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¿Aceptará Bachelet la donación de Douglas Tompkins?

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Claramente no está bien que un extranjero sea propietario de tantas hectáreas y sin duda debería legislarse para que no vuelva a ocurrir. En Estados Unidos no es posible, pero la respuesta de por qué y cómo llegamos a eso es simple y la culpa no fue de Tompkins o de que cometiera alguna ilegalidad; la culpa fue del modelo económico que se gestó en los ochenta y que la Concertación dejó intacto al llegar al poder en 1989.

El empresario y conservacionista americano Douglas Tompkins siempre se ha salido del modus operandi chilensis, de eso no hay duda. Vive desde los años noventa entre la provincia de Palena en la región de Los Lagos y Aysén, específicamente en la cuenca del Baker, en un sector conocido como Valle de Chacabuco, lugar donde invierte y desarrolla proyectos conservacionistas. Nuevamente ha vuelto a la carga y como siempre de manera muy poco ortodoxa para nuestras autoridades con el “no vengo a vender, vengo a regalar”, ofreciendo esta vez donar al Estado de Chile las no despreciables 289 mil hectáreas en la provincia del Palena y toda su infraestructura, conocida como Parque Pumalín.

Tompkins es un hombre de modales tranquilos, pocas palabras y más parece un profesor jubilado de matemáticas de Alaska que el gran magnate que hizo su fortuna con ropa deportiva y que llegó a nuestros territorios australes a desarrollar parques de conservación territorial. Cuándo él llegó a la zona poco y nada se sabía de Aysén en Chile, menos de la provincia del Palena. Eran territorios perdidos que no interesaban mayormente y donde el arribismo santiaguino no imaginaba vivir: “qué horror, dirían muchos”. Si estaba quedando tan bonito el barrio La Dehesa, el Alto Las Condes era fantástico y Santo Domingo, en el litoral central, era una maravilla. El Presidente en esos años era Patricio Aylwin, que sin decir “agua va”, entregaba Laguna del Desierto, al sur de Aysén, a los argentinos sin pestañear.

Pocos saben que cuando Tompkins llegó a la provincia de Palena, en la década de los noventa, estábamos en los inicios de la mayor crisis histórica del mundo rural austral del que se tenga conocimiento hasta la fecha; literalmente los pobladores estaban agonizantes. Todo lo que se había desarrollado con tanto esfuerzo y trabajo desde la época de la colonización, por más de cinco generaciones, estaba muriendo irremediablemente. El poblador de Aysén y de Palena siempre se rascó con sus propias uñas y poca ayuda recibió del Estado, fuera de algunos títulos de dominio, pero fue la decisión de asociarse al Mercosur lo que irremediablemente  lo destruyó y de paso también destruyó toda la industria textil chilena y nunca más se compró lana en Aysén. En el mismo paquete de medidas se permitió la entrada de carne de otros países y como si fuera poco, nunca más se compró ganado para consumo en Aysén, sumada la desidia que reinaba en ese tiempo. En un par de años la ganadería quedó reducida a su más mínima expresión y los pobladores de brazos cruzados.

Tompkins arribó a Chile con ese escenario, pero a mi entender sin tener conciencia de lo que estaba sucediendo. Los gobiernos de esos años carecían totalmente de conciencia social y Chile era el nuevo rico de América Latina, el gran ejemplo a seguir, nos sentíamos poderosos y dueños de la verdad absoluta, pero con un trato déspota con nuestras comunidades. Los pobladores de ese entonces no tuvieron otra alternativa ante el desamparo. Ante un Estado que pensaba que el mercado lo regulaba todo, incluso la vida de las personas,  no les quedó otra que “hacer de tripas corazón” y vender los campos que habían heredado de sus padres.

En aquellos años solicité diferentes audiencias a las autoridades de Aysén relacionadas con la actividad ganadera: SAG, Banco Ganadero, Seremía de Economía, para explicarles la crisis desde adentro y visualizar soluciones. Preparé un plan de trabajo para no llegar con las manos vacías, pero me encontré con autoridades que no estaban dispuestas y la respuesta fue la siguiente: “si los pobladores no tienen la capacidad de competir, mejor que se dediquen a otra cosa”. La única institución que olfateó algo fue el Banco Ganadero, que me ofreció catastrar a los pobladores y entregar vacas en arriendo cotizadas en U.F., lo que fue una clara demostración de que no nos querían ayudar. Los pobladores vendieron y tuvieron que dedicarse a otras actividades los que pudieron, mientras los más viejos, que no pudieron insertarse, murieron con mucha pena.

Claramente que no está bien que un extranjero sea propietario de tantas hectáreas y sin duda debería legislarse para que no vuelva a ocurrir. En Estados Unidos no es posible, pero la respuesta de por qué y cómo llegamos a eso es simple y la culpa no fue de Tompkins o de que cometiera alguna ilegalidad; la culpa fue del modelo económico que se gestó en los ochenta y que la Concertación dejó intacto al llegar al poder en 1989.

Tal como las transnacionales se apoderaron en esos años de los derechos de agua sin pagar un solo peso y cedieron los derechos de aguas de todo Chile y se entregaron concesiones mineras a los capitales privados para su explotación y que el cobre que llamamos chileno, es sólo un tercio y el resto está en manos de transnacionales extranjeras, lo mismo sucedió con la posesión de la tierra en los territorios australes. Llegaron los capitales extranjeros y “a vista y paciencia” de gobiernos, compraron los terrenos. En esos años era de lo más natural, y considerado un motivo de orgullo, que capitales extranjeros nos tomaran en cuenta de esa manera e invirtieran comprando tierras en Chile.

Pocos saben que entregar grandes extensiones de territorio al Estado de Chile no es nuevo para Tompkins; ha concretado otras donaciones similares. El parque Corcovado en Chiloé y hace pocos meses atrás el Parque Yendegaia en Tierra del Fuego, después de negociar con el gobierno de Sebastián Piñera y hacer algunas sociedades estratégicas para concretar las donaciones.

La trampa, si es que se le puede llamar así a lo que propone Tompkins, es que los territorios donados en caso de ser aceptados deben administrarse como Reservas o Parques Nacionales y ahí entramos al área chica del problema y donde se explica por qué no siempre el Estado de Chile quiere recibir las donaciones del magnate. Carecemos de una política adecuada de administración de Parques y Reservas Nacionales. El financiamiento es paupérrimo y se trabaja con un formato de concesiones que más que desarrollar, lo que hace es destruir, porque es tomado como un simple negocio. Los Parques propiamente tal están en precarias condiciones y no cuentan con una política de sustentabilidad que los proyecte en el tiempo. Es fácil constatarlo, el emblemático Parque Nacional Torres del Paine es administrado con concesionarios y se han construido hoteles y acomodaciones al interior del Parque, lo que es inaceptable bajo todo punto de vista. En todo país desarrollado los parques son intocables y si se construye es fuera de ellos.

El año pasado el subsecretario de pesca, Pablo Galilea, sin ninguna conciencia -y eso que es nacido y criado en Aysén- quería liberar las aguas del Parque Nacional O’ Higgins, en Magallanes, para que se instalaran jaulas salmoneras. En el Parque Nacional Lauca al interior de Putre en la frontera con Bolivia, uno de los más bellos e importantes de Chile, querían desafectarle el 20 por ciento para explotación minera. HidroAysén no tiene reparos en declarar que inundará 180 hectáreas del Parque Nacional Laguna San Rafael para construir la central Baker 3.

El Estado al parecer olvidó que el objetivo que sustenta la Ley de Parques Nacionales, que fue ratificado por el tratado de Washington al que nos suscribimos como país, es asegurar la conservación de los valores naturales de los parques bajo un formato jurídico que asegure su conservación y mantención en estado natural para el uso y disfrute de todos los ciudadanos; nunca para desarrollo de negocios, menos para su industrialización, con la obligación de financiar investigaciones para generar conocimiento científico específico del área protegida, con estrategias y planificación que permitan el fomento económico de las regiones en que están emplazados estos territorios considerados de excepción.

Espero sinceramente que el gobierno de la señora Bachelet esta vez tenga la capacidad de aceptar la donación, con la esperanza cierta que de paso se mejore la política de financiación de Conaf y las directrices con que se administran los parques y reservas nacionales, para que definitivamente en un futuro estos verdaderos santuarios de uso público tengan el derecho a perpetuarse y proyectarse sustentablemente como un baluarte de desarrollo nacional.

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Comentarios

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25 de abril

Me quedo sin palabras Los gobiernos chilenos son últimos de ineficientes cuando se trata de trabajar . Pero cuando se trata de llenarse los bolsillos ahí si se esmeran léase congresistas!!

Renata Ahumada

25 de abril

Muy buena columna, deja mucho para pensar.

Soy estudiante de periodismo, me gustaría coordinar una entrevista para profundizar más en esta temática.

Le dejo una columna que escribí acerca de la venta de terrenos en la Patagonia a extranjeros. http://www.publimetro.cl/nota/politico/renata-ahumada-patagonia-en-venta-llegar-y-llevar/xIQmeo!6VdpwhYCp3i4g/

¡Saludos!

Renata Ahumada

25 de abril

Sin duda Renata, coordinemos, estoy en Santiago así que no habría problema. Te mando mi correo miradorplayaguadal@gmail.com y vemos como lo hacemos. A

peter hartmann

25 de abril

Muy buena e interesante tu aporte Andres, aunque hay algunos pequeños errores, como que lo que HidroAysen pretende inundar con la represa Baker 2 ubicada dentro del parque (no 3) es 18 Ha…asi dicen al menos…Aparte que ese PN es Reserva de la Biosfera UNESCO. Asi y todo Conaf y el gobierno no se hizo problema en aprobar el EIA.Es por eso la desconfianza con el Estado chileno que esta ni ahi con la proteccion del patrimonio. Por lo demás, Tompkins le compro buena parte de Pumalin a genter que vivia en el extranjero y tenia abandonada su propiedad.

25 de abril

Como siempre Peter y no cambias, nos conocemos hace más de dos décadas, se podría decir que desde siempre y siempre fijándote en detalles h….., reconozco que se me paso un cero al digitar el texto en word al traspasarlo y que me equivoque, no era Baker 3 y era la 2. Te lo concedo totalmente, pero no cambia en nada el fundamento del texto y deja ese tonito omnipotente de “interesante tu aporte” como si estuvieras en el cielo y nosotros en la tierra. Te lo digo por este medio ya que tu lo hiciste asi. Diferente hubiera sido si me lo hubieras dicho por interno y yo te hubiese contestado lo mismo pero por interno.

Cristian

26 de abril

El Mercosur empobreció a los chilenos en el sur? Me gustaría conocer en que cifras se basa para esa afirmación. Chile sólo es miembro asociado del Mercosur. Puede ser que ud. se quiso referir a los decenas de TLC que Chile firmó y que muy pocos conocen?
Saludos!

26 de abril

Cristian,cuando Chile se asocio al Mercosur en el año 1991, en la región de Aysén e imagino que lo mismo sucedió en Magallanes, se permitió la entrada de productos manufacturados al abrir las fronteras, permitiéndose la entrada a carne de Paraguay, Brasil, Uruguay, Argentina. Aysén en ese entonces era el mayor fornecedor de ganado vacuno en pie para faenación para el norte de país, compraban Tattersal, Frigorífico Ohiggns, ALMAC SA, UNIMARC SA y otros; al entrar esa carne a tan bajo costo comparativamente, ya no les fue rentable a esas empresas comprar en Aysén y de un día para el otro no hubo más mercado. Con la lana ocurrió lo mismo; en el año 1989 el kilo de lana sucia puesta en Coyhaique valía 820 $ el kilo, en el 90 bajo 220 $ y en el 91 no hubo precio. Esto porque en tres años quebraron Oveja Tome, Textiles Yarur y Summar y otros y ya no compraron más lana en Aysén. Eso significo un quiebre tremendo en la economía regional.

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