#Economía

El estado de inconsciencia neoliberal: De necesidades y necedades

0 |
COMPARTIR
EN WHATSAPP
COMPARTIR
EN WHATSAPP

imagen

Los ejemplos extremos sirven para explicar fenómenos complejos, eso está claro. Para develar lo que se esconde en la maraña de matices que no dejan percibir los colores primarios que en distintas combinaciones y graduaciones mueven a una sociedad y sus individuos. Y aunque tal procedimiento puede ser simplificante, caricaturizante incluso, en ocasiones es necesario para dar cuenta de ciertos énfasis, ciertos barajes que hacen la diferencia entre uno y otro paradigma.


El problema son los énfasis. Y los actuales, los que rigen mayoritariamente en Chile, están enfocados a la privatización de aspectos fundamentales para vivir en dignidad: salud, vivienda, educación, previsión, alimentos básicos, energía, agua.

Una frase muy recurrida entre muchos de quienes sin considerarse militantes del neoliberalismo comulgan no conscientemente con la óptica mercantil, es que, habiendo obtenido su dinero legalmente, por qué alguien podría cuestionar en qué me lo gasto. Sentencia hermana de “con mi plata hago lo que quiero”.

En el extremo de la misma madeja está la forma de ganarse la vida, sea esto como asalariado o independiente. En este ámbito la premisa es similar: Si lo que hago en mi trabajo o empresa está dentro de la legalidad, nadie podría meterse en mi actividad.

Llegado a este escalón, la discusión se torna compleja. Más aún cuando al parecer cualquier contrapunto que se realice a los afirmaciones anteriores lo trocará a uno en izquierdista extremo, adlátere del Estado totalitario, enemigo de la libertad, holgazán entrometido que no deja vivir al resto su propia vida.

Pero en el ejercicio constante, han aparecido los efectos esclarecedores de la extremación.

Para el primer caso, un buen campo de discusión es el fundamental área de la salud. “Si uno hace con su plata lo que quiere, ¿es legítimo entonces que en un pueblo determinado una persona con mucho dinero acapare todo el stock de penicilinas?”. La respuesta obvia es no, por muy legal que esto pueda incluso ser.  Y así la contaminante, gigante y gastadora camioneta cuatro por cuatro a usarse solo en la ciudad, viviendo ya los efectos del cambio climático, no es motivo para la horca pero sí al menos para una íntima cavilación.

Para el segundo, se puede recurrir al terreno de las personales convicciones morales. Ocurrió con un empresario de la construcción en Puerto Varas, quien defendía ante su esposa –preocupada por la densificación arrasadora de la ciudad- el derecho a levantar, por mandato de terceros inversionistas, múltiples edificios, de todo tipo y características.   Que él desarrollaba las obras que le pedían, con todo en regla, sin cuestionar sus efectos posteriores o previas motivaciones. Considerando su perfil católico, la consulta fue: “¿Entonces si se aprobara el aborto libre en Chile, tú construirías clínicas abortivas si te contrataran?”. No se requirió respuesta, el consecuente silencio dejó en claro que, a pesar de no haberlo reflexionado, las decisiones económicas en tanto actos humanos no pueden solo basarse en los dividendos monetarios.

Uno de los argumentos al que se recurre para deslegitimar el llamado a la desmercantilización es que es imposible vivir sin dinero. ¿Alguien ha planteado hoy esta posibilidad? ¿De fundir todas las monedas, quemar todos los billetes, de eliminar completamente el mercado? Quizás algunos sí, pero no es el caso de quienes entienden la sociedad en su multidimensionalidad. En la cual deben convivir tanto lo colectivo con lo individual, lo no lucrativo con la rentabilidad, lo local con lo global, el mandato con la conducción, la democracia representativa con la directa y la participativa.

El problema son los énfasis. Y los actuales, los que rigen mayoritariamente en Chile, están enfocados a la privatización de aspectos fundamentales para vivir en dignidad: salud, vivienda, educación, previsión, alimentos básicos, energía, agua. Un sistema exclusivamente pro mercado en el cual algunos, aprovechando las carencias de los otros, hacen muy buenos negocios y acumulan riqueza.

Los debates públicos aportan a ir definiendo los mínimos y máximos de nuestra sociedad, donde habrá actividades muy legales (sustentadas muchas veces en leyes que financian directa e indirectamente sus principales accionistas) pero que no por ello debemos aceptar porque sí, con todos sus impactos. Se me vienen a la cabeza la salmonicultura que convirtió el mar en un basurero, la minería cuyos pasivos ambientales y sociales aún vemos junto a sus relaves, el sector forestal que ahogó con su marea verde pueblos ancestrales.

Porque no todas las actividades son compatibles, pueden ser reguladas por el mercado o sujetas a evaluaciones ambientales. Caso emblemático es el del asbesto.

En septiembre de 2000 el gobierno de Ricardo Lagos emitió un decreto, firmado por Michelle Bachelet como ministra de Salud, que puso en la ilegalidad “la producción, importación, distribución, venta y uso de crocidolita (asbesto azul) y de cualquier material o producto que lo contenga”.

La decisión del Estado de Chile se sustentó en que este es “un mineral reconocidamente dañino para la salud, cuando es inhalado al encontrarse en el aire en forma de fibras de asbesto libre, pudiendo causar graves enfermedades, tales como asbestosis, cáncer primario del pulmón o mesoteliomas. Enfermedades todas de alta letalidad”.

Aunque este producto era barato para construir, movía la economía y el crecimiento, la decisión fue prohibirlo. Nada de subirle los impuestos para que el mercado operara o someterle a rigurosos impactos ambientales en su aplicación. La decisión fue no, el asbesto no. Por mucho que ayudara a la economía.

Efectivamente, suena coherente decir que nadie puede meterse en tus bolsillos: opinar sobre cómo te ganas la vida y en qué gastas tu dinero. Sin embargo aquello vale para la persona en su única dimensión individual y no para aquella que vive en comunidad. Porque tal es una tensión clásica de la humanidad que nunca se resolverá. Pero eso no es motivo alguno para obviar la discusión y no buscar que otras variables, no necesariamente económicas, sean incorporadas a la ecuación de las decisiones que adoptamos.

TAGS: #BienestarSocial Neoliberalismo Solidaridad

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras  Reglas de Comunidad

Comentarios

Quedan 1500 carácteres.

#Coronavirus

VER TODO
La nueva Carta Magna debe tener la más alta representación de la ciudadanía a la que servirá, y en esa ciudadanía siempre habrá, derechas e izquierdas, aunque sean independientes
+VER MÁS
#Política

Convención Constituyente: convencer en vez de vencer

Los partidos debieran extraer la conclusión, del resultado de la Constituyente, que se agotó un tipo de hegemonía y de liderazgo que gobernó el país en estos más de 30 años y que el propio proyecto h ...
+VER MÁS
#Política

Resultado constituyente: fin de un ciclo político

Vemos la Olla Comunitaria como una herramienta de movilización, la comida como un elemento de unión, elemento de confluencia y solidaridad, como Iniciativa popular que incide en la organización y empo ...
+VER MÁS
#Internacional

Colombia: de la olla comunitaria a espacios de construcción de tejido social

En la Araucanía el capital está en la tierra y la propiedad latifundista de ésta; siendo estos instrumentos de dominación colonial dibujada bajo la forma de empresa; pero, una empresa altamente monopoli ...
+VER MÁS
#Economía

Forestales: los diamantes de sangre chilenos

Nuevos

La nueva Carta Magna debe tener la más alta representación de la ciudadanía a la que servirá, y en esa ciudadanía siempre habrá, derechas e izquierdas, aunque sean independientes
+VER MÁS
#Política

Convención Constituyente: convencer en vez de vencer

Los partidos debieran extraer la conclusión, del resultado de la Constituyente, que se agotó un tipo de hegemonía y de liderazgo que gobernó el país en estos más de 30 años y que el propio proyecto h ...
+VER MÁS
#Política

Resultado constituyente: fin de un ciclo político

Vemos la Olla Comunitaria como una herramienta de movilización, la comida como un elemento de unión, elemento de confluencia y solidaridad, como Iniciativa popular que incide en la organización y empo ...
+VER MÁS
#Internacional

Colombia: de la olla comunitaria a espacios de construcción de tejido social

En la Araucanía el capital está en la tierra y la propiedad latifundista de ésta; siendo estos instrumentos de dominación colonial dibujada bajo la forma de empresa; pero, una empresa altamente monopoli ...
+VER MÁS
#Economía

Forestales: los diamantes de sangre chilenos

Popular

En el transcurso de estos 177 años la YMCA se convirtió en uno de los movimientos sociales con mayor presencia e impacto del planeta, alcanzando a más de 64 millones de personas en los cinco continentes
+VER MÁS
#Sociedad

YMCA Internacional celebra 177 años

Las protestas del 2019 hacen ver que los Estudiantes cuando saltaron el torniquete reavivaron la llama de los pinguinos del 2006 y universitarios del 2011
+VER MÁS
#Educación

A 15 Años de la Revolución Pinguina ¿Qué se logró?

El mandato popular del 80 % no se negocia, se acata. Y eso no es autoritarismo, es democracia.
+VER MÁS
#Política

El mandato popular no se negocia

En esta sinóptica descripción de la región sudamericana, se vislumbra que la Pandemia del Covid-19 convive y acentúa procesos políticos que develan las precariedades en las que se encuentran estos países
+VER MÁS
#Internacional

Sudamérica y su entropía geopolítica en pandemia