#Cultura

El refugio de perros

0 |
COMPARTIR
EN WHATSAPP
COMPARTIR
EN WHATSAPP

Perros-Gloria Riojas

Mientras la pestilencia de las enfermedades  comienzan a cubrir la ciudad. Observo la pared blanca en busca de cortes para poder jugar a unir líneas e imaginar rostros de animales.

De golpe siento la presencia de los recuerdos que me provocan  retortijones en mi intestino. Tomo un bote de diazepam entre todos los medicamentos y brebajes que poseo en esta oficina para buscar calmar la ansiedad y pánico. Me trago la pastilla y me trueno el cuello con la mano derecha.

La tía, al pensar en su deceso, me provoca  ese  aturdimiento metal y físico. Supe por teléfono la noticia.  En medio de la excitación de mis colegas médicos apresurados para salir disparados hacia las paradas de buses y volver al refugio seguro de sus vidas sin pestes.  Lo más lejos de la pestilencia que comenzada a plagar la ciudad.

La llamada fue del esposo de mi prima. Él, con solemnidad, me dice: “te tengo una mala noticia” “hasta aquí no más llegamos, mi madre, algo le paso” pensé de inmediato.

-¿Mi madre?

– No, tu tía, la de los perros. Oye, una buena noticia, que más se le puede pedir al fin de año. Esa vieja era enemiga para cualquier ser vivo que no caminara en cuatro patas.


¿Qué pasó? – No sé. Piensan que puede ser “la enfermedad”.  Yo hablé con ella hace días.  Vine ya que llamé por teléfono y nadie contestaba -respondió mi primo-"Nunca debí dejarla sola siendo un adulto mayor."

Guarde silencio. El ser humano en la actualidad ve la muerte como un chiste o broma. Tenía años de haber regresado a Chile a vivir y nunca pude acostumbrarme a ese irrespetuoso humor de muchos chilenos. La muerte debe respetarse y  a la vez temerse, reflexionaba para mí mismo.

Entre la oscuridad de la calle, viajábamos en un Uber. Me senté en el asiento de atrás para evitar lo más posible contacto humano de un desconocido.  No hablábamos nada con el conductor. Solo podía ver sus pequeños ojos por el retrovisor y dos mascarillas amarradas desordenadamente cubriendo su boca.  Pensé que seguramente no había podido encontrar más y que estaba reutilizándolas.

Pensé en mi tía. No pude digerir los recuerdos de alguien que no vive más y que para mí había tenido una existencia hacia los demás deplorable y detestable. Algo común en las familias grandes con intereses de plata. Aunque un cierto remordimiento me envolvió por cortos instantes, siendo más fuerte la capacidad de no olvidar. Perdonar sí, pero olvidar jamás.

Ya de noche, toque la puerta de la casa con una moneda mientras el auto se perdía en dirección hacia la Gran Avenida. Desde adentro, por lo menos, veinte perros sacaban las cabezas por las rejas. Ladraban con una furia que no puedo explicar. Era como si hubieran soltado a  millones de demonios de sus escondrijos del averno. Se miraban con hambre, pero gordos. No sé qué había hecho ella con estos animales, pero por primera vez me di cuenta que ellos dictaban las reglas. De alguna forma, tenía que pedir la autorización a la matriarca de la casa llamada Blondie para calmarlos. La descubrí por una mancha blanca en el pecho. La llamé con cariño. La perra me reconoció y los ladridos disminuyeron.

Esto permitió que mi primo Martín  escuchara y viniera a abrirme. Al verme lloró amargamente, lo abracé y lloré, no por su madre, sino por él y por no saber cómo ayudarlo en lo que se le venía encima. La muerte puede ser algo duro en el momento, y por mucho tiempo después, dando inicio a una sensación de evaporación de las acciones de la vida. Al final termina llenando nuestra mente con objetos irreales, sin materia, sin nombres, melodías de canciones del pasado  y marcos de ventanas de las habitaciones de nuestra niñez. Ventanas apagadas en un absurdo silencio que no nos dice como salir de torbellino.

Entramos a la casa que se caía a pedazos de descuidada. Los perros saltaban por todos lados. Al pasar, observé la escena que todavía quiero olvidar. La tía doblada en el suelo con las medias abajo y ese aroma a muerte que ya impregnaba todo. -¿Qué pasó? – No sé. Piensan que puede ser “la enfermedad”.  Yo hablé con ella hace días.  Vine ya que llamé por teléfono y nadie contestaba -respondió mi primo-“Nunca debí dejarla solo siendo un adulto mayor.”

La tía dormía, comía, trabajaba, veía tele y leía novelas en la sala, saturada de papeles viejos de periódico, cajas con revistas de décadas pasadas. Cualquier ser humano semi-normal no hubiera podido vivir o sobrevivir en un sitio convertido en eso. En las habitaciones, florecían nidos de artículos viejos, siete u ocho paraguas, cinco video caseteras, una computadora nueva sin usar, más diarios apuñados en cada esquina y arañas. También un museo de artículos vendidos por esos programas de televisión, esperando ahí para ser repartidos entre los familiares.

Yo guardaba silencio pues mi primo no decía nada de ese caos. “Fe en el caos” recordé por un instante. “Fe en el caos” por lo que viví, vivo y viviré, por esas  historias extrañas que siempre me tocaba vivir en alguna de mis vidas.

——

Me ponía nervioso los gruñidos de tantos canes y cierta vergüenza ajena por el desorden del lugar. Mi prima Anel  con un gesto de señalamiento y tapando su boca, me indicó a una garrapata que subía por el hombro de un vecino curioso sin que la notara. El bicho se desprendió solo y calló al suelo a juntarse con otros de su especie.

Dos horas después se presentaron los tipos de la oficina de los forenses.  Se veían cansados. Uno alto con cara de desvelo y los zapatos desabrochados. Era obvio que le sucedía continuamente pues su compañero le llamó la atención con una mirada. Levantaron el cuerpo con tranquilidad, especialista en enfrentar los productos de la muerte. Con suavidad, como si todavía estuviera viva, la pusieron en una plancha oxidada.

Por la postura del “rigor mortis”, la forma en la cual la sacaron fue la misma como la encontraron. Mejor me retiré, pues tengo el pequeño defecto que al estar muy nervioso, me dan ataques de risa y, en ese momento, las garrapatas, los perros, el desorden me causaron una especie de realce de risa interna; no de alegría, sino por la situación ridícula, el contexto extraño, lo desacreditado de algo normal como la muerte. Me pregunté la razón de no tener un deceso corriente, es decir, en una cama de hospital o en la cama de un hogar, pero no en una realidad extraña y caótica.

Me alejé y encendí un cigarro. Un gato salto por el techo de la casa contigua. Los perros de atrás de la casa , aislados por una cerca de madera, gruñían, aullaban y ladraban; esos infundían terror. Al acercarme quince de ellos, uno sobre otros en forma de avalancha canina ladraban con furia infernal, intentaban morder a quien tuvieran cerca.

¿Qué hubiera pasado al morir la tía en el patio? Estos animales hubieran hecho presa de ella. Una muerte grotesca y sumada, ridícula. Como aquel viejo que muere en un prostíbulo con los zapatos puestos y con una “Viagra” en la mesa, un transeúnte aplastado por un suicida de esos que se tiran de un edificio  o aquel que muere por estar borracho y lo atropella el tren por dormir en los rieles. Una muerte de titular rojo de periódico. “Muere comida por mascotas”  qué sé yo, algo oscuro, aún más de lo que veía en esta casa, a la cual le habría prendido fuego con todo adentro para purificarla bien.

Eso sí, los perros no eran culpables de la situación, y al encontrar las bolsas de “Purina” de primera calidad consideré que la tía poseía preocupación por los animales. Toda su miserable jubilación se la gastaba en ellos, pero en algún momento se salió de control. Esto no fue la causa de su muerte, más bien eran su razón de vida. Hay personas solas que dejan caer todo su amor en mascotas con tanto exceso, pues los humanos nunca podremos superar el amor infinito de un perro y menos darlo a otros como ellos lo hacen.

Y eso no la convertía en una persona buena con otros; sólo con sus animales que nunca podían quejarse de ella.  Oyentes sin habla y juicio de su hacinamiento. Miré por la cerca y un perro chico y negro me saltó encima, dándome una mordida en el brazo que pude usar como escudo para taparme el rostro. Un mal presagio, ¿represalia de la tía muerta? Ahora vacunas para la rabia, y a ver cómo ordenamos esto. “Fe en el Caos” pensé y al fin entendí lo escrito en el bote de veneno que coloque hace unos días atrás en su despensa.

TAGS: #Perros #Relato #Soledad enfermedad

Los contenidos publicados en elquintopoder.cl son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores.
Te invitamos a conocer nuestras  Reglas de Comunidad

Comentarios

Quedan 1500 carácteres.

#NuevaConstitución

VER TODO
La energía es fundamental, ergo, un derecho humano tal como lo sostenemos en la propuesta al país desde la Red de Pobreza Energética
+VER MÁS
#Energía

Energía, derechos humanos y mínimo vital: una discusión necesaria

La elección de los gobernadores regionales y la elaboración de una nueva Constitución, debieran fortalecer esta tendencia a la autonomía de las regiones para ir definiendo sus vocaciones productivas, pe ...
+VER MÁS
#Medio Ambiente

Un nuevo modelo: desde las regiones y el medioambiente

En determinados sectores se observa una cierta pulsión hacia lo autoritario y violento, y una clara tendencia a cancelar el debate.
+VER MÁS
#Ciudadanía

La Convención Constitucional chilena. Cuando la política sí importa

Sin perjuicio de existir un principio de igualdad reconocido en la Constitución chilena, lo cierto es que, en los hechos, este queda más bien como una declaración de buenas intenciones
+VER MÁS
#Género

La igualdad de oportunidades/género

Nuevos

La ONU, define al agua no como un recurso natural, sino como un derecho humano, pero, es un principio que no se respeta, ya que siempre está subordinado al interés de las grandes corporaciones e inversion ...
+VER MÁS
#Medio Ambiente

Crisis hídrica, el terremoto silencioso e invisible

Abordar la educación como un desafío de justicia social implica realizar una declaración política que nos señale el camino hacia la cohesión e integración social
+VER MÁS
#Educación

Condiciones para garantizar el derecho a la educación de calidad

Este dilema que tiene la derecha en Chile, no es exclusivo de dicho país. Se repite en otros confines. En EEUU con el partido republicano, donde tienen al Tea Party en su interior, o en España, donde el P ...
+VER MÁS
#Política

El dilema de la derecha: Kast o Sichel

Hay una palabra compleja, y de pronto eso la hace inmensamente bella, la parresía, profundamente explorada por esos viejos atenienses y otros clásicos.
+VER MÁS
#Política

Provoste, centró el centro

Popular

Si queremos combatir la corrupción, el blanqueo de dinero y la desigualdad global, es imprescindible tener bajo control a los paraísos fiscales.
+VER MÁS
#Economía

De los Offshore Leaks a los Papeles de Pandora

Hay quienes quieren certezas de otra índole, como la seguridad y el combate de la delincuencia, y creen que esto se soluciona apelando a cierto patriotismo, a una política identitaria en que los límites ...
+VER MÁS
#Política

Cuidado con Kast

Si el prestigio y credibilidad de las Instituciones ya venían cuesta abajo antes de conocerse los Pandora Papers, el aporte del Presidente Piñera es despejarles el camino para que sigan rodando.
+VER MÁS
#Política

Pandora Papers y algo más

Se estima que hay alrededor de 70 mil proyectos inmobiliarios que, en vez de realizar sus obras en terrenos sujetos al proceso de cambio de uso de suelo (de rural a urbano), emplazan las construcciones habi ...
+VER MÁS
#Ciudad

La nueva ruralidad