#Economía

A propósito del libro de Patricio Meller sobre educación

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Patricio Meller acaba de publicar el libro Universitarios, el problema no es lucro, es el mercado.  Se trata de un título vendedor pero que, al establecer una oposición entre ambos conceptos, se debilita el aporte del libro al debate.

Meller no cree que el sistema educacional fracasó. Tampoco cree que el problema sea el lucro, sino el mercado.

Respecto de que el sistema educacional no ha fracasado, entrega dos argumentos: se ha expandido la matrícula universitaria y se ha incrementado la movilidad social, pues siete de cada diez estudiantes constituyen la primera generación que estudia en la universidad. El aumento de la cobertura no es suficiente. Es necesario, además, dilucidar si la calidad de la educación entregada es razonablemente adecuada y si los egresados de las entidades que han protagonizado ese aumento ingresan al mercado de trabajo. Según un trabajo de Oscar Espinoza y Luis Eduardo González, próximo a ser publicado en el Barómetro de Política y Equidad número 3, la matrícula se ha ampliado, pero a niveles incompatibles con el mercado laboral. Un ejemplo. En el caso de Ingeniería Comercial, mientras que en 1996 se titulaban 1675 profesionales, en el 2009 se titularon 4106. Además la matrícula total el año 2010 en esa carrera alcanzaba a 31.921 profesionales. Esta situación se repite en las otras carreras. Considerando estas cifras no es extraño que según cifras de la última encuesta de INJUV el 60% de los profesionales universitarios no están trabajando en lo que estudiaron y por tanto se derrumban las expectativas laborales, profesionales y de remuneraciones de estos ciudadanos. Ahora bien, ¿puede caber alguna duda de que son los estudiantes de las universidades tradicionales y de las privadas de la cota 1000 los que acceden a trabajar en lo que estudiaron? Para el resto, como viene sosteniendo el movimiento estudiantil, la educación es una estafa, que además los deja endeudado de por vida. En tales circunstancias, la movilidad social no es tal, más allá que algunos individuos particulares puedan mejorar su situación (del mismo modo que otros caen en la escala social). Un indicio de ello son los altos valores que muestra de forma persistente el índice de GINI, indicador de la desigualdad. También el que Meller no entrega cifras respecto de la presunta movilidad social.

Las diferencias entre Meller y el movimiento estudiantil se concentran en las propuestas. Meller se limita a pedir más regulación y a establecer un sistema diferenciado de aranceles, manteniendo intocada la estructura tributaria. Meller cree que una mayor regulación soluciona el problema. 30 años han pasado y ello no ha sido posible. La certera frase de Arturo Fontaine es una respuesta fulminante a su argumentación: “A mi juicio, el lucro importa y mucho… no debiera estar permitido en instituciones educacionales que reciben subsidios del Estado. Entre hacer un laboratorio de física o hacerse una casa en el lago, ¿qué escogerá nuestro empresario, dueño de universidad?” (citado por Gonzalo Martner)

En cuanto al sistema diferenciado de aranceles, en el contexto actual en que los bienes públicos están sujetos a una seria restricción presupuestaria como efecto de la baja carga tributaria y de su carácter regresivo puede ser razonable. No obstante, Meller se resiste a abordar el problema de fondo de la educación con fines de lucro. En ese contexto se pregunta ¿Si existen aranceles disparejos en la educación media, por qué no replicar esto en la educación superior? Meller elude el problema central de nuestra educación básica y media: su calidad depende de la capacidad de pago de las familias. De hecho, esto es lo mismo que hoy ocurre en la educación superior. Si bien se pagan aranceles similares, los grupos de altos ingresos se concentran en las universidades tradicionales y en la de la cota mil. El resto asiste a las universidades con fines de lucro donde la formación es reconocidamente deficiente. Este problema no se resuelve con la diferenciación de aranceles.

Respecto de que el problema no es el lucro sino el mercado, su argumento es simple ¿si se acabaran las universidades con fines de lucro, terminarían los problemas de la educación? Innegablemente no, dice Meller.  Los universitarios han confundido lucro con mercado. Puede existir mercado sin lucro, y suele haber mucho lucro, particularmente en mercados oligopólicos colusivos, cuando no prevalece la competencia en el mercado.

El primer problema de la argumentación de Meller es suponer que la única propuesta estudiantil es el fin del lucro. Está equivocado. Se ha puesto sobre la mesa una amplia agenda que cambió el debate sobre educación en el país. (Este tema lo he tratado en otra columna)

¿Por qué dice Meller que el problema es el mercado y no el lucro?  Meller no entrega una respuesta clara. Se limita a explicar por qué el mercado no funciona en educación. Los argumentos son los siguientes: 1) Las universidades no compiten por precio sino vía marketing y como consecuencia los aranceles universitarios son, relativamente, los más caros del mundo. 2) El mercado no resuelve la calidad, pues los estudiantes no pueden determinar, oportunamente, la calidad del producto que están comprando. 3) La lógica del mercado está asociada al autofinanciamiento de las universidades. 4) Al ser la educación un bien de consumo, la deben pagar los propios estudiantes o sus familias. 5) Al tener que autofinanciarse, las universidades no puede cumplir con su función tradicional y se limitan a generar profesionales.

En suma, la argumentación de Meller no se diferencia de la que ha venido sosteniendo el movimiento estudiantil. Más aún, Meller critica a la teoría del capital humano, que afirma que  la educación es una inversión análoga a la inversión financiera y en consecuencia que al ser el  joven el gran beneficiario de esa inversión, el debe financiarla. Lo que ignora esta teoría, dice Meller, es que la sociedad percibe importantes frutos y en tal sentido, la educación es un bien público, cuestión que ha estado en el centro del debate entre el movimiento estudiantil y el gobierno que insiste que la educación es un bien de consumo.

Si bien es cierto que los primeros mercados en la historia eran centros en que imperaba el trueque,  con el tiempo se fueron transformando hasta que su objetivo central fue la obtención de la ganancia o lucro. Más aún, cuando se impone el mercado propiamente capitalista. Desde este momento, la economía de mercado está estructurada en torno a la maximización de utilidades esto es la obtención del lucro. La gran habilidad del movimiento estudiantil fue sintetizar en una frase, "fin al lucro" los graves problemas de la educación. Con ello un problema que las personas sentían como una dificultad individual se estableció como el punto central de la agenda país de hoy. Es esta habilidad colectiva,  que hace posible convocar a una mayoría ciudadana, escapa a Patricio Meller.

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Foto: Osama / Licencia CC

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