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Educación: cuando la culpa es de todos, no es de nadie

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Discutir sobre educación es un deporte. Pero uno entretenido, ya que entre tanto comentario (incluyendo este) se puede sacar lecciones en limpio para enriquecer el debate e intentar mejorar el estado de la situación. En relación con esto, tenemos 3 grandes narrativas al respecto.

Es el sistema pagan poco, no hay condiciones, los directivos no trabajan como debiesen, los padres no asumen su rol…

La primera son los profesores: En el universo docente hay todo tipo de colegas, en verdad, TODO TIPO. Sin considerar los contextos institucionales (privado, público, subvencionado) que permiten la mutación, a su vez, de ese universo. En otras palabras, hay buenos, malos, entusiastas, tecnócratas, tecnológicos, “old school”, y “aburridos del sistema”, por nombrar algunos estereotipos. A partir de ello, tendremos diferentes argumentos respecto a por qué la educación en Chile no “es de calidad”. Es el sistema pagan poco, no hay condiciones, los directivos no trabajan como debiesen, los padres no asumen su rol, los alumnos tampoco, y una larga lista que sólo quienes son docentes podrían interiorizar a qué me refiero con cada elemento descrito. Todo ello suma para que todos quienes ejercen la docencia tengan el mayor –no necesariamente el único- argumento de peso para opinar acerca de las implicancias de educar alumnos. Entonces, ¿es el profesor un agente de cambio en la calidad educativa? De ser positiva esa respuesta ¿qué hace el grueso de los docentes para ofrecer calidad? Y más importante, ¿se puede? Les aseguro que un gran número realiza su labor bajo esa perspectiva, pero me da la impresión que no es suficiente.  Mi problema con esto es que aún no descubro para qué o para quién no es suficiente: ¿expectativas sociales? ¿Estatales? ¿Salariales? ¿Personales?

La segunda es el Gobierno. De hecho, ni siquiera el concepto correcto sería “el Gobierno” sino “el Estado”. Desde los noventa, con el impulso de la JEC, y el ingreso de pésimos puntajes PAA a pedagogías (dato histórico que se puede observar en cualquier estudio de un think tank), podemos observar el inicio del desprestigio de la carrera. Las políticas públicas por ese entonces se enfocaron en ampliar el número de alumnos al sistema, evitar la deserción, pero jamás se pensó en el concepto de calidad, menos de gratuidad y/o equidad.  Hoy en día, grosso modo, la reforma se basa en un solo factor: recursos. Pero no existe un planteamiento certero sobre el problema de fondo. Aquí la discusión no es si un colegio tiene mayor cantidad de computadores con conexión a Internet, sino cómo esa herramienta facilita la calidad (si es que ese es el paradigma más relevante) Y si el primer grupo de opinantes no está presente en la construcción de la reforma, ¿quién la redacta? ¿Cuál es el desafío de fondo? Es como si quisiera impulsar una reforma agraria y no les consulten a los agricultores por su perspectiva (oops! Ya ha pasado eso….pero sé que entienden la analogía).

La tercera son los ciudadanos no docentes. Todas aquellas personas que ejercen otras labores, escogieron otras profesiones, o desertaron. Y me parece que son el grupo más importante a rescatar porque los imaginarios colectivos se construyen a partir de experiencias sociales que se normalizan, es decir, se asumen ciertas “verdades” y se mantienen en el tiempo hasta que se devela o se descubre algo nuevo. Las “verdades” de hoy son: “ser profesor es triste”; “No te alcanzó para Astronomía, por eso estudiaste matemática”; “No te alcanzó para Cine, por eso estudiaste Lenguaje”, y tantos ejemplos obsoletos, pero crudos. Hoy en día, otras áreas de las humanidades y ciencias sociales tienen mejor posicionamiento social: Sociología, Antropología, Filosofía, Ciencia Política, etc. ¿Y Párvulo o Educación Básica? Da la impresión que el nombre es feo, poco exitoso y no suena rimbombante. Quizás deba llamarse “Niñología”, y quizá sea más valorado.

El spot publicitario de la ONG Elige Educar, levantó la opinión de estos tres grupos de ciudadanos sobre todo el primero y el último pero para generar cambios también se necesita que el segundo tome su parte. Esto me hace cuestionar por qué si estamos 12 años en el sistema escolar, recordamos sólo algunos contenidos y no somos intelectuales del más alto nivel. Con esa cantidad de tiempo aprendiendo se esperaría una sapiencia altísima. ¿Qué falla, entonces? “Mi profesor, mi colegio no tenía Internet, no tenía ganas de estudiar, no tenía las condiciones sociales, mis padres no me apoyaban”, son parte de los argumentos, todos válidos, que nos podrían guiar para responder esa pregunta. El conflicto es que todos son válidos, pero el desafío es identificar y escoger cuál podría marcar la diferencia entre hoy y el mañana.

Al parecer, culpa de todos; al final, culpa de nadie.

Foto: rcajal

TAGS: #Reforma Educacional

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