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La Teletón: La caridad nubla la realidad

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Como ciudadano promotor de un Estado que resguarde la pluralidad y los DDHH, me horroriza ver cómo en Chile se violan los derechos humanos de personas discapacitadas, a la vez que un espectáculo televisivo promueve el confort de la caridad, el patriotismo y la irrealidad ante un problema que no solo no está resuelto, sino que ni siquiera ha sido abordado parcialmente.


"Como ciudadano chileno me horroriza ver que un show televisivo que tiene por objeto fomentar el nacionalismo muestre a sujetos de derecho como objetos de caridad y transmita una irrealidad sobre el tema de la discapacidad, que ni siquiera ha sido abordado en la esfera pública"

 Muchas críticas y defensas a la Teletón han surgido en Internet y redes sociales. Incluso la ONU amonestó al gobierno de México por destinar fondos del Estado a esta iniciativa privada en vez de tomar medidas en instituciones públicas, así como por promover la imagen de personas discapacitadas como objetos de caridad y no como sujetos de derecho.

La Declaración Universal de Derechos Humanos cuenta con un apartado de una Convención de la ONU sobre los derechos de los discapacitados, que recomiendo leer. Por lo tanto, como ciudadanos son sujetos de derecho aunque la mayoría de ellos no sean productivos para la sociedad utilitarista en que vivimos. Las personas discapacitadas conforman un 15% de la población mundial, según datos de la OMS. Existe discapacidad física, mental, motora, siquiátrica, intelectual y sensorial. Sin embargo, la realidad es que, según cifras del año 2004, más del 94% de los discapacitados de nuestro país nunca ha contado con rehabilitación ni tratamiento médico para su discapacidad, según datos de la Fundación Nacional de la Discapacidad. Y la situación no ha variado, pues el tema es invisible en las políticas públicas y se hace visible de manera farandulera básicamente solo en la Teletón, el show de la caridad que nos deja más que autosatisfechos.

La Teletón ayuda a cierto tipo de personas con discapacidad física, y solo si son viables de rehabilitarse. No hay nada que reprochar en principio a esta ayuda de una iniciativa del sector privado, o a que realicen un evento para recaudar fondos. El problema es que, mediando una campaña que involucra empresas, cantantes, artistas, figuras públicas y políticas, testimonios conmovedores y un espectáculo ininterrumpido por cadena nacional, los chilenos nos masturbamos con el sentimiento de caridad (lo buenos que somos) y de unidad nacional, mientras solo el 5% de las personas discapacitadas recibe atención médica.

Cabe preguntarse si el principal objetivo de este espectáculo televisivo y su campaña es recaudar sumas estratosféricas de dinero para tratar niños con discapacidad física, o fomentar la euforia del sentimiento nacionalista. Resulta aberrante que el presidente o presidenta de la República y sus ministros y actantes políticos asistan o participen de este circo en calidad de gobernantes, incluso bailando o contestando el teléfono, vistiendo la camiseta de la caridad, mientras las discapacidades no están cubiertas en la salud pública. Como siempre, la caridad tiene como fin la autosatisfacción, sin aportar a solucionar el problema del otro, además de presentar a ciudadanos como objetos de asistencialismo en vez de sujetos de derecho.

En Chile prácticamente no hay inserción laboral para los discapacitados que pueden trabajar, sino discriminación. Apenas recientemente se abre en un número reducido de colegios particulares cupos para alumnos con discapacidad intelectual, como síndrome de Down, y existe una pobre infraestructura para la discapacidad física, incluso para que puedan desplazarse por su ciudad. No hay iniciativas estatales de apoyo a ciegos, sordos ni mudos. En la Asociación de Ciegos de Chile (ACICH), iniciativa formada por personas no videntes que incluso tiene un programa radial, no solo no cuentan con apoyo gubernamental, sino que solo han conseguido permisos municipales para que algunos ciegos vendan confites en la calle sin ser arrestados. La rehabilitación real de discapacidades físicas solo es viable en el extranjero, en países desarrollados, o en el sector privado, como la Teletón, fundación que se nutre del asistencialismo de los empresarios y del impacto mediático de tragedias personales. No existe apoyo estatal para este sector no productivo de la población, pero igualmente compuesto por sujetos de derecho, según la Declaración Internacional de DDHH de la ONU a la que Chile adhiere. Ni siquiera ha habido reflexión ni debate sobre el tema. Entre las enfermedades mentales, el Auge solo cubre depresión, desorden bipolar y esquizofrenia, y de manera tan precaria que en la Región Metropolitana solo existe 1 hospital con hospitalización siquiátrica gratuita para varones, la cual es ambulatoria, poco accesible y breve, para que avance la lista de espera. No existe en Chile ninguna institución estatal de hospitalización indefinida para aquellas personas que no pueden vivir en sociedad por discapacidad mental, intelectual o siquiátrica, que no pueden valerse por sí mismos ni cuentan con nadie salvo sus padres (a veces) y solo mientras estos viven. Los lugares disponibles, del sector privado, tienen precios que oscilan en Santiago entre los 350.000 y los 2.000.000 de pesos mensuales.

La gigantesca propaganda de la Teletón transmite la falsa imagen de que el problema de la discapacidad se resuelve mediante fundaciones, caridad, asistencialismo, “chilenismo” y donaciones de grandes empresarios cada dos años. El tema de los derechos humanos, garantías del Estado, es opacado por historias conmovedoras para que los chilenos transfieran al banco, mientras los mismos actantes políticos participan de este circo en calidad de farándula en vez de como gobernantes de 2,5 millones de discapacitados de nuestro país, sin tratamiento médico, mucho menos en la salud pública, y muchos en situación de calle.

Es loable que Camila Vallejos y Gladys Marín se hayan restado de este espectáculo en diferentes momentos. Si un empresario quiere donar cierta cantidad de millones a la Teletón, es libre de hacerlo sin poner como condición que Vallejos se bese con el ministro de educación de turno o que Marín lo haga con el ex candidato presidencial Joaquín Lavín. La Teletón, al ser transmitida por televisión como una “causa común”, otorga un sentimiento de unidad nacional o nacionalismo (similar al fútbol) e incluso burla y ridiculización grotesca de nuestra situación política, al actuar los actantes políticos como personajes de farándula, sin que se aborde siquiera la discusión sobre la situación real de los discapacitados. Por el contrario, el chileno percibe la realidad como irrealidad, pues la asimila en términos mediáticos, según lo que ve en la TV. Se siente útil y caritativo comprando al por mayor productos Teletón cuyas marcas pertenecen a escasas familias, dueñas de los mismos supermercados que las venden, y que la Teletón les ha auspiciado durante décadas las mayores campañas publicitarias. La cantidad de niños rehabilitados por la Teletón compra el conformismo de un Estado que vulnera día a día derechos humanos de discapacitados con la satisfacción de nuestros gobernantes de estar en primera fila viendo bailar a Chayanne o a la Cuatro Dientes.

TAGS: #Caridad #Teletón Solidaridad

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Comentarios

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Camila Osses

06 de Diciembre

De acuerdo con todo lo señalado. Sólo tengo una duda: ese 94% de discapacitados por qué no acude a la Teletón? Por un tema de cupos, espacio, iniciativa o qué? Por qué no tienen cabida? Saludos

06 de Diciembre

Camila, pareces que vivieras en las nubes. Es necesario que entre a Google y pidas la informacion al respecto. Hay otros organismos que te pueden no solo dar una respuesta general sino que te podrian dar detalles increibles de las cifras, razones y veraderos numeros. Me ha impactado una frase que el articulista escribio…”Como siempre, la caridad tiene como fin la autosatisfacción, sin aportar a solucionar el problema del otro, además de presentar a ciudadanos como objetos de asistencialismo en vez de sujetos de derecho”…Es obvio que la gran mayoria que acepta este circo farandulera puede dormir tranquilo y con la conciencia mas limpia qu agua de vertiente despues de haber contribuido con unas luquitas y haber donado el vuelto en los supermercados, pero no es asi.

06 de Diciembre

camila, hola. como explicaba, existe discapacidad física, mental, sensorial (ciegos y sordos), intelectual (retraso cognitivo) y siquiátrica. la Teletón solo trata 1 tipo de discapacidad física y solo si hay posibilidades de rehabilitación futura. no creas que la Teletón ayuda a todos los discapacitados. saludos!!

Servallas

13 de Diciembre

Hay algo en este artículo que me dice que esta mañosamente escrito para desprestigiar, hubo un tiempo en que cierto sector “ultra” le dió como caja a la Teletón, se vomitó sobre esa iniciativa, se hicieron caricaturas,  se festinó con el tema, pero eso pasó, parece que los chilenos se dieron cuenta que si no hacemos nada por otros compatriotas que sufren, aunque sea un 0.05 % de la población, nadie hace nada, menos por supuesto los sectores ” ultra” , grupos de personas que odian todo lo que tenga que ver con el malevolo, diabólico, e  innombrable capital.

13 de Diciembre

Yo hablo por mí como cualquier chileno que comenta un espectáculo y un circo farandulero. No represento “sectores”. Tampoco tengo nada contra el capital o el dinero. Solo pienso que el Estado debería hacerse cargo de los Derechos Humanos y el principal capital debería provenir de ahí en vez de participar nuestros gobernantes como si se tratara del show de los discapacitados.

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