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Chile, potencia agroalimentaria

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Cuando escucho hablar de “Chile potencia agroalimentaria” y a muchas personas decir que el sector agrícola chileno “debe aumentar su productividad como única receta para enfrentar la actual crisis del dólar,” me hace pensar que lo primero es simplemente incoherente e imposible de lograr con la actual política cambiaria del Banco Central,  y lo segundo, además de injusto, es muy poco creativo por parte de esas personas  para ayudar a enfrentar la más que evidente “Enfermedad Holandesa” que estamos padeciendo como país, debido al alto precio del cobre.

Es obligación de la autoridad velar por el bien común de todos los sectores de la economía, porque el gobierno debe proteger, empoderar y enriquecer a los ciudadanos,  hacer políticas económicas y sociales  acorde a la realidad nacional. Pedir a secas mayor productividad a un sector que ha llevado a Chile a ser el primer exportador mundial de frutas del Hemisferio Sur, y que está gravemente enfermo y afectado por una variable clave para él y que no controla, como lo es el precio del dólar con que se le paga su producción, es casi un desconocimiento. Sabido es que ese sector demuestra disconformidad con una política pública como la que ha permitido el tipo de cambio actual, ya que en realidad no puede seguir  trabajando con este precio del dólar porque no se perdió en la gran mayoría de los productos  la rentabilidad.


Hoy se está trabajando contra el patrimonio y esto es gravísimo
. A propósito del ruido de la productividad, me detengo a pensar un poco en mis clases cuando les pregunto a mis alumnos qué piensan sobre la productividad de los trabajadores en el mundo, y  en especial cuando les pregunto ¿quién creen ustedes que es más productivo y más competitivo, un trabajador chileno o uno alemán? La mayoría de ellos responde que el trabajador alemán es  más competitivo que el chileno, y no se equivocan. Todos sabemos que el nivel de productividad de nuestro país es muy bajo comparado con el de los países desarrollados. Son varios los estudios realizados por expertos en este sentido y basta con darse una vuelta en una empresa para ver que la gente en Chile entra a trabajar muy temprano y sale muy tarde de su trabajo, muy ineficientes dirían los gerentes de un país desarrollado, recuerden que el horario es de 9:00 am a 5:00 pm y el trabajador que no hace su trabajo en su horario de trabajo “no es eficiente”.

Hay varias razones para explicar esto. Un ejemplo que puede servir es que cuando comenzaron las negociaciones del primer Tratado de Libre Comercio entre México y Estados Unidos, éste último tenía que reducir la enorme cantidad de inmigrantes que iban a trabajar a su territorio; los norteamericanos querían detener la inmigración pero no sabían cómo hacerlo hasta que se les ocurrió la brillante idea de generar un mecanismo llamado “Tratado de Libre Comercio.” ¿Porqué ésta idea tan descabellada?  Pensaron en abrir las puertas en vez de cerrarlas. Porque se dieron cuenta que si tenían una planta produciendo 300 autos al mes en cualquiera de los estados de la Unión, con un costo de la mano de obra de aproximadamente 18 dólares por hora, si cerraban la planta y la instalaban en México para producir los mismos 300 autos por mes, con un costo por hora de la mano obra que les saldría  US$ 4,25 dólares aproximadamente, era mucho más productivo.

Es decir,  había un enorme beneficio para la industria y el costo social de esa decisión no era muy alto por tener que despedir trabajadores, ya que se sabía que ellos encontrarían trabajo a un corto plazo en otra cosa. Se harían capacitaciones para que los trabajadores se pudieren reinsertar en el mundo laboral rápidamente. Calcularon muy bien los pro y contra de esta decisión y concluyeron que sería mucho más productivo llevarse  la planta a México, para producir  autos a un menor costo y poder competir globalmente con precios más bajos y alcanzando un mayor volumen, justamente por tener una mano de obra más barata.

Aún más, estarían de este modo dando trabajo a personas que en su vida iban a tener la oportunidad de laborar en una industria de esa naturaleza, y pararían la inmigración a los Estados Unidos. En otras palabras, todos ganan WIN-WIN. A la luz de lo anterior, se deduce que con las mismas herramientas, los trabajadores en cualquier parte del mundo pueden ser iguales o más productivos que los de su propio país. Por ello, cuando nosotros hablamos aquí en Chile que queremos ser una potencia agroalimentaria, con las actuales condiciones , no podemos pretender ponernos a la misma altura de otros países con los que nos exigen competir, porque simplemente no contamos con las mismas herramientas para ello. Casi todos tienen, por ejemplo, enormes beneficios para la agricultura, y este es un dato no menor. Si nosotros queremos ser más competitivos, productivos y eficientes, entonces cualquier persona objetiva se podrá dar cuenta que el sector agrícola chileno no puede lograrlo y competir de igual a igual con los otros países en el mundo, justamente porque no tiene las mismas herramientas que otros poseen.

Me preocupa cuando escucho decir a muchas personas del sector público y privado que los agricultores en general, tienen que ser más competitivos y productivos para combatir la caída del dólar, por la sencilla razón que  están opinando con una visión a muy corto plazo, con ideas dogmáticas y poco pragmáticas. Si vemos nuestros sistemas de gestión, de capacitación, de estrategias, de liderazgo, podemos concluir que son altamente precarios y que no están a la altura de lo que el país requiere para hacer bien “el trabajo” y,  por lo tanto,  no se puede decir, así como así y tan frívolamente,  que debe  ser más competitivo sin primero dar las condiciones al sector afectado por el mal holandés.

Estos comentarios son un aporte para el país, uno no está en contra del sistema,  pero el día en que tengamos “un proyecto de país” en el cual todos tengan las mismas herramientas para  competir internacionalmente de igual a igual,  entonces podremos darnos el lujo no solo de decir,  sino que de exigir a los productores chilenos, “mayor  productividad para que sean más competitivos”. Finalmente, a buen entendedor pocas palabras: O tenemos tales herramientas para que podamos competir de igual a igual en un mundo globalizado o simplemente no lograremos jamás un desarrollo económico sustentable, armónico y equitativo como nación
 

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peon

26 de mayo

Entendiendo que el post se refiere a la problemática de un sector de la economía nacional, me cabe decir que como nación nos vemos enfrentados a un problema de mayor trascendencia todavía y esto queda en evidencia al final del post, cuando se comenta que, solapadamente, buscamos “un desarrollo económico sustentable, armónico y equitativo como nación”…

Si hablamos de un desarrollo con equidad, estamos tocando los límites de variables intocables que por décadas han permanecido como están, o sólo afianzan su posición en relación a la desigualdad que podemos ver en nuestra nación, de la que nuestro país lidera deshonrosamente informes a nivel global…

Tal vez no quepa ser mencionado, pero, por décadas se ha vivido en la agricultura una postergación de los privilegios que respecto a ella debieron ser atendidos, privilegiando a unos sectores más que a otros, como el forestal, por ejemplo, de forma que muchos agricultores abandonaron la actividad vendiendo sus tierra, por miles y miles de hectáreas, e incluso hoy en día tienen elevados niveles de endeudamiento con la banca que suele aplicar “criterios fabulosos” para la protección de su propiedad, al punto que buscando diversificación para no sufrir de muerte súbita, en algunas zonas del país con próspero clima para ello, derivaron algunos agricultores y empresas agrícolas sus actividades hacia el sector exportador de frutas… Muchos de los más pequeños simplemente fracasaron…

Entonces, cuando hablamos de tener ese desarrollo armónico y equitativo al que aspiramos sin tener los elementos para conseguirlo en la actualidad, más aún sacando a colación la necesidad de elevar la productividad en un sector tan sensible como la agricultura de exportación para mantenerla a flote, de la que muchas empresas sin éxito se ven más bien enfrentadas a un proceso de reingeniería ante su fracaso en el rubro, no sólo hablamos de la realidad de un sector de la industria nacional, sino que hablamos de una realidad que toca todas las áreas productivas de la nación, cuando estas son financiadas por la banca a intereses que alejan de la gente común la percepción de que estamos remando hacia un horizonte donde efectivamente podamos ver como norte que nos acercamos a puertos en donde el desarrollo que logremos será equitativo, armónico y sustentable, en ves de socialmente injusto, desordenado y depredativo, tal como sucede en el sector de la pesca, cuando se comparan los incrementos y decrementos de la actividad de la gran industria del ramo con la pesca artesanal respectivamente y los stocks de variedades extraíbles en el mar…

Entonces, si como trasfondo tocamos los parámetros fundamentales que como nación desearíamos, productividad incluida y sinergia de las capacidades de la unión de la gestión del sector público y las iniciativas privadas, ya que .. “el gobierno debe proteger, empoderar y enriquecer a los ciudadanos, hacer políticas económicas y sociales acorde a la realidad nacional”, me da la impresión de que podemos concluir que los esfuerzos que debe hacer el Gobierno no sólo deben apuntar a equiparar condiciones de la industria agrícola en relación a la internacional, sino que además, efectivamente debe generar políticas que favorezcan “la creación de pertenencia en las personas” y, para ello, los elementos que deben ser considerados son intocables, ya que para que hubiera equidad en nuestro sistema de desarrollo nacional que permita no sólo generar un ambiente favorable para la industria agrícola, sino que para todos los sectores de la nación, debe “intervenirse el sistema financiero”, porque la banca es la que se lleva una buena parte de “la productividad” de la agricultura, al punto que posee la capacidad de aumentar al doble la deuda de una empresa si acaso una cuota de un crédito no es pagada a tiempo, reprogramando sus períodos de pago y manipulando sus tasas de interés, basado en el teorema de mandrake el estafador financiero, cosa que digo habiéndolo vivido muy de cerca durante la última crisis económica, lo que en parte explica el por qué el año de la crisis la banca tuvo tan alta rentabilidad, lo que hizo a costa de las doloridas costillas de gran parte del pueblo, al mismo tiempo que la honorable ex Presidenta Bachelet no tuvo el tino y el coraje para intervenir a tiempo los impuestos al combustible que hubieran impedido gran parte de la inflación que entre nosotros se instaló, mientras la banca, sobre manera, recibía del Estado las capacidades y financiamiento para operar con las tasas históricas más bajas que la economía recuerde, lo que por su puesto no colaboraba en crear ese desarrollo armónico y equitativo, pero, reafirmaba todas razones de por qué el sistema financiero es intocable en los procesos de transformación y generación de condiciones favorables que el Gobierno debe crear en favor de la ciudadanía… ¿Será que en realidad no lo han pensado?…

Pido disculpas por mi extensión y termino diciendo que para que en la nación florezcan criterios de gestión gubernamental y ambientes productivos donde se crezca con cierta equidad y armonía, además de sustentabilidad, es necesario que en el país se pueda trabajar con intereses mucho más bajos de los que actualmente cobra la banca, creando, por ejemplo, un BANCO DE LOS TRABAJADORES, financiado con una AFP DE LOS TRABAJADORES, concepto fácilmente concebible si pensamos que las AFPs le prestan dinero a la banca, ¿al 6% anual y hasta hace poco al 4%? y la banca le presta a las pymes, “pomes” y a la gente a intereses mucho mayores que eso, por lo tanto, si un banco de los trabajadores prestase dinero al 10% anual, por ejemplo, a los sectores nacionales que se la están jugando, personas incluidas, el crecimiento de la nación y la competitividad y productividad de los sectores productivos se verían enormemente beneficiados, además de incrementarse los fondos de pensiones de la gente que se habrá de jubilar, ayudando de paso a crear las condiciones para que, efectivamente, podamos hablar de desarrollo armónico y con equidad…

¿Qué opinas tú? ….

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