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Con platillos y sin bombos

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A simple vista parece un elemento insignificante, pero el bombo está asociado a la discusión pública de seguridad durante los partidos de fútbol. El plan gubernamental Estadio Seguro, amparado en la nueva Ley de violencia en los estadios, tiene prohibido el acceso de dicho instrumento de percusión a los partidos.

De lo más variopinto ha sido el tema de la música o el sonido en la historia del fútbol chileno. Desde la bandita de Magallanes, pasando por la sirena del Estadio Municipal de Calama,  hasta los ya clásicos cánticos de las barras. Hay, sin embargo, un sonido que casi siempre ha ambientado la mayoría de nuestros estadios: el bombo.

A simple vista parece un elemento insignificante, pero el bombo está asociado a la discusión pública de seguridad durante los partidos de fútbol. El plan gubernamental Estadio Seguro, amparado en la nueva Ley de violencia en los estadios, tiene prohibido el acceso de dicho instrumento de percusión a los partidos.

Muchos de los detractores del plan Estadio Seguro ven en el bombo un elemento que en sí mismo es incapaz de causar o promover violencia. Sostienen que el bombo siempre ha sido parte del espectáculo. El bombo, además, es el encargado de marcar el ritmo del partido cuando el equipo necesita el apoyo de su hinchada. Por lo mismo, los defensores del bombo son muchos: el barrista, el hincha,  futbolistas e incluso algunos políticos.

Si bien creo que el gobierno ha fallado en explicar claramente las causas de dicha prohibición, existen razones justificadas para dicha negativa. No sé si la explicación que propongo es la que sostiene el plan Estadio Seguro, sin embargo, parece una explicación plausible.

Previo a Estadio Seguro las barras permitían que delincuentes, escondidos en la multitud, efectuaran sus fechorías. Al poco andar, dichos delincuentes se dieron cuenta que era muchísimo más conveniente no sólo esconderse en la multitud, sino que adquirir el liderato de las barras para, desde allí, cometer delitos. Esto generó en las hinchadas de distintos equipos luchas de poder para controlar la barra. Y estas batallas nos han dejado las más escalofriantes imágenes de violencia nunca antes vistas en estadios de Chile.

El plan Estadio Seguro identificó, correctamente a mi entender, que si se quiere eliminar la violencia en los estadios es necesario acabar con dichas luchas de facciones. Debido a ello, se determinó que no podrán existir barras organizadas respaldadas por equipos profesionales. De este modo, quien vaya al estadio será sólo un asistente y no tendrá nada que ver con la organización del espectáculo.

Ahora, ¿qué tiene que ver el bombo en todo esto? Muchos reclaman que el bombo no está necesariamente ligado a una barra y que, por lo tanto, se podría tener el bombo sin la necesidad de una hinchada organizada. Considero dicho argumento debatible. Si bien el bombo por sí solo no genera violencia, quien controla el bombo sí tiene cierto poder (o control) sobre el espectáculo: determina qué canciones se cantan en el estadio y también determina si se pone presión en los rivales o en el propio equipo. Entonces, si dejamos este poder en manos de quienes nada tienen que ver con la organización del espectáculo, es de esperar que haya más de alguien deseoso de hacerse con ese control. Esta lucha por el control del bombo de seguro generará violencia como ya lo hemos visto en el pasado.

Si es que todos los espectadores tienen los mismos derechos y obligaciones, ¿qué impide que uno lleve su propio bombo al estadio? ¿Por qué se le debe entregar ese poder sobre el espectáculo solo a una persona (o grupo)? ¿Por qué yo como simple individuo no puedo llevar mi propio bombo o mi propia radio o banda musical? Creo este tipo de interrogantes son difíciles de responder por quienes abogan por la vuelta del bombo a los estadios.

Alternativamente se ha propuesto que el encargado de proveer el bombo sean los equipos de aquellas barras que lo deseen. Esto, sin embargo, no soluciona el problema de fondo: la igualdad de derechos entre los asistentes. ¿Quién determinará qué canciones cantan los asistentes, o quién determina qué toca el bombo? ¿Serán los clubes o será un sector del público? Si es un sector del público nuevamente se le entrega poder a algunos sobre otros y es de esperar que haya luchas por controlar dicha potestad. Si es que los encargados son los clubes, aseguro que generará muchísimo rechazo, sobre todo por parte de los barristas.

Celebro con bombos y platillos la intención de Estadio Seguro (sin importar el gobierno de turno) de eliminar de una vez por toda la violencia en los estadios de Chile. Si el precio que hay pagar es la prohibición de los bombos, me parece un precio sumamente módico. Corrijo lo arriba dicho, festejos sólo con platillos las políticas de Estadio Seguro.

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Comentarios

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Arturo

16 de Abril

Totalmente en desacuerdo; antes del plan cualquiera podía llevar los elementos que quisiera. No era obligación solo de un grupo. Yo voy al estadio antes durante y supongo que después de estadio seguro también seguiré llendo. Pero desde que esta el plan la represión ha sido durísima en los accesos, durante y después de los partidos. He sido testigo directo de eso. La impresión que queda es que el plan parte considerando a todo aquel que va a galería es un delincuente en potencia y no existe distinción entre niños, mujeres, adultos. Y también soy testigo directo. Para proteger a mis hijos no deje de ir al estadio, me tube que ir a otro sector del mismo más caro pero donde bajo el mismo plan recibes un trato diferente. Un bombo más un bombo menos no tiene nada que ver. Hoy no lo hay e igual hay luchas de poder entre muy pocos, pero totalmente identificados. Y no existe ninguna sanción sobre ellos. Así que amigo mío lo del bombo es pura chaya. La gente, la gran mayoría canta y alienta igual. Estadio seguro es un plan que limita a la fuerza las libertades de las personas.

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