#Educación

El bullying como síntoma: La verdadera enfermedad de la educación

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El bullying es el síntoma. La enfermedad es otra: tiene que ver con una versión de la "sana" convivencia escolar. Con esa versión de la convivencia que pretende hacer de las escuelas verdaderos campos de concentración, con alambradas, reflectores, perros y kapos. Y con adoctrinamiento en "valores" al estilo de "Sopa de Pollo para el Alma".

Hay malas noticias para quienes propugnan esa visión de convivencia: los chiquillos y las chiquillas van diez pasos en otra dirección; su música es el "perreo" y sus programa, Yingo u otros. Malas noticias para los profesores y profesoras, a quienes ya no temen, y muchas veces ni siquiera respetan.

Y es que una ley referida a la convivencia en educación, discutida en un parlamento que se supone la máxima expresión de la democracia, no puede omitir el hecho de que la construcción de la convivencia, en cualquiera de sus ámbitos, incluso en la más pequeña y alejada escuela rural, es un hecho político. Un hecho que tiene que ver con "las mentes y los corazones". Ese mismo parlamento no puede reducir la normativa de la "sana" convivencia sólo a la modificación del Artículo 15 C para agregar nuevas sanciones en los reglamentos internos.

La convivencia no se reduce a reglamentos, sanciones, y sopa de pollo para el alma. Esa concepción estrecha no conduce al desarrollo moral autónomo de nadie y el resultado final es el que ya tenemos: se pide un carabinero por cada barrio, cada manzana, cada esquina y cada casa. 

Es el momento de mirar los temas de bullying y violencia escolar como una resultante del desmoronamiento de la escuela como institución que forma para la convivencia democrática y proponerse reconstruir ese sentido. Por ejemplo, volver a hacer de los profesores jefes verdaderos líderes formadores de procesos democráticos en cada consejo de curso; hacer de los inspectores los articuladores de procesos de capacitación en métodos y procedimientos de discusión y elección respetando las reglas de la democracia a todos los colectivos de la escuela: a los centros ed alumnos, los centros de padres, los consejos escolares; incentivar la participación de los estudiantes en la gestión de la convivencia creando las Repúblicas Escolares: En fin: cambiar de una vez y para siempre la errónea concepción que mejora la convivencia con con campos de concentración, para tratar aquello que de verdad importa: convivencia democrática, forja de ciudadanos; desarrollo moral autónomo. 

* Alfredo Rojas Figueroa. Profesor de Estado en Historia y Geografía. Autor de Bases del Liderazgo en Educación con Fernando Gaspar  (UNESCO, 2006) y  Construyendo Autoridad Moral desde el Aula, con Nora Lambrecht (UNESCO, 2009).

Foto: Chesi / Licencia CC

 

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pablo-toro

05 de octubre

Alfredo: me parece interesante tu reflexión. Me atrevería, sin embargo, a dar una interpretación alternativa a los elementos que señalas. Siguiendo la metáfora clínica que utilizas. diría que la «sana convivencia escolar» que señalas no es la enfermedad de la cual el «bullying» (¿por qué no mejor la violencia escolar?) es el síntoma, sino que es un mal remedio: un pésimo remedio, asunto en el que concuerdo contigo, en la medida en que en esa noción se centra la expectativa de solución en medidas principalmente administrativas. En realidad, no es la «sana convivencia escolar» la enfermedad: es probable que la real enfermedad se trate de un mal difícilmente evitable, que tiene que ver con que la escuela, como la conocemos, cuenta cada vez con menos consenso social (entre otras fuentes de su erosión como espacio legitimado están las propias transformaciones del pensamiento pedagógico y los cambios tecnológicos que la han convertido en un sitio con riesgo de caducidad).
Los mecanismos de solución que señalas son, de puro viejos, profundamente nuevos. A inicios del siglo XX existieron experimentos de Repúblicas Escolares en nuestro país e instancias de ese tipo acompañaron el desarrollo del sistema educacional hasta el trauma de 1973. Concuerdo en que nunca es un mal momento para volver a darle protagonismo a iniciativas que persiguen fines tan positivos como la formación moral autónoma.
Gracias por tu interesante columna.

05 de octubre

Muchas gracias por tu comentario, Pablo.
Puede que no haya una sola verdad, en este o en ningún tema. En realidad, no hay ninguna realidad. Solamente interpretaciones que nos hacen sentido, y que están bien o mal fundadas. Mi mirada hoy es política. No puede el Parlamento discutir un tema que está en el corazón de la democracia, como es la construcción de convivencia escolar, reduciéndolo al bullying, o a la violencia sin entrar a discutir la formación de ciudadanos. Ah… tuve el honor de hacer clases en un Liceo Experimental, en donde el co-gobierno de estudiantil era una realidad en los años sesentas.

05 de octubre

Mi hijo desdce el 2008 y todo el 2009 fue víctima de violencia escolar en un colegio abc1, su agresor campea por lo patios hasta el día de hoy, con la complicidad activa y pasiva de la comunidad escolar, agotamos todas las acciones pacíficas para enmendar la situación, asumimos las necesidades especiales a un costo enorme – emocional y eoonómico -, del colegio: nuestro profesores no tienen las herramientas para trabajar con necesidades especiales, finalmente al mío le cancelaron la matrícula, previamente habian sugerido cerrar el año a fines del 1er semestre; el agresor lo que hace son solo travesuras (la última: reventarle un globo con agua en la oreja a un compañero, tuvo suerte de no reventarle el tímpano).
¿dónde comienza y se acaba la convivencia? cuando todos miran para el lado, entonces los caminos de acuerdo y construcción se van agotando y entras en el ámbito de la propia defensa y protección.
Hoy mi hijo está en otro colegio, y el marco normativo es claro pues se utiliza, es consistente en sus señales y acciones, lo cual lo legitima cada día.

05 de octubre

Gracias por tu comentario, Miguel.
Lo que señalas coincide plenamente con el tema de mi libro, Construyendo Autoridad Moral desde las Aulas. Su referencia está al final demi artículo. Es descargable desde Internet

pablo-toro

05 de octubre

Totalmente de acuerdo con lo que señalas, Alfredo. El meollo del problema es que la «convivencia escolar» no debiera ser un componente aislado, una especie de «problema técnico» con «soluciones técnicas» solamente. Requiere, creo, de referencias de más largo alcance a la formación ciudadana. Eso está, sin duda, en el centro de la experiencia de gobierno estudiantil que viviste en ese liceo que me comentas.

06 de octubre

Creo que es un probelma educativo originado en al casa y en la escuela: la no existencia de accion-consecuencia en el mal actuar. Niños criados por la nana o por la television. Que ponen sus propias reglas. que se les ponen casitigos que luego no se aplican. Padres que no aplican la misma regla o simplemente no las imponen como rectores de la casa. El niño comienza a entender que el pone las reglas, que puede manipularlas y manejarlas a su antojo.
Muchos crecimos sabiendo bien que si nos portabamos mal, era irse temprano a dormir, sin television. Hoy no hay castigo, la pieza de los niños tiene television, computador y demas. no hay realmente una consecuencia palpable para ellos.
Eso se traduce en el colegio. Como hace mucho (y me parece muy bien por lo demas) los profesores no tienen ningun atributo punitivo, salvo una anotacion en el libro de clases , que nuevamente no tiene efecto en los padres, la escuela no tiene un efecto que contrarreste lo que ya viene mal desde la casa.
Ese es el caldo de cultivo de la estratificacion entre estos machos y hembras «Alfa», que reinan a los que se someten, los abusados.
Esta claro, al menos para mi, que si no se fomenta el respeto y la conciencia del otro en el hogar, nada puede hacer un profesor que ya esta desautorizado por la falta de autoridad de los padres.

07 de octubre

Lo que afirmas es cierto, estamos ante la presencia de un fenómeno social mayor: la autoridad patriarcal tradicional, basada en el derecho del «pater familias» a marcar e imponer su ley por el doble hecho de ser el proveedor y de ejercer violencia física sobre sus hijos (e incluso su mujer), sometido a su vez a la sumisión de instituciones patriarcales y autoritarias como el «patrón», el «juez», el «padrecito», etc. desapareció. La autoridad basada en la violencia, y en instituciones que ejercen control absoluto ha sido puesta en cuestión. El respeto al derecho comienza a se la base de nuestras instituciones. Las NNUU plantea el respeto a los Derechos Humanos, a los Derechos de los Niños, el fin a los castigos físicos por ser «inhumanos y degradantes». Sin embargo, en medio de ese avance hacia la civilización, algo se cuela por la ventana: la «cultura de la calle», la violencia como recurso «a la mano», que surge de los medios, el cine, la TV, los videojuegos, y cuyos principales cultores son el lumpen (en todas las clases sociales), y los jóvenes flaites, etc. fortalecidos hoy más que nunca por el narcotráfico, y por el consumo de alcohol, cannabis y otras sustancias en esa institución llamada «carrete». La tarea de los padres y los docentes hoy, es aprender a construir Autoridad Moral. Y de los gobiernos e instituciones, ejercer el derecho de forma irrestricta, con apego al Imperio de la Ley. Y terminar con el narcotrafico y la cultura de horda que de él deriva.

22 de octubre

Alfredo

Siempre me he preguntado de donde viene esta visión compartida por muchos de la escuela como campo de concentración, con adoctrinamiento en «valores» tipo «sopa de pollo para el alma»… lo unico que tengo claro es que esa visión se sustenta en creencias, que muchas veces son inmune a los argumentos y a la razón.
un abrazo
Nelson
Supervisor Mineduc Deprov Quillota.

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