Aunque sería esperable que la frase proviniera del sector político que mira desde el desarrollo económico local y no del que en el imaginario colectivo está más ligado a los intereses de la elite económica y, por ende, de las grandes empresas, ésta salió de la derecha. Más específicamente de la UDI.
“El otro día tuve que hablar con un ministro para que echara abajo su licitación con un proveedor único de vehículos, lo que destruía 100 pequeñas empresas. El ministro me decía: ‘Yo me ahorro 300 millones si licito con un proveedor único en todo Chile’. Bueno, yo prefiero que el Estado no se ahorre esos 300 millones y que tengamos 300 pymes”.
Las palabras son del ministro de Economía Pablo Longueira y apuntan a uno de los pilares de la discusión sobre el desarrollo de Chile. Uno basado en los intereses de las grandes corporaciones –las que han ganado ya por mucho tiempo- o uno que potencie a esa pequeña y mediana empresa que todos dicen defender y que da el 80 % del empleo, pero que en la práctica se aplasta con medidas y acciones que van en el sentido contrario.
Porque cuando en un territorio se apoya en extremo lo grande y externo -el gran centro comercial, el gigantesco hotel, la gran inversión foránea- se perjudica, en última instancia, al que está instalado y vive en la zona. Y es ésta una gran contradicción, porque en pos del discurso del crecimiento a ultranza, del dinero circulando por doquier, al final son las propias comunidades las que salen perjudicadas.
El origen del problema radica en un tema que nunca han entendido quienes repiten el discurso que muy bien han difundido los adalides del modelo, que la inversión es buena venga de donde venga y haga lo que haga.
Veamos.
El negocio local (desde la señora que vende pan amasado y mermeladas, hasta el colectivero, el dueño del minimarket) deja sus utilidades en la propia localidad. Las reinvierte en su gente, porque es aquí donde vive y tiene a sus hijos en las escuelas, en el jardín, compra su ropa, su alimento. En cambio, las ganancias del gran centro comercial, del hotel de las cadenas e incluso de las centrales hidroeléctricas, si me lo permiten, se escapan por la centrífuga del modelo de economía de escala (con negativos impactos sociales) del desarrollo nacional. Dan empleo, sí, pero la ecuación final es negativa porque es más el que se pierde al deprimirse la economía local.
Así lo han entendido algunos países que regulan las mega inversiones, particularmente los centros comerciales, como una forma de proteger sus pequeñas comunidades. Una iniciativa similar existe hoy en el Congreso, que busca que en ciudades de menos de 50 mil habitantes se prohíban los mall en su interior.
La pyme local, en cambio, no sólo aporta en lo económico. También en identidad y apego al territorio, porque es en él donde habitan sus dueños y en él está su historia personal.
Y qué decir si a esto le agregamos el uso de productos locales, con manufacturas que se han traspasado por generaciones, y que evitan el consumo de combustibles fósiles y procesos químicos para la preservación en el caso de los perecibles que son importados desde otras zonas del país y del mundo.
Y ni mencionar los impactos ambientales y sociales (de los económicos ya hablamos) que son inmanejables e impredecibles, como ha quedado demostrado con múltiples experiencias.
Entonces, la pregunta de fondo es ¿por qué se sigue pretendiendo convertir a la región de Aysén y sus comunidades en Santiago, con mega obras urbanas que no traen desarrollo sino más bien concentran y replican la desigualdad? Y esto no es decir no al desarrollo, sino más bien decir sí a uno bien concebido. Que no mate nuestra economía local ni lo que somos.
Es este principio el que a muchos está preocupando con relación al proceso de certificación de leña y adquisición de este producto por parte de grandes consumidores como son los servicios públicos.
Es necesario, obviamente, avanzar en la materia (por motivos de contaminación atmosférica, calidad en la calefacción, manejo forestal, seguridad laboral e incluso tributación), pero no se puede caer en la incongruencia de entregar el negocio a mega productores sólo porque el Estado ahorrará algunos recursos. Se debe propender, esencialmente, a que mediante el apoyo de las instituciones públicas los pequeños hoy informales se incorporen de mejor forma a este negocio. Loable es la creación de la Asociación Gremial de Comerciantes de Leña Certificados, y el apoyo que se les ha dado desde algunas instituciones, pero ya hay rumores en el ambiente de que en el fondo grandes propietarios (incluidas algunas forestales que tienen un verdadero prontuario en materia ambiental y social en otras regiones) se estarían preparando para el gran negocio. Esto, porque el proceso es oneroso y complejo, más aún el de la venta al Estado que requiere manejar el sistema de compras públicas, que no brilla necesariamente por ser amistoso con el lego en materias informáticas y administrativas.
¿Y en ese contexto, que pasará con los pequeños? ¿Qué pasará con la economía familiar de leñeros, la campesina? ¿Qué pasará con la cultura asociada a esta actividad?
La mirada sobre el desarrollo económico local, además de ser una mirada ética, debe ser estratégica. Porque de no hacerlo, grandes problema sociales se generarán. Las movilizaciones por HidroAysén, la igualdad de derechos de género y educación gratuita y de calidad no son anécdotas ni situaciones aisladas. Forman parte de la rebelión ante una mirada mega mercantil que ya mucho daño ha hecho.
Sí, hay que hacer el trabajo hoy, que mañana será demasiado tarde. Que nuestros dirigentes no se conviertan en el Rey Luis XVI de Francia, quien, llorando, mientras bajaba la guillotina impulsada por la frustración de los siempre avasallados, de los siempre humillados, de los siempre doblegados, gritó que estaba arrepentido. Pero decirlo en ese momento de nada sirvió, ya nadie podía detener la rabia de la justicia popular.
Esperemos que esto lo entienda el Presidente en su visita a Aysén, y en sus servicios de distinto tipo haya preferido prestadores locales. Sería una muy buena señal.
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Imagen: Overweight man grilling on globe-shaped grill (Lisa Haney – Stock Illustration Source)
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camiloigb
En la primera parte me recuerda a los indignados de España, quienes se preguntan hoy, con mucha fuerza, a quien beneficia la unidad monetaria en Europa. profunda reflexión que espero no termine con esa idea de la justicia popular por que sería lamentable ver a Chile volver al subdesarrollo por no aprovechar al momento clave y las circunstancias propicias para caminar de una vez por todas hacia el desarrollo