#Educación

Dos propuestas dislocadas para mejorar la educación en Chile

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Ante la esquizofrenia (en mayor medida) política y social respecto del debate educativo chileno. Frente a la dicotomía que surge por la “euforia” de los (cuestionables) avances en lenguaje en la prueba SIMCE que se enfrentan a los “desastrosos” resultados de la prueba INICIA. Por el chorreo de propuestas disgregadas y dislocadas que “expertos” y “opinólogos” lanzan, de tanto en tanto, es dable, también, presentar dos propuestas dislocadas y disgregadas para mejorar la educación en Chile.

La primera, (atingente al modelo: neoliberal, globalizante y efectista) no es ni más ni menos que “suministrar cuantiosos recursos en educación”. Eso significa dejar los discursos de buena crianza a un lado y realmente invertir considerables sumas en materia educativa a todo evento: Infraestructura, equipamiento, recursos humanos y capacitación. Lo anterior lo defiendo por dos motivos: primero, porque toda gran reforma que se ha realizado en Chile en los últimos años (judicial, previsional, etc.) ha contado con una inyección inmediata de recursos mucho más cuantiosos que los que se han dirigido a educación en Chile. 

¿No es educación el tema prioritario para salir del estado de “vía del desarrollo” chileno?, ¿No es la inversión en capital humano la destinada a generar las condiciones óptimas para que Chile finalmente pueda homologarse a países con altos índices de calidad de vida? ¿No es prioridad mejorar los indicadores educativos para que Chile pueda relacionarse “face to face” con los países de OCDE? Todos logros que “se supone” deseamos como nación. Entonces la inversión debe ser  cuantitativamente superior a todas las demás reformas que se han realizado bajo el paradigma actual. Ahí está el desafío neoliberal, globalizante y estandarizado, pero allí está también la falta de inversión. El segundo motivo es subsidiario del primero y tiene que ver con el fracaso de la mirada de “focalización” de la Concertación y de “eficiencia” del actual gobierno. Básicamente porque el primero discriminaba no atendiendo a la “sana” y “libre competencia” del modelo al que la misma Concertación se hizo parte (y carne) y el segundo (actual gobierno), porque la idea de eficiencia ha caído por el peso de situaciones como el gasto extra (no público) en mediaguas para la reconstrucción, el mediático caso Kodama o los compromisos soterrados que inspiran la ejecución de Hidroaysén, proyecto que ahorra recursos en detrimento del medio ambiente y de generar una política ambiental limpia (pero cara) todos ejemplos que demuestran que derecha y prístinamente hay que meterse la mano al bolsillo y que la tensión ahorro-efectividad es real y no es una ecuación superada por la actual administración y su discurso inicial.

En resumen para esta solución tentativa, seamos potentes: sueldos para profesores comparables con los mejores profesionales del MERCADO, edificios con todas las comodidades y coherentes con los tiempos que se llevan, materiales y equipamiento de última generación (renovables constantemente). Con dichas condiciones satisfechas, bienvenidas sean todas las evaluaciones estandarizadas y con ellas todas las draconianas consecuencias  que la mirada neoliberal permita, bienvenida sea también la mirada panóptica y acosadora sobre la gestión y dirección de establecimientos educacionales y sus consecuencias terminales. Finalmente como el foco no estará en los estudiantes, estará en los logros medibles, cuantificables y demostrables que bajo la lógica de  “una por otra” y estos  deberían chorrear rápidamente a los “resultados” medibles, cuantificables y demostrables de los estudiantes.

Todo lo anterior se contradice con la segunda solución que planteo: más ciudadana, que reconoce la heterogenidad y los contextos. Que superpone el diálogo social por sobre los paneles de expertos y que significa, por fin y de manera resolutiva, abrir espacios de dialogicidad social entre los actores educativos (en resumen: el 90% de la población) y definir primero qué entendemos por educación y cuales son sus fines en consistencia con el o los contextos que hay en Chile. Lo siento… en este caso sólo puedo presentar esta solución como el “principio de una solución” y tiene que ver con deformación profesional: No me gusta la lógica de lo rápido, simple, efectista y cortoplacista. Me adscribo a la lógica de lo complejo (como compleja es nuestra sociedad), con mirada a largo plazo y contextualizada.

La primera solución curiosamente es más fácil (aunque en Chile duele abrir la billetera), pero me gusta más el segundo camino, por largo y pedregoso que se vea… finalmente la labor educativa ¿es sólo técnica y no permite sueños? ¿Es sólo estandarizada y no permite múltiples miradas? ¿Sólo se ve desde el olimpo de los “sabios” e “influyentes” y no desde la ciudadanía? Creo firmemente en estas tensiones y creo también que debemos hacernos cargo todos, sin exclusividades ni exclusiones.

Foto: Tumblr

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Comentarios

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19 de mayo

La ‘dislocación’ de tus propuestas demuestran las contradicciones de los modelos aplicados hasta ahora, tanto para razonar respecto al sistema como para entender los problemas de éste y sus soluciones.
Me parece que el llamado honesto a complejizar la educación y entenderla en sus dimensiones de largo alcance y proyecto país (y no proyecto de ‘expertos’) es lo que necesitamos como voces que lideren los cambios educativos, desde la política en sus relatos y hasta la técnica en sus implementaciones. Si desde las oficinas de los ministerios y parlamentarios hasta la misma sala de clases se entendieran las complejidades de los sistemas educativos, probablemente tendríamos una ciudadanía más activa en cuanto a decir NO a las soluciones simplistas y viciadas por la falta de diálogo, como lo que ocurre actualmente.
Gracias por compartir.
Saludos.

20 de mayo

Sin duda Iván, la pregunta es si ¿la ciudadanía puede empoderarse del problema Educación como lo ha hecho válidamente en el tema medioambiental?. Si fuera así, Los cambios serían realmente profundos y legítimos. Saludos.

20 de mayo

La propuesta me parece vaga y pretensiosa. Más ciudadania y dialogo social son terminos amplios, poco explicados y sin contenido, No estoy en desacuerdo con más ciudadania y dialogo social, al contrario, pero el autor falla en explicar porqué esto representa una contraposición necesaria con el primer modelo, y como estos son una política pública efectiva para mejorar la educación (a pesar de no ser una política pública de educación).

Suena bonito, pero no dice nada substantivo en como mejorar la educación chilena.

20 de mayo

Ok. Entonces optemos por la primera solución. Ahora bien, claramente la segunda salida es vaga (no se si pretensiosa, ese juicio no se como lo elaboraste), porque no existen esos espacios. Por tanto, son largos y no calendarizables en carta gantt en un comentario (y no un estudio). Debo agregar además, que si hay clara contradicción en una mirada que es vertical, de arriba hacia abajo, desde OCDE, MINEDUC y expertos a la ciudadanía y una salida horizontal, que por no existir en ningún ámbito de la vida social y política en Chile es difícil de comparar o cotejar, hay que crearla o generarla. Hay experiencias foráneas, pero caería en la contradicción de criticar por un lado las recomendaciones de la OCDE y aferrarme a Porto Alegre por ejemplo. Por tanto, la salida es mirarnos primero a nosotros y dialogar, en ese sentido valoro tu critica, me hace afinar un poco más mi comentario. Saludos.

20 de mayo

Sin animos de ofender, planteo mi crítica en el mejor de los terminos. Señale que pretensiosa porque pretende ser una visión sustancial y completa del problema de la educación, y la distinción central entre dos tipos de enfoques a la educación me parecio poco justificado.

Lo que estoy en desacuerdo es el punto de fondo, es el porque debemos dicotomizar entre estas dos “respuestas”. Las entiendo como que una viene desde los ciudadanos, y la otra desde las elites.

En primer lugar, ¿por qué no es posible que ambas se mezclen? Es decir, mezclar una ciudadanía activa con un sistema de medición.
Lo segundo, me parece que el problema de la educación en Chile no es de donde vienen las políticas, sino de políticas erradas en sí. Tu posición parece ser de que sí la ciudadanía es más activa, las políticas educacionales seran mejores.

No es facil estar en contra de la idea de una ciudadanía más activa, pero, ¿que evidencia real hay para señalar que los problemas de la educación solo se mejoraran si la ciudadanía empieza a participar?

Aclaro: Yo creo en que una ciudadanía más activa es vital, y de que la educación en Chile necesita mucho arreglo. Pero me parece dudoso el mecanismo causal planteado aquí.

20 de mayo

Nicolás, muy de acuerdo con tus aprensiones. y básicamente porque lo que propongo es un discurso que no tiene correlato factual y ante la falta de evidencia, embarcarse en una tarea a largo plazo resulta poco atractivo. Respecto de mezclar la verticalidad con la horizontalidad, se puede, pero con dialogo ciudadano previo. Obviamente en una democracia sana deberían ser los que están en cargos de poder representativos verdaderos exponentes del sentir de la ciudadanía, pero Chile no tiene esa realidad. Si queremos implementarla hay que presionar y pensar a largo plazo. Si fracasa, se validará la mirada desapegada de expertos con un costo social que no creo, exceda el que ya se produce o producirá con el camino recorrido y por recorrer como están las cosas. Pero tanto el acierto como el error es legítimo y eso ya es una mirada curricular de la ciudadanía que tiene peso.

07 de agosto

Reforma a la educación ¿Burocrática o del nuevo milenio? http://elquintopoder.cl/?p=47848 #5poder vía @elquintopoder Por Omar Villanueva Olmedo OLIBAR ASC

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