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Educación pública y gratuita: Yo te ayudo ¿tú a mí?

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¿queremos una educación que sea beneficiosa para nosotros mismos como individuos, o estamos dispuestos también a ser recíprocos con la sociedad y el Estado para, en términos prácticos y humanos, aportar desde nuestras subjetividades y áreas de conocimiento a intentar forjar un país un tanto menos desigual?

No cabe duda alguna que las movilizaciones estudiantiles del año 2011 lograron instalar, entre otras muchas cosas, el tema de la educación en la agenda pública y política. Para las elecciones presidenciales y parlamentarias del pasado año 2013 fue objeto obligado de discusión el hecho que los/as candidatos/as se pronunciasen sobre este polémico asunto. Ya sabiendo los resultados de esas elecciones, guste o no, nuevamente la concertación ganó en las urnas y asumirá prontamente sus funciones gubernamentales el 11 de marzo. La electa presidenta Bachelet junto a su gabinete tiene un programa político bastante ambicioso y marcado por tres grandes reformas: constitucional, tributaria y educacional.

Mucho hemos oído y leído estos últimos tres años a distintas personalidades y especialistas sobre la educación. Grosso modo, sabemos la opinión que tienen, por ejemplo, los ex dirigentes estudiantiles y ahora actuales diputados/as electos/as: Gabriel Boric, Giorgio Jackson, Camila Vallejo y Karol Cariola. Estos/as cuatro parlamentarios/as tienen varios puntos en común sobre la educación: la consideran como un derecho social universal, garantizada por el Estado, gratuita, pública y de calidad académica. Cuestión que en lo personal comparto plenamente. Y me parece que esas ideas fueron las banderas que adoptó y a las que se aferró el movimiento social por la educación.

Ahora bien, lo que me gustaría plantear como reflexión es pensar un poco sobre si hablamos de una educación como parte de un modelo neoliberal o como otra de tipo totalmente distinto. Los/as que estamos a favor por cambiar, aportar y hacer lo posible para que definitivamente en Chile se modifique la educación, hablamos de un nuevo paradigma. Es decir, que exista un cambio de mentalidad y en la forma en que concebimos la educación. Lo voy a intentar explicar de dos formas que no son excluyentes, pero sí distintas.

Estamos discutiendo si deseamos una educación pública, gratuita y de calidad para nuestro propio beneficio individual, para saldar nuestras deudas y emerger personalmente, o estamos hablando de una educación que efectivamente cumpla con lo anterior, pero que además estemos dispuestos/as a retribuir -asumiendo que sea gratuita y de excelencia- a la sociedad con nuestro trabajo por un período de tiempo. Podemos comulgar con que es un derecho social tener educación, pero pienso que también tendríamos deberes para con nuestros pares y con el Estado. Cuando se dice gratuidad educativa (sin ser majadero) la comunidad entera, por medio de impuestos al Estado, estaría costeándonos a todos/as la educación y así tendríamos acceso sin costo a ella.

Por lo tanto, de aceptar una educación pública, gratuita y de calidad para todo/as, deberíamos además tener un compromiso de retribuirle al Estado y a la sociedad con nuestro trabajo, una vez siendo profesionales graduados/as. Una forma de hacerlo sería desempeñarse en el sector público o donde más se requiera gente capacitada por un período determinado. Esto se hace en países socialdemócratas desarrollados y claro está que si una persona, más bien de izquierda, ideología que comparto, está interesada efectivamente en el bienestar común y colectivo, pretende ayudar a construir no solo un país, sino un mundo algo más justo, debería también sentirse comprometida a contribuir a eso. Todos/as tenemos derechos y también deberes, uno muy importante, como la salud y la vivienda, es la educación.

Por eso ¿queremos una educación que sea beneficiosa para nosotros mismos como individuos, o estamos dispuestos también a ser recíprocos con la sociedad y el Estado para, en términos prácticos y humanos, aportar desde nuestras subjetividades y áreas de conocimiento a intentar forjar un país un tanto menos desigual? ¿Seguiremos concibiendo la educación dentro del sistema del libre mercado, o en serio queremos un nuevo paradigma? Como decía antes, no son términos excluyentes porque la educación también es de crecimiento personal, reflexivo. Pero también hay un componente social de ayuda colectiva importante en ella si estamos de acuerdo con las banderas de lucha del movimiento estudiantil.  Yo te ayudo ¿y tú a mí?

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Imagen: Wikimedia Commons

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Comentarios

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25 de febrero

Hay cosas que el neoliberalismo no tendría que tocar por ningún motivo, la salud, las pensiones y por supuesto la educación, esto por una sencilla razón, el mercado busca lograr la máxima ganancia en desmedro de la calidad, no hay nada ético en ello, lo entiendo pero cuando se margina a las personas por que se toman como elementos de riesgo de una inversión, creo que hemos perdido nuestro norte.
Soy de la idea que un país que no invierte fuertemente en educación y apunte a una calidad de excelencia esta perdido, hoy en día Chile es un mero extractor de recursos, que va a pasar cuando se acaben o encuentres sustitutos a las materias primas que exportamos, la gran riqueza de nuestro país esta en su gente, cuanto talento se pierde en este preciso momento por no tener un sistema de que le saque provecho a ese talento en bruto!!! yo tb creo en una educación gratuita para todos sin excepción, tb como dice el autor creo en las deberes que debemos cumplir como ciudadanos, en pensar mas en todos nosotros y no solo en uno mismo.

25 de febrero

Estamos en la misma línea Marcelo. La «revolución» de la que tanta gente de «izquierda» se jacta es doble, pienso yo. Tu propia revolución interna personal, para luego intentar cambiar lo que te rodea. Dejar de ser excesivamente individualistas y miopes, para pensar, como lo aseveras, en un nosotros. Cada persona tiene su propia subjetividad y está excelente que así sea, somos distintos/as. En cosas que atañen a la polis, pienso que si de educación se trata, si es que compartimos la idea de una educación más equitativa y gratuita, también tenemos la responsabilidad y compromiso con la comunidad de hacer valer esa misma educación.

Saludos!

25 de febrero

Me parece muy acertada tu propuesta de discusión. Creo que precisamente todo esto dice relación con el concepto de calidad. Me explico, si bien en relación a las temáticas de acceso y financiamiento el propio movimiento social por la educación ha desarrollado métodos y propuesto soluciones latas y bien sesudas, la demanda por calidad hoy parece ir a la cola, y lucir más como una figura literaria que embellece nuestra demanda y nuestra proposición política, y no erigirse como un llamado de atención, como una sustantividad con un análisis descriptivo y prescriptivo claro.

Ante todo, lo anterior no es baladí pues justamente, desde mi perspectiva, aun cuando en nuestro país se constituya un sistema educacional gratuito, con mejores figuras que faciliten acceso igualitario, y con una promoción y sustento público importante, el neoliberalismo puede seguir perfectamente utilizando a la educación como una herramienta a su favor.

Por lo anterior es que creo que demandar calidad hoy debe dotarse de contenido, y ese contenido debe ser el combatir el actual concepto excelentista e individualizante de calidad que hoy impera en nuestra educación y modo de entender el acenso social. Frente a esto creo necesario proponer la educación como una disciplina (de su filología discipular) de colaboración social y bien común; como un «lugar» de des-cubrir y des-cubrirse, y como un tránsito de reconocimiento de sujetos social y ambientalmente conscientes; no como un trampolín económico y de estatus.

Saludos fraternos!

25 de febrero

Juan Pablo, muchas gracias por tu enriquecedor comentario. Exactamente, la educación entendida también como un proceso de auto-descubrimiento y de reconocimiento de otras personas como un par tuyo, como un igual a ti involucra, como bien dices, la colaboración y la solidaridad en pos de aportar en algo al mundo en el cual vives. Que la educación no nos discipline como personas inhumanas, cuasi robots que actúan solo por inercia y solamente capacitadas para replicar un pensamiento una y otra vez.

Saludos fraternos de retorno!

Jorge Silva

26 de febrero

José,
excelente columna e idea.
Yo he intentado retribuir la suerte de las oportunidades que tuve ofreciendo clases de psicología gratis para instituciones sin fines de lucro y no he tenido buena recepción.
Muchas veces me dicen que les parece sospechoso que un psicólogo de la Puc con posgrados en Europa quiera hacer clases gratis.
Creo que si fuese algo institucionalizado como tú propones la recepción sería distinta y muchos podríamos devolver la mano, incluso antes de que la educación fuese gratuita.

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