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No matemos la agenda pro-equidad

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En junio del 2011 publiqué un artículo en Elquintopoder titulado “Desigualdad y riqueza extrema en Chile” donde señalaba que las fortunas de las cuatro familias más ricas del país equivalían al 80% del ingreso de todos los hogares chilenos. Terminaba ese artículo diciendo que una agenda de políticas de equidad tenía que incluir cinco dimensiones: educación gratuita y de alta calidad para todos, políticas laborales que dieran poder de negociación a los sindicatos, políticas fiscales que limitaran la extrema acumulación de la riqueza, políticas contra la desigualdad de género y de etnia, y políticas de cohesión territorial.


Es la Presidenta quien tiene en sus manos la salida que preserva la viabilidad y la continuidad de la agenda pro-equidad. Ella parece haber apostado a definir una agenda de políticas concretas a través del expediente de la Comisión Engel; ha sido fiel a su estilo.

Cuatro años después, esa agenda se ha instalado en el país, impulsada por y desde la sociedad pero asumida por los sectores que constituyen la mayoría política (con distintos grados de entusiasmo y convicción, pero asumida al fin y al cabo).  Lo que era una demanda fuerte pero difusa de grandes sectores de la sociedad, se convirtió el programa de gobierno bajo el liderazgo de Michelle Bachelet. Esa agenda pro-equidad avanza en cada una de esas cinco “aristas” -como se dice ahora- con iniciativas institucionales y políticas concretas y ambiciosas.

Pero releyendo ese artículo a propósito de la celebración del quinto aniversario de Elquintopoder, caigo en cuenta de que mi argumento fue incompleto. No presté atención al hecho de que la desigualdad económica siempre genera mecanismos políticos para su reproducción. La agenda, entonces, debería haber incluido una sexta dimensión, de profundización de la democracia en el sentido de reducir los espacios y mecanismos a través de los cuales quienes detentan el poder económico, ejercen su influencia sobre los procesos políticos. Esa dimensión específicamente política no era parte de la agenda de gobierno, ni, digámoslo claro, tampoco estaba incluida en las prioridades de la demanda ciudadana.

¿Qué es lo que provocó que esa relación entre poder económico y política haya terminado, literalmente, sentada en el banquillo de los acusados en una corte de justicia, y haya copado como lo ha hecho el escenario nacional? No fueron manifestaciones multitudinarias, ni las redes sociales, ni la investigación periodística, ni la acción en particular de un partido o coalición política, ni una estrategia organizada de alguna organización de la sociedad civil… fue un fiscal investigando un delito tributario que había sido denunciado por el Servicio de Impuestos Internos, los que crearon las condiciones iniciales para que ahora se pueda completar la agenda de reformas pro-equidad. Sobre esos hechos la sociedad actuó, expresando su indignación de mil formas. Fueron ni más ni menos que las instituciones funcionando, el SII, un fiscal, y la expresión ciudadana que también es una institución de una sociedad democrática mínimamente sana; ello dice un mundo sobre este país.

Y ahora que la agenda pro-equidad está más completa, ¿cómo sacarla adelante? El debate ha estado copado por dos posturas – “que se vayan todos” y “hagamos un acuerdo político / adelantemos las elecciones” – que tienen un elemento en común: poner término inmediato a la agenda de reformas pro-equidad. Sería una catástrofe para quienes pensamos que no hay posibilidad alguna de desarrollo sin crear las condiciones institucionales para que comencemos a tener una significativa redistribución de la riqueza. Cualquiera de las dos opciones sería un triunfo enorme para quienes detentan el poder económico, y, ahora es más claro, financian buena parte del poder político.

A mi parecer, es la Presidenta quien tiene en sus manos la salida que preserva la viabilidad y la continuidad de la agenda pro-equidad. Ella parece haber apostado a definir una agenda de políticas concretas a través del expediente de la Comisión Engel; ha sido fiel a su estilo.  Si lo que de ahí salga es una agenda potente, y si la Presidenta la asume y la transforma en acción de gobierno, y si muchos nos jugamos por mantener esa agenda en movimiento, entonces podría ser posible que en cinco años más, en su décimo aniversario, Elquintopoder publique artículos sobre los efectos que se comiencen a sentir de un país que se hace significativamente más equitativo y  más justo.

TAGS: Quinto Aniversario Reformas Reformas Políticas

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Comentarios

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orlando ramirez

23 de Abril

que puto bastardo, defendiéndo lo indefendible, arremetida de las sucias manos de la nueva pillería, en el quinto poder, que putos corruptos, corrompiendo lo que parecía honesto, me cago en dios

10 de Mayo

Oh, parece que la comunidad está enojada con sus propios paladines, y parece que los paladines de la redistribución tienen la misma debilidad por el dinero que el empresariado. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Que los ricos no serían tan ricos y los pobres no serían tan pobres si todos tuviésemos acceso a una educación de calidad similar es simplemente una afirmación teorética derivada de los dogmas del momento histórico, porque claro, creer que todos somos iguales es un dogma. No quita de todos modos que mejorar la calidad de la educación le hará bien a todos. El problema es que la realidad indica que por lo menos en el presente el Estado simplemente no puede alcanzar los niveles de la educación privada de un modo amplio, sino aisladamente, aquí y allá. Y luego viene la idea realmente repugnante de bajar el nivel de educación de los privados. Repugnante, sí, porque entonces igualaríamos hacia abajo, y peor todavía, nos enfrentamos al conocido dilema de que el padre dilapidador, ese que no ahorra para educar a sus hijos y prefiere emborracharse, tendría por decreto las mimas prerrogativas que el padre cuidadoso que ahorra y prioriza la educación de sus hijos. Punto aparte que estos programas no se elaboran incorporando a los más interesados, a esa gente más rica; se los trata como a enemigos desde el principio. Esto es como el chiste del que desea pedir prestada la guitarra. ¿No se les ha ocurrido pensar que si en Europa, en algunas naciones muy particulares, estas ideas han funcionado, es porque buscaron la manera de incorporarlos a los programas y no mirarlos como a enemigos? La diferencia con nosotros es que queremos copiar los resultados de lo que ha pasado en esas naciones, pero no con los métodos de esas naciones, sino con los una ideología de más al Este, aunque allá hayan fracasado. También podría ser que si nos sacudimos el dogma del superigualitarismo, y declaramos que lo hacemos simplemente por la necesidad de mejorar la educación de nuestro pueblo, sin suponer que con eso nos volveremos todos iguales, surjan espontáneamente más adhesión y mejores ideas.

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