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Nuevas formas de construcción de la Ciudadanía

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Es importante considerar la formación ciudadana no solo dentro de los marcos establecidos por la escuela como institución reproductora de una cultura hegemonizante, sino más bien pensarla desde la propia ciudadanía, entendida esta desde una mirada divergente, es decir, desde el conflicto social. Sabemos que el progreso social lleva aparejado la noción de cambio como efecto de las luchas sociales, así la sociedad se convierte no solo en un espacio desde donde se forjan diálogos y convergencias democráticas, sino y sobre todo, en un espacio de luchas donde compiten distintos grupos societales por imponer sus proyectos y discursos hegemónicos.


La herencia de la dictadura cívico-militar y que la Concertación -hoy Nueva Mayoría- profundizó una ciudadanía de consumo, profundamente individualista, egoísta y desmovilizada, desarraigada de su contexto social y por lo tanto de las luchas y tensiones que se desatan en ella

En este contexto surge una pregunta desde la teoría social y sin duda desde la propia historia que nos permitirá aproximarnos y entender de mejor forma el concepto de ciudadanía y su dimensión social, esto es, ¿cómo ejercer nuestra ciudadanía? Aunque la idea de participación es el concepto clave en torno al cual se mueve la noción de ciudadanía, es importante integrar la categoría de memoria, no la llamada memoria oficial y suscrita en los textos oficiales y por el poder político en sus cónclaves de poder, sino aquella memoria social, emblemática si se quiere, desde la cual identitariamente todos nos conectamos.

La idea de una ciudadanía que se construye desde el conflicto social supone un quiebre con el análisis tradicional en torno a ella y la unicidad del discurso. Una ciudadanía que cuestiona la vigencia del llamado “contrato social” y su relación con el Estado- nación, especialmente producto de los procesos de globalización y migración. Estas nuevas formas de ciudadanía que hemos visto en Chile con mayor fuerza desde el 2011, se sitúan desde una perspectiva crítica, resignificando sus propias prácticas sociales, a través de procesos de constitución de la memoria colectiva y sus subjetividades identitarias, desde la cual se construye la propia ciudadanía. Este principio dialéctico de las contradicciones como base de cualquier movimiento o cambio social de clara concepción marxista, ilustra y explica de mejor forma las tensiones y conflictos que ocurren al interior de la sociedad, y como dichas tensiones mueven y promueven el cambio social. Porque la memoria, aunque fragmentaria, no solo resignifica e interpreta el pasado sino también marca los modos de actuar y de pensar de los sujetos sociales y los proyecta al futuro.

Memoria, ciudadanía y resistencia, van conformando de forma individual y colectiva a un actor social que a partir del conflicto social construye identidad y voluntad de acción, y es a su vez portador de un proyecto de cambio cultural. Una ciudadanía actual más empoderada, que valora sus propias experiencias ciudadanas, y que ha surgido dialécticamente de la herencia dictatorial y de la resistencia social a dichos proceso socio-culturales. Esta nueva ciudadanía es capaz de revelar a la sociedad sus propios proyectos, alejados del consenso dialógico y programático del sistema político tradicional del eje Nueva Mayoría (ex-concertación) – Derecha política-empresarial. Una ciudadanía que no se moviliza puramente por recompensas materiales o para incrementar su participación en el sistema político, sino por proyectos simbólicos y culturales que tienen como afán mejorar la calidad de vida del colectivo social. Una ciudadanía que tiene que lidiar cotidianamente en el Chile post dictadura con el legado de impunidad en materia de derechos humanos, desigualdad social y una democracia tutelada y restringida, haciendo aún más complejo la constitución de un orden más democrático y de construcción de una comunidad política más diversa, en lo local, étnico e identitario.

La herencia de la dictadura cívico-militar y que la Concertación -hoy Nueva Mayoría- profundizó en todos estos años, y en distintos ámbitos, es la noción de una ciudadanía donde el sujeto social de derecho se convierte en un sujeto de consumo, profundamente individualista, egoísta y desmovilizado,  desarraigado de su contexto social y por lo tanto de las luchas y tensiones que se desatan en ella. Esta herencia o concepción liberal, establece la  formación de hombres y mujeres virtuosos, con un cierto halo de ética pública, al menos en apariencia, quienes buscan el bien común y que por sobre todas las cosas en momentos de coyunturas y fuertes tensiones privilegian los consensos y las reconciliaciones. La actual, es aún una ciudadanía reducida en su formación a  un apartado conceptual de alfabetización constitucional, esto es, definida en función de deberes y derechos ciudadanos, al necesario reconocimiento de las funciones públicas, entre otros tópicos más. Presentado así, la formación ciudadana termina siendo un instrumento de validación, a través del currículum de Historia,  de legitimación de las instituciones políticas con un claro déficit democrático.

Se negó durante mucho tiempo, la necesaria reflexión por parte de la ciudadanía de los profundos traumas que enfrentó la sociedad chilena en materia de derechos humanos, y desde la cual también se construye identidad y ciudadanía, como es desde la resistencia y la marginalidad. Se debe reconocer que todo proceso de reconciliación, como parte de experiencias traumáticas que han atravesado a la sociedad, no puede obviar los efectos de la violencia política y de violaciones a los DD.HH. que ha sufrido una parte de la ciudadanía y por extensión a toda la sociedad, las que permanecen en el imaginario colectivo y en la subjetividad de cada persona.

Es importante finalmente no solo pensar en los procesos de constitución de una nueva ciudadanía y sus características en el Chile del siglo XXI, sino además reflexionar en torno a si ¿es la escuela el mejor escenario para la formación de ciudadanía?

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Comentarios

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Servallas

15 de agosto

Lo que viene ocurriendo en Chile no es nada de otro mundo, ni siquiera presenta rasgos propios, la llamada memoria, o quizás memoria colectiva es sólo la victoria de un discurso ideológico sobre otro. Desde otro enfoque, el cambio social no necesariamente debe realizarse desde el conflicto, desde la turbulencia, no es una fatalidad, pero cuando este se instala en un país pasa a ser la regla, es el día a día porque es en síntesis una receta, una forma de visualizarse, de ponerse en vitrina , de adquirir fuerzas y usarlas. Quizás el problema de nuestro país es que conviven de mala manera al menos tres Chile, y que tampoco es una característica propia, es una situación latinoamericana y que no tiene solución, por lo tanto prosperarán aquí las tendencias extremas del capitalismo y el socialismo en sus vertientes ortodoxas, esclavizantes, destructivas, ello significa que cada una destruirá el constructo social- económico de la otra, tal como nos toca ver estos día, y como nos toco ver inmediatamente después del golpe de estado. Mirando en perspectiva, así nos iremos, así enfrentaremos el futuro, penoso  pero es la verdad, no nos desarrollaremos, y como ha sido nuestra historia, sangrientos y dolorosos conflictos sociales nos esperan.

15 de agosto

Gracias por tus comentarios, son sin duda muy ilustrativos y rigurosos. Es solo una parte de un trabajo más amplio en desarrollo, en el cual incorporaré por cierto tus valiosos aportes. Saludos

Lucía Montes

15 de agosto

Ciudadanía y comunidad conceptos fraternales entre si. La escuela como siempre con su compromiso de formar ciudadanos que puedan resolver sus grandes y pequeños temas en comunidad.

20 de agosto

Gracias por su comentario. Sin duda la escuela tiene la mejor oportunidad para formar ciudadanía.

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