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Sobre fútbol, el arbitraje y sus leyes

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“ Única unanimidad del fútbol: todos lo odian” ( El Arbitro por Eduardo Galeno).

Como todo superclásico del fútbol chileno, el último de estos partidos nos dejó una serie de polémicas arbitrales. Esto no tiene ninguna novedad. Lo novedoso, sin embargo, fueron las declaraciones posteriores en las que el árbitro, Jorge Osorio, justificaba su actuar. A raíz de aquellas declaraciones, me gustaría reflexionar sobre fútbol, el arbitraje y sus leyes (o la aplicación de éstas).

Antes que todo, me gustaría advertir al lector sobre algunos asuntos preliminares. No es mi intención legitimar o deslegitimar el triunfo de Colo Colo basándome en las declaraciones de Jorge Osorio. Tampoco pretendo personalizar el tema del reglamento (o de la aplicabilidad de éste) en la figura de aquel árbitro. Mi intención es tomar las palabras de Osorio, que a mi entender reflejan una mirada generalizada, y reflexionar sobre aquella perspectiva de una forma general.

En distintos medios se reproducen declaraciones en las Jorge Osorio sostiene “La verdad es que he escuchado las críticas, y no las comparto en el sentido de que las jugadas las ven aisladamente, y no en el contexto. Estoy en un partido completo y eso se evalúa en relación a la temperatura del partido”. Después agrega “Me encontré con lo que proyecté. Son partidos distintos, el jugador está más sensible a las reacciones del árbitro” (El Grafico). “El partido hay que conducirlo. No se deben sancionar las acciones por si solas. Hay que ver el contexto. El juego es variable y el arbitraje también. El arbitraje se debe llevar, un partido se conduce y no sólo se deben ver las figuras por si sola”. Posteriormente Osorio sostiene que “era un partido que se estaba jugando a otra temperatura y ese margen era el que tenía yo para conducir el partido”. Por ultimo cuando se le consulta sobre el entrevero entre Vilches y Rubio, este responde “en esa jugada en particular se debe considerar el contexto del partido…” (La Tercera 20/10/2014).

Lo interesante de aquellas declaraciones es que sugieren que un ‘superclásico’ es un partido de fútbol atípico al resto (que de hecho lo es por la importancia del mismo, pero que NO lo es desde la perspectiva arbitral). Además, pareciese que hay ‘sensibilidades’ distintas y, debido a éstas, el árbitro tiene que evaluar decisiones en un contexto más general al de la aplicación del reglamento. Por último, pareciese que el árbitro tiene que tener la habilidad de ‘conducir’ este tipo de partidos.


El árbitro es el principal protagonista porque todo lo que sucede a su alrededor es, de alguna manera, debido a su conducción.

Como amante de este deporte creo que aquellas declaraciones denotan un forma perjudicial de ver el fútbol. En lo que sigue, paso a explicar las razones de mi perspectiva.

Primero, aquellas declaraciones insinúan que el árbitro tiene un rol más preponderante del de simplemente aplicar las reglas del juegos y sancionar cuando éstas no se cumplen. Pareciese que el árbitro tiene que tener un conjunto de habilidades especiales para este tipo de partidos. Tiene que saber ‘guiar’, ‘conducir’, ‘manejar’ el juego. Todo esto propone que el árbitro es el principal protagonista porque todo lo que sucede a su alrededor es, de alguna manera, debido a su ‘conducción’. A mi entender esto le da un protagonismo injustificado. Los ‘futboleros’ queremos ver que lo protagónico sea exclusivamente los jugadores y sus jugadas. Queremos ver en el árbitro a un autómata que exclusivamente sancione y aplique las reglas del juego. Queremos, en el extremo ideal, ni siquiera saber el nombre del que embiste la función del árbitro. Queremos que el único protagonista sea el fútbol y no el señor de negro.

Segundo, cuando se ‘conduce’ o ‘guía’ un encuentro, se nos está diciendo que hay circunstancias especiales (o partidos de fútbol distintos) en los que el árbitro está por sobre el reglamento. Se desprende que la conducción de un partido es más importante que la aplicación de un reglamento. Por ejemplo, Osorio cree que no es tan simple como aplicar un reglamento. Osorio cree que es importante la ‘evaluación de un contexto’. Pero, ¿Cómo sabemos que aquella evaluación es correcta? ¿Cómo sabemos si una decisión no cobrada en pro del ‘contexto’ será posteriormente una decisión equivocada? Creo, y ahí radica el problema, que la única forma de saber si una decisión fue justa es cuando su lectura se apega lo más posible al reglamento. De este modo, ‘conducir’ un encuentro seria antirreglamentario. No quiero insinuar que Jorge Osorio hacía esta interpretación del reglamento para favorecer a algún equipo. Simplemente que debido a esa lectura, se entiende y se aplica el reglamento con otro ‘espíritu’ o disposición.

Algunos dirán que en circunstancias especiales, como un superclásico, es deseable que el reglamento se interprete de manera un poco diferente. Citarán como ejemplo, que si ese partido no se hubiese ‘manejado’ se habría terminado por suspender debido a la vehemencia de los jugadores. También se puede sostener, que debido a la amenaza de violencia en el estadio, el árbitro prefiere tener una interpretación más laxa para así evitar cualquier tipo de inconveniente.

Aquellas razones hacen mucho sentido. Sin embargo, dañan el espíritu del juego en el largo plazo. Lo dañan porque aquella interpretación no permite explicar por qué los equipos ‘chicos’ nunca se favorecen de esta ‘flexibilidad legislativa’. Lo dañan además por que establece que es circunstancialmente legitimo que el sentido común del juez este por sobre el reglamento.

En la presente columna he explicado por qué creo que la interpretación que hacen algunos árbitros sobre un partido importante (o un clásico) es dañina para el fútbol en general. Creo que esta lectura no contribuye al normal desarrollo del deporte debido a que desvía la atención sobre quien es el verdadero protagonista de un encuentro de fútbol. Adicionalmente, la lectura que representa Osorio es perjudicial porque no sabemos precisamente qué entienden los árbitros por ‘conducir un partido’; por ejemplo no sabemos si la ‘conducción’ de un encuentro se ajusta a reglamento. Por último daña nuestro deporte porque establece que en un ‘clásico’ hay circunstancias excepcionales en la que la aplicación del reglamento debe hacerse considerado aquellas circunstancias.

Si los árbitros no se ajustan al reglamento, la predicción de Eduardo Galeno seguirá siendo valida: ¡todos los odiaremos!

TAGS: Arbitraje Deportivo Fútbol

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