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Créditos Corfo: Carta abierta a Sebastián Piñera

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Con esta carta no solo he querido ilustrar brevemente mi situación particular, sino la de muchas y muchos que, tal como yo, han sido groseramente perjudicados nada menos que por el Estado de Chile. Pero mi intención no es que usted se sensibilice y solloce junto a mí, aunque a la distancia. Mi férrea intención es que usted, como Presidente de la República de Chile, corrija la medida adoptada a favor de algunos deudores Corfo y la haga extensiva a todos y todas los deudores Corfo, sin exclusión alguna, sin discriminación de ninguna especie, sin triquiñuelas que solo buscan ahorrarle dinero al Estado, dinero que por lo demás debió haber estado siempre invertido en la educación de todos y cada uno de los miembros de esta sociedad.

El texto que a continuación se dispone a leer, contiene de manera breve pero contundente, los hechos e impresiones de una experiencia que solo el absurdo podría justificar.

El año 2003 ingresé a estudiar la carrera de Derecho a la Universidad La República. Como ciudadano bien informado, sabrá que dicha institución sufrió un proceso de descomposición que la tuvo al borde de la extinción. Muchos de mis compañeros y estudiantes de otras  carreras, enfrentados al temor de quedarse con sus manos vacías, optaron por meterse la mano al bolsillo, nuevamente, y pagar un nuevo año y a veces más de uno, en una casa de estudios que les otorgara seguridad. Paradojalmente hubo quienes cayeron de las brazas al fuego y apostaron -Chile es un verdadero hipódromo- por la Universidad del Mar. Imagine la vulneración y el desconcierto de esas personas. Afortunadamente para mí, y por contar ya con un título profesional a mi haber, me tomé las cosas con calma y esperé a que la situación de la República se “normalizara”, si es que cabe el empleo de dicho vocablo.

Esta breve introducción tiene un único propósito: situarlo a usted en el contexto surrealista en el que las personas comunes y corrientes, como yo, debemos querámoslo o no desenvolvernos. Nuestro contexto se llama Chile.

Como le contaba, ingresé el 2003 a estudiar mi segunda carrera -espero no sea pecado-y para ello confié su financiamiento al Crédito Corfo. No sé si le ha pasado alguna vez, pero a veces nos da por confiar en las instituciones de nuestro país, fundados en el principio de la buena fe, porque como sabrá, la buena fe no es sólo la conciencia de estar haciendo lo correcto, sino que también es la creencia que aquella persona con la que pactamos libremente también está actuando conforme alas normas y a la ética.

Pero al final del camino caí en la cuenta – qué dolorosa caída – que una de las partes contratantes tiene serios problemas con la ética. No sé si me comprende, pero una confía en el país en el que vive y en sus instituciones. ¡Cómo podía yo adivinar que existía una verdadera trampa mortal al solicitar a la Corporación de Fomento de la Producción que me ayudara!

No viene al caso señalar el grado de responsabilidad que atañe a las autoridades, el caso es que el problema se intentó solucionar este año, bajo su mandato, es decir, mientras usted está en el poder porque la mayoría del pueblo que votaba el 2010 así lo quiso, y lamento decirle que su accionar y el de sus funcionarios ha dejado mucho que desear.

¿Qué argumento lógico, razonable y ético puede esbozar si quiera para justificar la decisión de excluir a personas que estando al día en sus cuotas bancarias, no aparecen nominalmente como titulares del crédito? ¿Por qué no se ideó un mecanismo para sincerar la situación de aquellas personas, como yo, que debieron recurrir a un familiar con mayores ingresos para que el banco del patito se dignara a otorgarme el dinero necesario para estudiar? ¡Hasta cuándo con el doble estándar! Todos  saben que hay un número importante de estos casos, pero las autoridades y la banca prefirieron echar el polvo debajo de la alfombra.

¿Y qué argumento lógico, razonable y ético puede darse para justificar la exclusión de personas por no tener sus pagos al día? ¿Acaso las autoridades no advierten que eso es un círculo vicioso y que esas personas no podrán salir nunca de esa deuda, si es que ella sigue abultándose? Su gobierno debió tener presente la usura con la que actuó la banca en estos créditos, con lo cual debió haber dado por pagadas las deudas o al menos ampliamente cubiertas.

El caso concreto es que nada de eso se consideró. No importó quienes eran los verdaderos deudores; no importó la deuda insoluta ni la envergadura de los montos de las cuotas ya pagadas. Y entonces muchas y muchos nos quedamos en la incertidumbre, en la indefensión y con la moral muy baja, pues el Estado chileno nos vuelve a desproteger, nos hace un doble desprecio, sin que ello tenga una explicación lógica y ética.

En el derecho romano, cuyo influjo en nuestras instituciones jurídicas permanece hasta nuestros días, existe un aforismo esencial que se relaciona con la idea de justicia y que señala que donde exista la misma razón, debe existir también la misma disposición. Es decir, frente a casos cuyas causas son iguales, las medidas que se adopten deben ser también iguales. Más claro, echarle agua.

Con esta carta no solo he querido ilustrar brevemente mi situación particular, sino la de muchas y muchos que, tal como yo, han sido groseramente perjudicados nada menos que por el Estado de Chile. Pero mi intención no es que usted se sensibilice y solloce junto a mí, aunque a la distancia. Mi férrea intención es que usted, como Presidente de la República de Chile, corrija la medida adoptada a favor de algunos deudores Corfo y la haga extensiva a todos y todas los deudores Corfo, sin exclusión alguna, sin discriminación de ninguna especie, sin triquiñuelas que solo buscan ahorrarle dinero al Estado, dinero que por lo demás debió haber estado siempre invertido en la educación de todos y cada uno de los miembros de esta sociedad.

¿Le parece justo pagar más del doble, sino el triple o incluso más, del valor inicial de una carrera profesional? ¿Le parece justo pagar por una carrera profesional? Bueno, esto último es harina de otro costal. Por el momento me conformo con que se detenga la esquilmación de la que hemos sido objeto un amplio número de personas en Chile. Pero recuerde, somos más que un simple número, somos más que una cantidad.

Espero haber apelado a su sentido ético más profundo, espero que sea capaz de empatizar con nuestro problema, espero que tenga la claridad suficiente y como mandatario – es decir, como individuo mandado por el pueblo- adopte las medidas necesarias para frenar la feroz injusticia que se ha cometido con nosotras y nosotros.

Está en sus manos.

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