De dos maneras harto diferentes, podemos indicar hacia la cuestión de la unidad y la multiplicidad. Aparentemente su convivencia se hace posible en una ausencia. Lo cual resulta muy extraño: para que exista lenguaje algo elemental debe desaparecer. Las múltiples posibilidades de lo humano parecen condicionadas por un gesto de exclusión. Y de exclusión de algo de la Naturaleza o de entre las cosas que no son humanas.
La unidad aparece pensable bajo la forma de una negación. Mientras, la multiplicidad y las diferencias se dan a la experiencia habitual en la existencia humana. Podemos hablar de diferencias con bastante facilidad. Señalarlas por doquier. Muchas filosofías contemporáneas se alimentan de describirlas y pensarlas y privilegiarlas. Afirmándolas y negándolas de unas maneras u otras –sobre el fundamento de haber resuelto su relación con la unidad de las cual son, precisamente, diferencias.
Se puede decir “diferencia” allí donde se puede diferenciar, y diferencia ocurre respecto de algo común. Claro que no se trata de diferencias cotidianas, sino de aquellas diferencias que son fundamento de la posibilidad de hacer diferencias. Como la prohibición del incesto –cualquiera sea eso incestuoso— que habla de la posibilidad del parentesco humano; o la “differance” como interrupción de la significación para que podamos comprender algo como significativo. O sea, simplemente para “comprender”.
El sol, o lo que he intentado decir con “sol”, a veces, y solo a veces, puede darse en el cielo a la manera de un cierto mensajero de unidad
El sol, o lo que he intentado decir con “sol”, a veces, y solo a veces, puede darse en el cielo a la manera de un cierto mensajero de unidad. Y llevando la mirada a la Tierra podemos fácilmente encontrar, al mismo tiempo, tantas diferencias. También las diferencias de la historia humana –donde cada cultura y cada tiempo ha señalado la necesidad de una posibilidad de respuesta. El gesto de descubrimiento intelectual de Levi-Strauss y el momento de inventor de palabras de Derrida, por otro lado, pueden señalar una unidad en el modo excepcional del habitar humano de esta Tierra
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Fernando Viveros
Rolando, un agrado leer tu comentario.
Sin duda, hay muchas cosas para conversar.
Espero que nos sigamos encontrando
en esta pàginas. Un abrazo para ti
Rolando Saldías
Lo bueno de columnas como esta es que con ellas podemos indagar en los secretos del universo y del pensamiento y comportamiento humano, tanto personal como colectivo…
A mí por ejemplo -aunque no con esta clase de columnas iluminatorias- me ha quedado claro que tuvo que haber una mano divina que hizo evolucionar el lenguaje de los bosquimanos (personas con el ADN más antiguo del planeta) desde los chasquidos a uno que utilizaba palabras (porque aún los bosquimanos siguen sin ocupar un lenguaje con palabras, tal como el resto de las personas), lo que nos hace concluir que “el problema más difícil en ciencias” (el origen del lenguaje) tuvo un origen divino.
Igualmente entendí que el estatuto perpetuo al mar (para que no traspasase toda la tierra) provino de la formación de la luna orbitando al planeta, de tal manera que produjo una atracción gravitatoria que levantó la tierra, dando origen a la cadena de volcanes, conocida como el cinturón de fuego, que alguna ver circundó al Pangea, que fue el territorio donde se reunió la tierra en un lugar para descubrir lo seco y separar la tierra de las aguas, todo perfectamente ilustrado en la Biblia y National Geographic.
De todo esto puedo concluir que es complicado vivir en nuestra era, porque los hechos relevantes se cuelan como a mosquito, pero, siempre estamos inventando una nueva camellada con la que vender alguna pomada pal’ cuero, pal’ zapato, el auto, los muebles y, en contados casos, para el intelecto humano…