#Desarrollo Regional

A tres años de la aprobación fraudulenta de HidroAysén

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Al entrar en batalla adquirimos unión regional, el resurgimiento de los valores culturales de un Aysén libre y poderoso, vimos lealtad en mucha de nuestra gente que entendió que lo que hacíamos era mucho más que salvar bosques y ríos como le decían en Santiago a las diferentes ONG que asumieron nuestra representación; que era más que nada defender los valores de un Aysén histórico, comunitario culturalmente y muy propio, por un Chile más regionalista y descentralizado.

Este 9 de mayo se cumplen tres años desde que el SEA (Servicio de Evaluación Ambiental) de Aysén, manipuló y no consideró todas las omisiones del estudio de impacto ambiental de HidroAysén, aprobando el estudio con todas esas deficiencias. Es una fecha que sin duda alguna marcó un antes y un después, en todos aquellos que de una u otra manera nos hemos involucrado para no permitir la destrucción del territorio de Aysén, por las diferentes transnacionales de los diversos rubros productivos, que han querido realizar proyectos sin las debidas condiciones ambientales y sociales de sustentabilidad (desde ALUMISA a inicios de la década de los 90, de salmoneras a mediados de los 90, hasta las hidroeléctricas en la actualidad), por entender que Aysén es una región que se merece respeto y consideración.

No ha sido un trabajo fácil bajo ningún punto de vista para las organizaciones ayseninas involucradas, sobre todo si consideramos que no es remunerado, que sólo se sostiene por el honor de defender nuestro hogar ante una transnacional que representa a uno de los conglomerados económicos más poderosos del planeta. Todos los que nos hemos involucrado, unos más otros menos, hemos sufrido de una u otra manera importantes costos personales y en muchos momentos la poca comprensión, ante las desafiantes y poco éticas estrategias utilizadas por HidroAysén, puestas en acción por la gerente de comunicaciones de HidroAysén en Aysén, María Soto, que entre otras cosas usando un programa de radio financiado por la transnacional, disparó a diestra y siniestra contra la honra de todo aquel que pusiera en riesgo las intenciones de HidroAysén.

Las organizaciones de Aysén hemos luchado contra este tremendo conglomerado internacional, sustentándonos en algo que es mucho más fuerte que todo el lobby y todo el dinero del mundo, lo que hemos denominado “la verdad verdadera”. En Chile en la actualidad existen dos tipos de verdades: la ideológica, aquella que esconde los verdaderos objetivos y omite lo que no acomoda; y  la verdadera, que expone los hechos tal cual son, con informes técnicos y profesionales que en el caso de HidroAysén no dejan lugar a dudas al revisar. El proyecto no reúne las condiciones porque se sustenta en un estudio de impacto ambiental que omite y esconde las verdaderas consecuencias para las comunidades de la cuenca del Baker y para la región como un todo, y además es tecnología del pasado en el mundo del futuro.

La verdad verdadera nos ha servido como base de sustentación para que finalmente y a pesar de todo, podamos de una manera u otra crear conciencia nacional para parar el proyecto y hacer que la sociedad en su conjunto entienda las verdaderas implicancias y el significado de no permitirlo. Mucha gente que en su momento dijo esta verdad en las reparticiones públicas perdieron sus trabajos, otros fueron denigrados en los programas radiales pagados por HidroAysén, algunos fueron apaleados en la vía publica cuando se marchó, incluso llegaron a intervenir nuestros celulares y correos electrónicos y como si esto fuera poco, muchos tuvieron que aceptar que irrumpieran en sus moradas a altas horas de la madrugada en busca de información y les robaran material.

En una sociedad como la nuestra, timorata por convicción, poco informada, acostumbrada a ser manipulada y que sólo piensa en pasarlo bien, que suele creer cualquier cosa sólo porque fue publicada en El Mercurio, los costos para mucha gente al entrar en batalla por los derechos de la región no fueron menores. La presión que por momentos se tuvo que soportar fue complicada de sostener, pero a pesar de todo hemos sido claros y concisos a la hora de defender nuestros derechos y nuestra “verdad verdadera” todos estos años, estimulados por una transnacional que ha jugado con la desinformación y con un gobierno regional que no dudo en tratar de amedrentarnos.

El ex ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, a comienzos de mayo del 2011 era el dueño y señor del país. Demostró lo poco preparado que estaba para el cargo y cómo su falta de conciencia social ensució la labor de su propio gobierno, al no saber separar las aguas entre los intereses del país y el de las transnacionales, y sin dudarlo aplicó el garrote para intentar llevar adelante sus objetivos y los de HidroAysén, sin medir las consecuencias de sus acciones. A partir de esa actitud perdió el sentido de la realidad y lo que significaba su cargo y su proceder, emitiendo la orden de aprobar HidroAysén a como de lugar.

La mañana del 9 de mayo, ante un país que llevaba semanas expectante por la decisión, que había amanecido ansioso ese día por la decisión, Hinzpeter sin la más mínima vergüenza, en tono enérgico y autoritario, discursó -recordando los años más álgidos de la dictadura- que el proyecto de HidroAysén estaba aprobado, con un mensaje directo al SEA de Aysén que horas después sesionaba y decidía la cuestión. A pesar de todas las irregularidades, el proyecto era un hecho.

Los dos meses posteriores a la aprobación de HidroAysén de esa manera tan fraudulenta, hizo que a lo largo de Chile se realizaran apoteósicas marchas que sacaron a relucir otros problemas y más profundos aun, con miles de chilenos que salieron a las calles a expresar su enojo, entendiendo que HidroAysén fue la gota que había rebalsado el vaso y que el discurso que éramos los jaguares de América Latina, miembros de la OCDE y que estábamos a punto de ser un país desarrollado, en verdad era el sillón de Don Otto. La semilla estaba sembrada y gracias a HidroAysén se daba comienzo a la lucha por los derechos civiles de Chile.

En Aysén propiamente tal, todo cambió desde ese día. El ambiente se enrareció y se polarizo totalmente, con un gobierno regional liderado por la señora intendenta Pilar Cuevas, que no dudó en aplicar el garrote como nunca antes habíamos visto en la región, usando procedimientos que pensábamos erradicados del Chile actual. Así mismo y a pesar de todo, esa actitud tan poco democrática nos entregó una vitalidad y una potencia que sorprendió a todos aquellos que no creían en la verdad verdadera que promulgábamos, en momentos en que era mucho más cómodo dejarse estar, aceptando el discurso del gobierno de ese entonces, que ir en contra del orden establecido por la autoridad. Esa misma verdad verdadera fue y sigue siendo hasta los días de hoy  el baluarte psicológico, la energía vital que sirve de aliciente para no decaer y continuar dando la batalla por Aysén. Pasamos de ser una región que históricamente había aceptado su destino en forma estoica, a ser una que lo enfrentaba, aceptando al costo y las consecuencias de defenderlo, entendiendo la trascendencia del momento, que nada seria fácil y que las implicancias que conllevaba una decisión de esa índole no serian fáciles de manejar.

Al entrar en batalla adquirimos unión regional, el resurgimiento de los valores culturales de un Aysén libre y poderoso, vimos lealtad en mucha de nuestra gente que entendió que lo que hacíamos era mucho más que salvar bosques y ríos como le decían en Santiago a las diferentes ONG que asumieron nuestra representación; que era más que nada defender los valores de un Aysén histórico, comunitario culturalmente y muy propio, por un Chile más regionalista y descentralizado. Recibimos el reconocimiento a nivel nacional e internacional, que la batalla valía el esfuerzo y que el ilícito cometido ese 9 de mayo del 2011 ante el derecho constitucional de vivir en un entorno libre de contaminación era suficiente. Que el esfuerzo no era no solo por la región, si no por el Chile total.

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Foto: chilefotojp / Licencia CC

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