el que quiero vivir, un país de injusticias, desigualdades y pobreza!

La Nueva Mayoría, extensión de la Concertación, sin embargo, con el adherente del supuesto “plus” del Partido Comunista, que cree ingenuamente tener la posibilidad de cambiar un espacio que más conformado no podría estar, consiste básicamente en una canalización de lo que como estudiantes salimos a las calles a gritar el año 2011 y 2012, metódicamente equivocada, eso sí. Nosotros, fuimos quienes difundieron los actuales clichés del gobierno “no al lucro”, “educación gratuita” y “educación de calidad”, que lamentablemente parecen quedarse sólo en clichés, sin ver aquellos efectivos y osados movimientos estructurales que el pueblo tanto espera. Somos, en efecto, el motivo del 62% de Michelle Bachelet; nos pertenece, su campaña no consistió en lo que ha hecho por Chile la Concertación, consistió en lo que el pueblo quería estudiar, en consecuencia, lo que nosotros llevamos gritando al pueblo mucho antes de que esta señora oportunista nos quitara la idea.

Estudiante, hoy salir a las calles no es tan fácil como lo fue ayer. Como alguien que marchó en aquellas masivas manifestaciones del 2011 y 2012, he observado cómo el movimiento en apariencia decae. Las marchas ya no congregan ni un tercio de lo que solían reunir, los cambios no han llegado y parecemos estar agotados. El comunismo-libertario toma fuerza, como una manifestación de la disconformidad, pero también de la intransigencia al fondo de nuestras legítimas demandas, que no es mala intrínsecamente, pero que supone un riesgo enorme para la posibilidad de concretar cambios en nuestro país.

Hoy, estudiante, el cambio te pertenece. Como generaciones anteriores, hoy nos toca salir a la calle y cobrar aquel cheque con nuestro nombre que ya ha sido escrito. No podemos siquiera pensar que no hemos avanzado, hemos cambiado nuestro país, ahora debemos inmortalizar nuestro aparentemente superficial cambio, pero vivo y ardiente dentro de cada uno de nosotros.

TAGS: #Reforma Educacional

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20 de agosto

Los estudiantes han sido fundamentales cuando lo que se busca es cambiar el país a través de reformas estructurales, de esas que alteran la situación precedente en favor del pueblo. En el 2006 irrumpieron en las calles para reafirmar que este sistema no da para más, que la educación debe ser pública, gratuita, de calidad, definida y entendida incluso como un derecho humano. En ese contexto, la revolución de los pinguinos y la lucha de los estudiantes universitarios se manifesta a favor de todos, de los trabajadores, también de aquel desposeído que vive de las migajas de un régimen basado en el libertinaje de los mercados porque lo que se intenta es reconstruir Chile en términos más justos y democrático.

Resulta esencial redimensionar el rol jugado por los estudiantes en el cambio social; de hecho hoy hablamos de educación gratuita, al modo que ellos lo plantean, de Asamblea Constituyente Autoconvocada, del fin del lucro, del negociado que significan las isapres y las AFP gracias al movimiento estudiantil. Pero, si nada se ha logrado en términos prácticos y si de ese modo la tan promocionada “reforma” educativa del gobierno no aborda los problemas fundamentales y el hecho de que la misma continuará siendo un bien de consumo, nos muestra que los estudiantes no son una clase revolucionaria, que quienes están llamados a cambiar el país somos los trabajadores, que por lo tanto para que esa transformación se produzca debe existir un compromiso concreto, más allá de las declaraciones de buenas intenciones, de la mayor parte de los asalariados para con nuestros jóvenes y sus batallas. Ahí se comprende a cabalidad la importancia de que los profesores rechazaran la propuesta del gobierno dándole una cachetada a la conducción de Jaime Gajardo.

Hernán Guíñez Monca

21 de agosto

Interesante artículo,sólo quisiera complementar que durante la dictadura las federaciones universitarias tuvieron un rol fundamental levantando y manteniendo la movilización social. Lo interesante es cómo a partir de la Revolución Pingüina, los estudiantes secundarios asumen el rol protagonista, nadie había previsto la capacidad que tendrían de organizarse y los efectos que provocarían.
Creo que el gran dilema hoy es que aquellos jóvenes que pertenecen a partidos integrantes de la Nueva Mayoría se ven enfrentados a la disyuntiva de si responden al movimiento estudiantil o a sus partidos.

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