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¿Es útil enseñar filosofía, ética o religión?

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La pregunta tiene para algunos una respuesta clara: ¡Saquen todo lo que les haga pensar! ¡Vendamos los libros muy caros para que así nadie tenga la posibilidad de adquirir conocimiento y convertirse en sujetos críticos! ¿De qué te sirve reflexionar si lo que importa en la sociedad de mercado es producir bienes tangibles que puedan tasarse en la oferta y la demanda? ¿Qué produce la filosofía, la religión o la ética?

Otros, en cambio, más utopistas, creemos que nuestras disciplinas aún contribuyen a crear un proyecto de humanidad que enfrente, crítica y dialogantemente, la realidad social presente.

Lo que pretendemos en estas líneas no es realizar una apologética de nuestras propias vocaciones como pedagogos en religión, filosofía o ética, sino generar un espacio de reflexión sobre la irrenunciable vocación al pensamiento, al aprender por aprender, al vivir inmersos en la acción intersubjetivamente subversiva del diálogo con otros, desde temáticas tan abstractas pero tan ciertas como las que desempeñamos profesionalmente.

Primer momento: ¿En qué estamos como sociedad?

¿Cuál es el motor de praxis en la sociedad actual? Respuesta: producir bienes de consumo. Así lo manda el neoliberalismo. Es más, hay un decálogo del “Imperio”, regido por una “teología neoliberal” y por una “ética del mercado”. Es en medio de la “dictadura del mercado” en la cual nacen mandamientos tales como:

  • “Tenderás a eliminar cualquier forma de propiedad pública, dejando el Gobierno de la Sociedad en manos de empresas privadas.
  • En todas tus acciones defenderás la prioridad de la economía sobre la ética y la política.
  • Renunciarás a defender la justicia social, superstición estéril, y a practicar el altruismo, actitud cuasi religiosa igualmente estéril.
  • No tendrás en cuenta las necesidades de los pobres, los marginados y los excluidos, que son población sobrante y no generan riqueza; practica el darwinismo social”[i]

La dialéctica de la sociedad de mercado favorece justamente la exclusión de todo aquello que tenga que ver con lo público, los proyectos éticos, el concepto de justicia social, visto por muchos como marxista[ii] o lo religioso como opio.

Veamos la realidad de cargas horarias en los colegios de nuestro país. Horas promedio de Filosofía: dos a la semana, divididas en psicología para el NM3 y en filosofía para el NM4. En algunos colegios más avanzados se está utilizando e implementando el programa de “Filosofía para niños”, que consiste en la búsqueda del desarrollo del pensamiento abstracto desde los primeros cursos básicos. En otros establecimientos educaciones se propone lo que se conoce como “diferenciados” o “electivos” de Filosofía, divididos en “Teoría del Conocimiento” y “Lógica y Argumentación”.

Es el panorama de Filosofía. El caso de Religión es menos auspicioso.

En algunos colegios, en su mayoría confesionales, se continúa enseñando Religión. En otros, en su mayoría laicos, se ha cambiado Religión, sacándola de las aulas y proponiendo lo que se conoce como “Desarrollo personal”, que es una especie de clases de valores o de ética.

Junto con la educación bancaria, aparece la educación de corte liberadora o dialógica. Ella se resume en lo siguiente: “el educador ya no es sólo el que educa sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Así, ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos (…) ahora, ya nadie educa a nadie, así como tampoco se educa a sí mismo, los hombres se educan en comunión y el mundo es el mediador”[iv].

Por experiencia directa, la situación educativa en los colegios no es muy auspiciosa para los docentes. A nivel de las mallas curriculares, Religión, por ejemplo, no aparece evaluada con nota, sino que con conceptos (MB, B, R, etc). Se la promedia generalmente con Historia o Lenguaje. Lo mismo pasa con Filosofía, aunque en su mayoría sí se la evalúa con nota sumativa, la que se conoce popularmente como “directa al libro”.

Es difícil no pensar y recordar a Paulo Freire, el insigne pedagogo brasileño quien divide la pedagogía en la de carácter bancaria y en la de tipo liberadora. A grandes rasgos, la educación bancaria la define Freire en los siguientes términos: “es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que juzgan ignorantes. Donación que se basa en una de las manifestaciones instrumentales de la ideología de la opresión: la absolutización de la ignorancia, según la cual ésta se encuentra siempre en el otro”[iii]. Esta educación es de carácter pasiva. Se enmarca en un monólogo dirigido por el que sabe a los que no saben. La barrera de la separación es insalvable. La ignorancia acusada por Freire es la misma que la ideología del mercado propone como experiencias únicamente válidas de aprendizaje. ¿Cómo se manifiestan? Eliminando espacios de aprendizaje dialógicos como la experiencia filosófica, la comprensión de la religión o la interiorización de la ética. ¿A quiénes salva la educación alienante? A aquellas áreas que significan un saber productivo, sin despreciar a aquellos colegas que enseñan asignaturas diferentes de las nuestras.

Segundo momento: Utopistas de la “dialogicidad”

Junto con la educación bancaria, aparece la educación de corte liberadora o dialógica. Ella se resume en lo siguiente: “el educador ya no es sólo el que educa sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Así, ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos (…) ahora, ya nadie educa a nadie, así como tampoco se educa a sí mismo, los hombres se educan en comunión y el mundo es el mediador”[iv].

Lo que se propone este tipo de educación es problematizar el mundo, es decir, pensarlo, crearlo y recrearlo continuamente. Ahora bien, son justamente nuestras disciplinas las que favorecen la reflexión utopista y subversiva, entendiendo por lo subversivo aquello que está bajo el verso o la historia oficial. La memoria social que impera en la sociedad de mercado es una de carácter oficial, alienante, y que utiliza elementos legitimadores de una praxis excluyente. Será justamente en la educación, entendida como motor de cambios sociopolíticos y culturales que se logre recrear el espacio público.

Sí, contertulios y contertulias: la religión, la filosofía y la ética -sus planteamientos y la enseñanza que hagamos de ellas- son esas herramientas que se utilizarán en una historia que no está concluida. P. Freire hablaba de que los educadores y los educandos son seres que se “están haciendo”, que poseen “intencionalidad” y que tienen la capacidad de la “dialogicidad”. La educación reflexiva, la problematizadora y liberadora, son pedagogías que se deben a un quehacer permanente. Son contrarias, proféticamente hablando, a la educación bancaria. Ojalá que aunque nuestras disciplinas no produzcan un elemento de consumo, no provean al mercado de objetos para tasarlos en las dialécticas de oferta y demanda, podamos encontrar en ellos espacios utópicos, y que seamos capaces de soñar con que la humanización es aún un proyecto viable para todos.

 

[i] TAMAYO, JUAN JOSÉ. Otra teología es posible, pluralismo religioso, interculturalidad y feminismo. Biblioteca Herder, Madrid, 2011, p. 122.

[ii] El Obispo Católico Hélder Cámara de Brasil (1909-1999), decía recurrentemente: “Si ayudo a los pobres me dicen SANTO. Si en cambo pregunto porque los pobres están en esa situación me acusan de COMUNISTA”.

[iii] FREIRE, PAULO. Pedagogía del Oprimido. Siglo Veintiuno Ediciones, Buenos Aires, 2002, p. 79. Algunas de las características de este tipo de educación (la bancaria), son: el educador es el único que educa, él es el quien sabe, los educandos no saben. El educador es el sujeto del proceso, los educandos no son capaces de pensar. El educador es quien actúa mientras que los educandos son aquellos a quienes jamás se escucha. Y lo más grave, el educador es el sujeto, los educandos los objetos.

[iv] FREIRE, PAULO. Pedagogía del oprimido., p. 92.

Foto: Materiales de filosofía

 

TAGS: Educación Alternativa

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Comentarios

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04 de Septiembre

La tendencia neoliberal dictamino que era perder dinero toda ensenanza de tipo humanista. Era cara ademas de la perdida de tiempo y asi se dedicaron los nuevos sistemas educacionales a impartir ensenanzs practicas que pudieran generar ganancias en cualquier campo al que se dedicaran. Con ello lograron cerrar la vision amplia que estas disciplinas generaban en los futuros profesionales, los que hoy dia pueden solucionar “el” problema pero incapaces de algo mas. Carecian de una cosmovision mas amplia y analitica que viera no solo “el problema” sino que las implicancias que ellas generaban. Los departamentos de Recursos Humanos hoy dia se han dado cuenta del error y prefieren contratar quienes se han aducado en estas artes “liberales y humanistas ya que son los unicos que tienen una vision amplia que los capacita para entregar soluciones cualquiera que sea el campo donde se les ubique: ingenieria, medicina, educacion, arquitectura, vida publica.

04 de Septiembre

Estimado Sergio. Gracias por el dato de los departamentos de Recursos humanos. ¿Hay algún estudio que muestre este fenómeno? Gracias y saludos para ti.

solopol

05 de Septiembre

Me ha gustado mucho la columna, siempre he sido de la opinión de lo que resuelve un problema, es útil. La visión imperante tiende a considerar útil sólo ciertas cosas, se ha apropiado del concepto de “utilidad” reservándolo para ciertas ocupaciones o preocupaciones. Se habla a veces de “los problemas reales”, en mi opinión un problema de relaciones humanas es un “problema real”, la angustia es “un problema real”, así como muchas situaciones humanas. ¿Como se puede resolver por ejemplo una situación social de desconfianza, apatía, egoísmo, si no se le considera en sí mismo, un problema? La ética o la filosofía sí pueden resolver un problema, por tanto sí son útiles: todo lo que ayude a resolver situaciones o estar mejor, en cualquier plano, es útil. No debemos dejar que la visión imperante distorsione esta realidad, relegando el humanismo sólo para el terreno especulativo, ideativo, cuando en realidad tiene una aplicación práctica. Incluso para quien pueda tener una postura extremadamente materialista y mercantilista, hay que recordar que la economía es una ciencia social: y por tanto se basa en confianzas, desconfianzas, relaciones humanas. Por tanto, el humanismo tiene que ser promovido y enseñado en las escuelas, como parte de la formación de cualquier persona. Porque una sociedad sin reflexión acerca de sí misma acabará teniendo un problema, y los problemas se resuelven con soluciones. Y la filosofía es una solución. Saludos

05 de Septiembre

Agradezco el comentario de Gio. Pienso también en la reforma educativa. En Historia por ejemplo se piensa quitar muchos siglos de historia, casi dejar sólo el siglo XX y la Gran Guerra. ¿Dónde quedará la admiración de los griegos por el cosmos? ¿Cómo podremos interiorizar la especulación teológica de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos latinoamericanos que se han jugado su vida por los pobres? ¿Qué fundamentos éticos tendremos para educar esta generación?

05 de Septiembre

Ay dios.

¿Siguen insistiendo en esta tonteria? Recuerdo que cuando estudiaba en la Chile estaban con esa: solo estudiemos el siglo XIX y XX, estudiemos historia de America contemporanea, no mas griegos, no mas romanos… Ya, pero resulta que explicar por ejemplo el conflicto de El Salvador o Nicaragua o Colombia implica retroceder hasta la colonia, donde se gestaron los problemas sociales y economicos de nuestra America que derivaron en conflictos internos y externos. ¿Y como entender la democracia sin siquiera comprender minimamente a los griegos? ¿Que gran filosofo actual puede decir que todo lo penso solo, que nunca leyo a ningun filosofo griego, romano, medieval? Vamos, es imposible comprender nuestro sistema juridico- politico sin saber quien es Kant o Hegel.

Realmente triste que persistan en esta idea absurda de transformar a la gente en robot que no sepan pensar por si mismos y en unos completos ignorantes.

05 de Septiembre

Para el neoliberalismo- esta sociedad basada en el individualismo, en el libertinaje del mercado, en la flexibilización de nuestros derechos y en la tercerización laboral- no hay nada más peligroso que las ciencias del hombre. Las combaten porque a los dominantes no les conviene contar con una masa crítica de trabajadores, de hombres libres, autónomos, solidarios, comprometidos con el bienestar social y con las necesidades de la mayoría. Ocurre que el saber, las ciencias sociales y las naturales incluso, la filosofía, la ciencia política, la sociología, la antropología, la teología y hasta la física, la química, las matemáticas o la geometría no tienen relación alguna con la búsqueda de una verdad absoluta, al modo de los antiguos griegos, sino que en primer lugar tienen que ver con el poder.

En otras palabras, el conocimiento y demás es una herramienta fenomenal de control, de sometimiento, de abuso y sumisión de las mayorías en favor de los intereses que reivindica la élite. Por lo mismo, nuestro saber no es objetivo, imparcial ni mucho menos racional. ¿Acaso la derecha neoliberal no recurre a cualquier estrategia, sea ésta violenta o no, cuando se trata de defender sus privilegios de clase? Definitivamente es muy útil enseñar y saber de filosofía, de religión y de ética, de política o de aritmética. Precisamente lo que nos diferencia de la derecha son nuestros valores que insisten en la igualdad, en la fraternidad y en la libertad, todos derechos que una vez los revolucionarios franceses quisieron hacer suyos para finalmente demostrarnos que no estaban a la altura de las circunstancias.

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