#Economía

Sentipensando el fenómeno del comercio ambulante

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A muchas personas les molesta el simple hecho que se les obstaculice su libre tránsito por las calles de la ciudad. A otrxs les incomoda ver colores y acentos distintos en la calle vendiendo “uncuantohay” de cosas que se puedan imaginar. A pocos, los comerciantes, les atribula perder clientela ante quienes sin pagar impuestos (pero si tal vez un permiso Municipal), encantan a los consumidores a preferir lo callejero por sobre el comercio establecido. Pero quiero plantear algunas ideas…

¿Saben como está de cara la vida en general con todas las cosas subiendo su precio?, ¿Se entiende que está subiendo la cesantía y/o que los empleos son precarios?, ¿Tiene idea de que no todos tienen auto para trabajar de Uber o motos para repartir consumo a domicilio?, ¿Aún no se convencen de que las pensiones de miseria que entregan las AFPs invita a adultos mayores a buscar fuentes de ingreso de variada índole?, ¿Se percatan que el ejercicio de estado de Bbenestar y de derechos dociales que teníamos como país se privatizaron con las ideas de la dictadura ejecutadas luego en democracia?


Entiendo el comercio ambulante (sin trampas ni embaucamientos) como una economía a pequeña escala, un mercado local que busca satisfacer sus necesidades de ingreso utilizando para ello el espacio público.

Para que seguir haciendo más preguntas para contextualizar un escenario socio económico en el que la calle y su flujo de personas, se convierten en las esperanzas muchas veces únicas de llevar alimento a la casa, comprar las medicinas, pagar cuentas o tener la osadía de darle un regalito a un ser querido como un hijo, pareja, madre, amistad, etc. Así se desarrolla la vida social de la comunidad en sus territorios y ciudades construidas; también allí uno podría observar una práctica de economía social y solidaria que desde los pueblos (especialmente mujeres), se abre paso para tratar de resolver así, las necesidades que se tienen que solventar de manera individual, como lo dicta el modelo, lo enseña la escuela / instituto / universidad, y lo repite incesantemente la televisión y los medios de comunicación masivos. (¿Quién dijo adoctrinamiento?)

Obviamente en todo este tema del comercio ambulante, dejo de lado a quienes reducen especies robadas; a los comerciantes que venden artículos en grandes cantidades y en varias partes de la ciudad, lo que hacen especialmente a través del trabajo precario que utiliza a población necesitada de empleo, que es capaz de aceptar las condiciones de pago que se les imponen: Migrantes por ejemplo. A esos personajes les debieran llegar castigos (a los primeros), y multas (a los segundos). Incluso sacaría penas de cárcel o de dinero por trabajo voluntario, por ejemplo pintar espacios públicos, limpiar microbasurales, etc.

Si a los que corrompen la política o se coluden les dan clases de ética, ¿Porqué no podría existir una pena de carácter comunitario cierto?

Uno tiene la libertad final de comprar o no comprar, de consumir o no consumir, de elegir si esa artesanía te agrada o si ese café de la mañana te es muy necesario. Unos podrán ariscar la nariz por sus veredas más angostas, o por no poder caminar tan rápido para aprovechar el preciado tiempo, yo entiendo el comercio ambulante (sin trampas ni embaucamientos) como una economía a pequeña escala, un mercado local que busca satisfacer sus necesidades de ingreso utilizando para ello el espacio público.

Si, prefiero las ferias en las plazas y parques, pero entiendo también las necesidades de mucha gente, y en un modelo neoliberal capitalista, la gran mayoría de personas cree que eso se logra vendiendo e incentivando el consumo de cualquier cosa. Una Nike paraguaya, una hierba medicinal, un cuento infantil, un par de calcetas, un queque mágico, o un jugo natural… etc, etc, etc

TAGS: #Economía Humana #EspacioPúblico Comercio Ambulante

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03 de Noviembre

Estimado, dejando de lado lo que señala, es decir la reducción de productos robados, y el oscuro negocio de las calles que despacha diariamente miles de productos importados a la negra, nos encontramos con una cultura, una cultura del comercio ambulante, y que en algunos casos se ha mantenido por varias generaciones y que es patrimonio de familias que lo ven como algo normal ; no es que no comprendan los ordenamientos sociales, simplemente no les importa. Por otra parte, no es que no haya esfuerzo de las autoridades por mejorar y hacer viable ese comercio de un modo legal, los hubo y los hay, tampoco es un problema de izquierdas o derechas, ni del famoso “neoliberalismo” que se inventa como excusa, es una cultura, una costumbre, una forma de vivir. Mientras la sociedad en su conjunto no sancione estas prácticas y deje de protegerlas (como el “dele dele”, otros dueños de las vías públicas ) , seguramente seguirán y se incrementarán.

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