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Messi y Cristiano Ronaldo

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Cristiano Ronaldo podrá haber ganado el botín de oro al mejor futbolista del mundo, pero el mejor sigue siendo Messi… Por lo menos, eso creo yo.

A propósito del fútbol, por años se viene arrastrando una guerra sobre quién es el mejor jugador de fútbol del planeta. La lista se ha reducido a una lucha frente a frente entre el argentino Lionel Messi y el portugués Cristiano Ronaldo. El “Oscar” a estos deportistas es el llamado Balón de Oro que confiere Europa. Ambos lo han ganado, pero casi todos los periodistas deportivos coinciden en que Messi lo ganó un par de veces seguidas y podría haberlo seguido ganando, pero la FIFA, conciliando el negocio y el deporte, no podía seguir humillando a Cristiano por tantos años. De manera que el año pasado se lo otorgó y Ronaldo lo recibió con lágrimas en los ojos, lo que no está mal. Todos nos emocionamos hasta las lágrimas ante nuestros mayores triunfos y derrotas, pero a Ronaldo se le notaba lo forzado y ensayado para las cámaras.

Veamos a Cristiano Ronaldo. A pesar de que se ha aliado a causas justas, como la de Palestina y niños que han necesitado de su ayuda monetaria, entre otras cosas, su imagen en la cancha no lo ayuda. Entra como un maniquí, perfectamente vestido, recortado y peinado a la gomina para que no se le mueva un pelo, ni siquiera cuando lo pateen en el mismo medio del pecho. Sabedor de que una cámara lo seguirá a todos lados, ensaya cada movimiento y gesto. Histriónico, al menor golpe va al piso y abre los brazos buscando al árbitro. Si no cobra a su favor, le da una infantil pataleta y golpea el piso con la mano, pero con mucho cuidado, para no herirse o afear la manicura.

Si hay un tiro libre, Cristiano es letal. Patea con mucha fuerza, dirección y destreza y es peligrosísimo. Pero, aquí vamos de nuevo, otra actuación. Pone la bola en el sitio designado mientras mira, de reojo, el arco. Luego, como consumado actor, da cinco o seis pasos hacia atrás, respira hondo, toma toda la fuerza del mundo y dispara, mientras millones siguen al detalle sus movimientos.

Con la bola en sus pies, Cristiano también es motivo de preocupación de los contrarios. Es rapidísimo, corre como una gacela, a largas trancadas, y al enfrentar a su oponente hace el llamativo movimiento de pasar ambas piernas por encima del balón intentando confundir al contrario y que salga corriendo para el otro lado. Muchas veces lo consigue y, a decir verdad, la jugada es muy vistosa, y hace lucir a Cristiano Ronaldo como un crack. Pero si usted ha tenido el privilegio de ver alguna vez a “Mane” Garrincha, con sus piernas torcidas por la poliomielitis, doblando la cintura y amagando a los contrarios, que iría para la derecha, y salía corriendo hacia la izquierda —y en muchas ocasiones incluso sin la bola, que quedaba en el mismo sitio—, todo lo que haga Cristiano o cualquier otro, es jardín de infantes.

La sonrisa de Cristiano tampoco lo ayuda. Es una risa  que parece sarcástica y fingida, quizá, no lo sea, pero así luce. Su cuerpo, milimétricamente modelado y trabajado como para hacer propaganda a alguna marca de calzoncillos o una peliculita rosa, tampoco ayuda mucho. Es buen mozo, pero eso le sirve con ellas y algunos ellos; en cambio le gana el odio de la mayor parte de la afición futbolera que la constituyen hombres. A estos no les gusta ver a bonitillos jugando buen fútbol, prefieren a los maltrechos y feos pero hábiles en eso de enamorar la pelota para que no los abandone y siempre esté rendida a sus pies.

En lo estrictamente futbolístico, sin lugar a dudas, Cristiano Ronaldo es bueno, diestro, sumamente hábil, por eso es uno de los dos mejores jugadores del mundo, pero aquí hay otro pero: si no tiene a las llamadas “aduanas” a su lado el jugador y el hombre desaparecen. En este Mundial de Brasil, hubo juegos de Portugal en el que se podía preguntar… ¿Cristiano está jugando?

En el Real Madrid luce porque tiene a Xavi Alonso, Di María y Modric, que lo abastecen de bolas, juegan para él. Sabe que los pases y las bolas le llegarán para él hacer los últimos movimientos y alcanzar el orgasmo futbolero, el gol. Que hasta el balón es un símbolo fálico que penetra el arco y descansa en la red. En Portugal no tiene esas “aduanas” y usualmente en todos los equipos nacionales es así porque los once son estrellas y todos creen que pueden brillar por sí solos y así les ha ido a algunos equipos en este Mundial.

Veamos ahora a Messi… Un tipo más bien petiso, ahora tiene un corte de pelo un poco más aceptable, antes lucía un pelo lacio y anodino. Su rostro, si no fuera por lo que hace con sus piernas y la bola, sería fácilmente olvidable, pero tiene una sonrisa espontánea, simpática y bonachona, aunque no fuera verdadera. Luce tímido, buena gente. Parece confiable, aunque algunos dicen que ni tanto. Es más, hay quienes dicen que no es Sabella el que dirige la selección Argentina, sino Messi. También dicen que cada vez que Sabella quiere hacer un cambio o movimiento en un juego, primero mira a Messi buscando su aprobación.

Messi juega siempre con la camisa por fuera, en realidad, últimamente, como que todos lo hacen. Los tiros libres de Messi son tan o más letales que los de Ronaldo, pero no dramatiza el asunto. Pone la bola, se retira dos o tres pasos y gol. Messi aún exuda la sensación de que disfruta el juego, que aún no se ha convertido en una máquina como Cristiano y gran parte del fútbol mundial. No sé si esto es tan verdad o no, pero esa es la apariencia. El simple hecho del gesto de mirar al cielo cuando convierte un gol lo distancia de Cristiano que se arroja al césped con las piernas dobladas. Uno parece más agradecido que el otro. Uno parece decir gracias por la ayuda, el otro grita ahí tienen otro de mi factura.

El epítome del jugador que aún disfruta salir a la cancha y se le nota en todo su cuerpo y rostro es Ronaldinho y esta característica es propia del potrero y el villorrio. Eso no se aprende en las escuelas de fútbol o en los grandes estadios. La picardía del balompié se adhiere en las canchas de tierra de la población jugando y tragando kilos de tierra y polvo. Algo de eso aún le queda a Messi, aunque sea solo apariencia mentirosa. Pero la mayor diferencia cualitativa entre Cristiano Ronaldo y Lionel Messi es su actitud ante el juego. Ronaldo y Messi pueden estar empatados en todas las características medibles para establecer quién es el mejor jugador del mundo y ganará “la Pulga”, por su actitud. Haga este examen, revise los partidos de Portugal donde Cristiano desaparecía del juego y se dará cuenta de que este permaneció siempre arriba, esperando por los que tenían la “obligación” de proveerle juego. Si estos no llegaban, no querían o no podían, Cristiano seguía allí en su torre de cristal en posición individualista contrapuesta a lo que es su deporte: el colectivo.

Con Messi a veces ocurre lo mismo. De hecho, en este Mundial ha sucedido en un par de encuentros. Messi puede estar desaparecido 89 minutos, y en uno, baja más atrás de la mitad de la cancha, se asocia con sus medios y defensores y en su propia área recupera el balón. Corre con tranco de pato, con un pie atrás del otro, con rapidez igual a la de Ronaldo, pero menos vistosa, es más, hasta diría que corre feo. Allí enamora la bola de tal manera que esta no se le despega, ni se quiere despegar de su botín y llega al arco rival, convierte el gol y descuadra al más cuadrado. Se acabó el partido. Argentina gana 1 a 0. Por eso, Cristiano Ronaldo podrá haber ganado el botín de oro al mejor futbolista del mundo, pero el mejor sigue siendo Messi… Por lo menos, eso creo yo.

TAGS: Brasil 2014 FIFA

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