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Wikileaks: The Chilean pelambre

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 “Ese Valenzuela es como para verlo y arrancar a perderse… Porque ¡hasta los estornudos los escribe!… El Copuchento Valenzuela, le vamos a poner ahora”.

 
La reacción de Martita Larraechea respecto de las revelaciones de Wikileaks sobre informes de Arturo Valenzuela, el natural de Chile que hoy ocupa el cargo más alto en la administración norteamericana -Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental o Subsecretario para Latinoamérica- ponen en evidencia dos hechos muy relevantes de estos episodios.
 

 
Lo primero es que tomarse con humor las filtraciones de la Embajada estadounidense parece ser la mejor receta.
 

 
Ello en el entendido que las conversaciones que han tenido nuestros líderes de opinión con funcionarios del súper poderoso país del norte no van más allá de aperturas de tarro o pelambres sobre nuestras autoridades, que a lo sumo pueden hacer ponerse colorados, tanto a los emisores como a los objetos de la conversa.
 

 
 
Esto es lo que ha ocurrido por ejemplo con las aseveraciones que hizo en febrero de 2009 el diputado Darío Paya a un funcionario diplomático de USA respecto del último aspirante presidencial de la Derecha.
 

 
El problema es que aparentemente Paya aún no asumía que pronto se transformaría en uno de los integrantes del equipo superior de la campaña de éste y que, ganada la elección, pasaría a ser su representante nada menos que en la codiciada Embajada de Chile ante la OEA, con sede precisamente en Washington.
 

 
Claro, de haberlo sabido, posiblemente no habría dicho que estimaba que el futuro Presidente era un “imbécil’, que desobedece las reglas", pero que “puede hacer su trabajo”.
 

 
Paya sostuvo que “son frases sacadas de contexto, en donde se le cambia completamente el sentido a un diálogo. Se trata de un abuso de distorsión”.
 

 
Asimismo, ha dicho que el mandatario “con su trayectoria, se ganó merecidamente el respeto de la opinión pública y el apoyo de quienes han conocido su capacidad de trabajo y condiciones de estadista”.
 

 
La primera parte de su defensa es pésima, porque indudablemente en cualquier contexto las críticas con ese tonito frente a quien llegaría ser Presidente y su jefe no dejan de ser insultantes.
 

 
En el mismo nivel de error se sitúan las descalificaciones que hace de Wikileaks el vocero de verano de la UDI, Iván Moreira, quien sostiene que el sitio ”está bastante desprestigiado, porque desinforma, enreda las cosas, saca de contexto y malinterpreta las palabras de muchos dirigentes políticos del mundo”. Pero, por cierto, ya se sabe que Moreira es de gatillo fácil y que chancho en misa lo que dice, porque Wikileaks no hace más que sacar a la luz lo que otros han puesto en papel.
 

 
De mejor calibre y en sintonía con las otras explicaciones de Paya son las opiniones del secretario general de Renovación Nacional (RN), Mario Desbordes, quien puntualizó que “los supuestos dichos, porque no son más que eso, de Darío Paya no les asigno mayor importancia. Darío es una persona que colaboró muchísimo con el comando electoral en la última elección presidencial, muy cercano al Presidente Piñera en la campaña del año antepasado, demostró lealtad, trabajo en equipo y por lo tanto no me complica”.
 

 
Indicó que anteriormente la UDI en su conjunto tenía una opinión beligerante sobre Piñera, pero que ya en campaña conjunta mostró“apoyo leal y decidido”.
 

 
Ahora, también le pega una raspada a las filtraciones, pero más que a la plataforma fundada por el hoy "public enemy number one" de la diplomacia del Tío Sam, Julian Assange, lo hace a los informes norteamericanos, porque “he estado en reuniones con embajadores de Estados Unidos y están tomando apuntes rapidito, en un idioma que no es el propio y además siempre apurados”.
 

 
Ahí precisamente está el segundo aspecto que hay que tener en cuenta en esta materia. Porque lo que está poniendo en evidencia Wikileaks es la forma en que quienes se dedican a los asuntos internacionales se relacionan entre ellos y qué hacen con la información que se entrega en los diálogos.
 

 
Guste o no, ha quedado en claro que los diplomáticos norteamericanos conversan con sus pares y con líderes de opinión de los países en que están asignados, o que visitan, para obtener información. Y, como dice Martita, registran “hasta los estornudos”.
 

 
Debemos tener en cuenta que Wikileaks se ha asociado con el portal nacional Ciper Chile, por lo que en las próximas semanas seguiremos enterándonos sobre qué ha estado dando a conocer la Embajada de EE.UU. a sus autoridades respecto de lo que se hace y dice en nuestro territorio.
 

 
Si hay puros pelambres, calificaciones o descalificaciones de nuestras autoridades o de personajes nacionales, ello no pasa de ser un anecdotario digno de Farandulandia. Sin embargo, no es tan así si lo que han captado los apuntes son opiniones en mala sobre los países vecinos, demás latinoamericanos o nuestros socios de otras partes del mundo, principalmente si han sido emitidas por quienes hoy nos gobiernan.
 

 
Eso dando por descontado que los informes que se desclasificarán próximamente sólo se referirán a opinología y no datos relevantes sobre la marcha de asuntos de Estado, Relaciones Exteriores, Defensa o materias que algún fiscal considere que tiene visos de delito a ser investigado.
 

 
Porque si hay algo que se debería estar reforzando en el edificio de José Miguel Carrera -se supone que se realizó el análisis político comunicacional correspondiente por parte de la estructura pensante, con los correspondientes cursos de acción-, a raíz de lo que se está conociendo, es que las conversaciones de nuestros diplomáticos deben ser de un lenguaje cuidadoso, sin calificativos y referidos a asuntos que para nuestros intereses como país son importantes que se conozcan. Y a cambio, hay que tomar apuntes rapidito de todo lo que nos dicen nuestros interlocutores. Por algo nuestros good friends captan “hasta los estornudos”. O, siendo más precisos, hacen realmente su pega.
 

 
Y sobre lo que han dicho nuestros próceres en vez de mandarles la pelota de vuelta para que se las arreglen por cuenta propia, hay que apuntar sobre lo relevante de nuestras relaciones con determinado país -que se supone lo son y algo habrá que destacar por ahí-, producto del diálogo oficial respetuoso, que es lo que realmente importa y no los copuchenteos coloquiales alrededor de ungüisquicitou.
 

Fotografía: armigeress  elquintopoder / Licencia CC

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