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Homosexualidad, ¿una minoría?

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A propósito de las dificultades que tenemos como sociedad para abordar la sexualidad; del bombardeado, en su momento, programa JOCAS; de la constante censura por presiones ideológicas, sean religiosas o políticas, para construir espacios de encuentros ciudadanos que permitan entender y comprender la sexualidad más allá de la reproducción.

Y a propósito de la negación tácita para construir en Chile una red de apoyo sólido y visible que permita abordar, reflexionar y asumir la sexualidad como parte esencial de nuestro desarrollo humano.

Tomando en cuenta dichos antecedentes,  surge mi pregunta: ¿podemos sugerir, establecer o afirmar que la homosexualidad es una minoría, si como sociedad carecemos de un tipo de sociabilización que nos invite a abrazar, expresar y desarrollar amablemente la sexualidad en sí misma?

Y desde ahí: ¿podemos asegurar que quienes manifiesten una orientación sexual homosexual sienten empatía social para abrirse, y de esa forma cuantificar la misma?

El discurso público con el cual se informa a la ciudadanía en torno a la temática homosexual cierra la posibilidad de abrir debates más profundos y dinámicos. Señalar aquello como una “minoría” puede generar la percepción que sólo unos pocos o pocas pueden manifestar esta orientación sexual.

Y eso es un campo abierto que aún debe ser investigado, con dedicación y sin sesgos.

Por lo mismo es importante que el mundo académico, las organizaciones de la sociedad civil y la política, consideren oportuno comenzar a “dudar” si efectivamente estamos frente a un tema “menor”.

Sería un norte distinto instalar la incertidumbre del “cuántos-as”, para así construir voluntad y lograr cimentar una sociedad más sensata y sana.

No con el fin de distinguir un número determinado en torno a una orientación sexual específica, más bien, como una forma de asumir que la vida y sus vicisitudes necesitan más dedicación.

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