#Desarrollo Regional

3 Claves para la descentralización y el desarrollo local

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No puede existir un proyecto de territorio que no cuente con las necesarias claves para el buen desarrollo local y, con ello, los procesos de descentralización. El mundo global exige -ya lo sabemos- respuestas locales para problemas globales: el cambio climático, los flujos migratorios, el envejecimiento, la constante demanda social por mejores y mayores servicios públicos, las crisis económicas cada vez más cerca unas de otras por la volatilidad de mercados internacionales; todo esto afecta a poblaciones concentradas en pequeños espacios de territorio, que sienten que no tienen mucho que ver con dichos problemas. Sin embargo, son parte de, como diría Bauman, las consecuencias humanas de la globalización.


Es imperativo descentralizar Chile y discutir su modelo de Estado si queremos garantizar condiciones de mayor igualdad social y económica, fortalecer y dar impulso al desarrollo económico, enfrentar los problemas globales del cambio climático y recomponer una democracia enferma como la tenemos hoy.

Para enfrentar dichos problemas necesitamos entonces territorios fuertes, capaces de coordinar respuestas concretas, eficientes y rápidas para una población cada día más demandante. Pero nos damos cuenta que los territorios (comunas, provincias, regiones) son incapaces de ofrecer desarrollo de acuerdo a su propia realidad. La respuesta ya la conocemos: Chile es uno de los países mas centralizados de América, donde más del 50% de su PIB lo concentra en la Región Metropolitana y, por otro lado, las riquezas naturales donde se producen esas increíbles ganancias se encuentran (como el caso de Tarapacá) a más de 1800 kilómetros de distancia.

Es imperativo descentralizar Chile y discutir su modelo de Estado si queremos garantizar condiciones de mayor igualdad social y económica, fortalecer y dar impulso al desarrollo económico, enfrentar los problemas globales del cambio climático y recomponer una democracia enferma como la tenemos hoy.

La primera clave necesaria para ello son instituciones fuertes, descentralizadas y transparentes.

La descentralización no se agota en la región, debe llegar a las provincias y municipios, cuidando el buen diseño de la administración pública, evitando solapamientos, dotando de competencias y financiamiento, capacidad de normar los territorios a través de legislación local. Estamos dando pasos hacia delante con la elección de CORES, la futura elección de Gobernadores Regionales y las leyes de competencia, pero hará falta visión de futuro para seguir nutriendo la descentralización chilena si queremos darle mayor calidad de vida y desarrollo a nuestros compatriotas.

La transparencia juega un rol clave en este nuevo diseño, ¿qué duda cabe que si vamos a entregarle mayores competencias, atribuciones y dinero a los territorios, estos deben ser capaces de cumplir altísimos estándares de transparencia para no profundizar aún más nuestro actual sistema feudal y terminar empoderando a caudillos y sembrando corrupción? En Perú, a cambio de más descentralización y recursos locales, eliminaron todas las reelecciones; estas medidas extremas tienen consecuencias positivas pero también negativas para el desarrollo de administración pública local, se requiere de un diseño de administración inteligente.

Las instituciones deben cobrar fuerza en el territorio a través de la elección democrática de la mayor parte de sus autoridades, quienes deben tener competencias necesarias para resolver los problemas de regiones, provincias y comunas de forma más capaz y rápida. Por supuesto, dicha descentralización debe ser acompañada por el financiamiento adecuado donde lo que se produce en la región, se quede en la región.

La segunda clave es una ciudadanía empoderada. Esto no es puro cliché, todo lo contrario, es un elemento clave en la construcción de territorios capaces de dirigir su propio desarrollo. Las regiones, provincias y comunas debemos preparar a nuestros ciudadanos -a todos y todas- debemos capacitarlos, instruirlos y construir mecanismos de participación directa y vinculante en una nueva democracia que resuelva de abajo hacia arriba los problemas del barrio y la ciudad. No hablo acá de asambleísmo por asambleísmo, hablo de diseñar mejores formas de participar, incluso abriéndonos a la posibilidad de utilizar los avances tecnológicos para ello. El desarrollo local es imposible sin la gente.

Una identidad descentralizadora y descentralizante fortalece el proceso porque la gente toma conciencia de su importancia. Hoy la sola palabra descentralizar a muchos les parece extraña y alejada de su vida cotidiana; incluso hay quienes desde los sectores más conservadores hablan peyorativamente de esto intentando enmascarar la descentralización como más burocracia y más políticos pagados. Esta idea lo único que esconde es la protección de un sistema centralista, que incuba una élite clasista y un empresariado que no tiene ningún interés por el desarrollo del territorio, solo por maximizar sus ganancias: si se acaba el recurso toman sus cosas y se van a otra parte.

Escuelas, universidades, organizaciones sociales, instituciones, ONGs: todos debemos tener un compromiso territorial y eso debe ser financiado como proceso clave para el desarrollo local.

La tercera clave es un sector empresarial local fuerte. No es posible un proyecto de futuro sin considerar al sector privado. Ahora, esto no es nada de fácil, porque hablamos de crear una élite empresarial local consciente de que uno de sus mayores objetivos es generar valor compartido con el territorio. Piense usted en cualquier multitienda, banco o empresa minera. ¿Cree de verdad que le interesa el territorio? Podrán existir excepciones, pero en mi opinión creo que son las menos.

Empresas locales capaces de contribuir al desarrollo local requieren de un fuerte primer impulso fiscal, capacitación y profesionalización. Pero también deben tener un fuerte componente de la segunda clave. ¿Cuántos nuevos profesionales o técnicos reciben el mensaje descentralizador en sus universidades o centros de formación? También los trabajadores: debemos crear generaciones vinculadas al territorio, debemos crear empresas (que no deseen solo maximizar ganancias) junto a ciudadanos que entiendan que debemos tener una relación equilibrada con el mundo privado. No solo hablo de localismo empresarial, ya que si una empresa que desea invertir en la región cumple con estándares de responsabilidad social y valor compartido, entonces es perfectamente posible que sea parte de nuestra red.

Hoy nuestro sector empresarial está constituido principalmente por empresas que no cumplen estas condiciones y tampoco las tienen instaladas en su visión organizacional. Los emprendedores muchas veces surgen solos, y quienes tienen algún apoyo en muchas ocasiones fracasan. ¿Por qué? Porque los programas diseñados para ellos son estandarizados, creados desde la lógica central para cumplir metas centrales, gastos centrales, sin claridad de un proyecto regional que vincule y dirija hacia dónde vamos. Incluso muchos actores del sistema privado local ni siquiera tienen responsabilidad social en el interior o exterior de sus empresas. Pregúntese usted ¿cuánto pagan los restaurantes a sus garzones? ¿Cuáles son sus condiciones de trabajo? ¿Cuántos inmigrantes irregulares trabajan sin derechos laborales y amenazados de ser denunciados? Hay tarea pendiente si queremos fortalecer un empresariado local vinculado al territorio que también sea parte de un triángulo virtuoso.

Lo que une a estas tres claves es un proyecto local claro, fuerte y creado por las mayorías. Ciudadanos, clase política local y empresariado deben ser capaces de construir un proyecto y un discurso para cada territorio. Esto no es una receta, sino claves para comprender que sin descentralización efectiva no hay desarrollo local y, por consiguiente, no habrá mejoras sustantivas en la calidad de vida de las personas.

Un centro oncológico, más equipamiento deportivo, una ciudad de mejor calidad, mejor empleo, mayor acceso a bienes públicos, empresas fuertes, productos con calidad y valor agregado que se vendan dentro y fuera del país, ciudadanos comprometidos con su barrio, su ciudad, su región; todo ello sería posible si somos capaces de remar hacia un proyecto territorial que incluya las diferencias y ponga las coincidencias como pilares inamovibles de nuestro desarrollo.

Vamos despejando el camino, porque los desafíos que se vienen -y que son ahora- nos obligan a estar a la altura de las circunstancias; a nuestra generación le toca la responsabilidad histórica de demostrar que somos capaces de gobernarnos nosotros mismos y sentar las bases de un nuevo modelo de Estado y desarrollo para todos los territorios del país.

TAGS: #Centralización #GobiernoRegional #Regionalismo

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