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Por la razón… o la razón, señor ministro

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Señor ministro,

No está claro si algún día será posible que el dilema de izquierdas y derechas sea uno que no deje fuera el verdadero interés por la gente, para solo centrar el debate en la voluntad de los partidos políticos y la buena imagen o lo que parece que hace el gobierno. Tampoco es sano pensar, para beneficio de la gente, que se pueda resolver este dilema sin ellos. Será por eso que tanto el gobierno como los partidos están tan desorientados y proyectan una de enorme confusión ahora que los estudiantes han instalado temas fuera del metro cuadrado al que se acostumbraron por décadas.

Cada vez que alguien declara que "la razón", no es la voluntad de la mayoría, la democracia desaparece y queda expuesta a una violación infinita de ridículas interpretaciones.

Esta extraña filosofía que circula en vecindarios conservadores de opinión, y que dice que las mayorías "no siempre representan la razón”, es inductiva y perversa, un malabarismo con las palabras que permite se justifiquen, hoy, las mismas atrocidades que tuvieron al mundo sumido en la oscuridad y las tiranías de un pasado milenario de violencias y supersticiones hasta el siglo XVII, así como también justificaron  innumerables y multicolores totalitarismos contemporáneos.

Podrán decir algunos que reclamamos porque ellos son la minoría. Exacto. Y seguirá habiendo esta minoría mientras la buena calidad de la educación no se haga pública, frenando así por siglos la posibilidad de surgir de muchos que no tienen los recursos para costearla sin el apoyo del rol solidario del estado y de la iglesia.

Esta es la enorme diferencia que uno puede ver en la equidad entre los países desarrollados y los del tercer mundo, por mucho que irresponsables predicadores del mercado criollo, insistan en compararlos en estos tiempos de crisis. Es fascinante ver el abanico ilimitado de posibilidades que brota de una sociedad que entiende el valor de crecer con mayor índice de justicia social y, con eso, levantar el poder adquisitivo de las mayorías, dinamizando así el crecimiento económico del país con la expansión del consumo. Ese es el único camino que nos conducirá a una sociedad donde la mayoría dejara de ser la de los más pobres y los ricos la minoría, para avanzar en una clase media que decida. Aquí es donde en Chile se abrirá un territorio de progreso hasta ahora  totalmente inexplorado.

Desde que los Antiguos Griegos aparecieron, estableciendo  la democracia, han pasado 7000 años. Aparecieron y desaparecieron civilizaciones completas. P ero el concepto general de la democracia ateniense, no ha desaparecido.

Pero los sueños de una sociedad más justa se desvanecen con amenazas insensatas y llamados solapados al uso de la fuerza para imponer la razón. Qué diabólica razón es esa, la razón de quién, o de quiénes. El escudo que suspende al Cóndor y el Huemul, flota sobre una aberración intencional que reza: "Por la razón o la fuerza", que muchos han interpretado: “a la cresta con la razón, es mucho más fácil por la fuerza”.

El uso de la fuerza demuestra desesperación y no mera incapacidad para gobernar el país al entendimiento.

El sentido común sobra para entender que no habrá paz social ni desarrollo integral mientras no se obedezca, al mismo tiempo,  la voluntad por libertad económica del que busca retorno a su inversión, y la de aquel que la multiplica por un salario, en una relación regulada , armónica de respeto mutuo, y de ambos con el Estado.

El crecimiento personal y el desarrollo país descansan en esta premisa, y es la receta de los países desarrollados, incluso de la nueva potencia económica emergente de la China "capitalista", que surge tras su ingreso el 2001 a la OMC.

Suprimiendo el derecho a la propiedad privada, la URSS pavimentó su poderío económico y militar. Europa y Estados Unidos enfrentan crisis hoy por hacer exactamente lo contrario. Sabemos que, después de todo, fue el abuso a los derechos humanos en los regímenes comunistas, o a los derechos del consumidor en los regímenes capitalistas, lo que precipitó el colapso y la desconfianza ciudadana en todo el mundo. Ambos modelos decepcionaron y dejaron de ser una alternativa, lo podemos ver en los movimientos de protestas de ciudadanos comunes en el mundo entero, y en las de mapuches y estudiantes en nuestro país.

Esto no se arregla por la fuerza, ministro: gobernar es oír lo que quiere la gente, eso es democracia.

Posteo original aquí

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Foto: Cámara Ciudadana

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