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La pequeña ética

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La ética fue alguna vez pequeña. Luego le ofrecieron apellidos, los más ilustres y populares. Deportiva, profesional, laboral, política, financiera, periodística y algunas otras más. Entonces se formaron grandes maestros para explicarla. Grandes maestros que no siempre contaron con grandes alumnos, pero sí con poco tiempo.
 
Y la ética se definió, así como en los diccionarios: cinco líneas, un par de sinónimos y algunos ejemplos. Y la ética inspiró libros y tratados que la hicieron una virtud inmensa e imposible.
 
Y ese gran maestro, con muchos lápices azules y unos poquitos rojos terminó de enseñarla, aprendida o no. Y esos libros se cerraron para siempre, y solo quedó el apellido escogido para ejercerla.
 
Y luego ella se confundió: ahora debía usar su apellido. Sola no servía. La ética a solas no la usaba nadie. Así era la vida y la ética tenía que tener apellido. Y las personas de bien debía escoger uno solo. Había que especializarse en una sola ética. El deportista sólo la pudo usar para correr más rápido sin hacer trampas.
 
En el jardín de infancia enseñan algo parecido. Son grandes maestras que comparten con pequeños aprendices. No la definen ni le ponen apellido. En el jardín de infancia viven con ella y no se necesitan lápices azules ni rojos para llevársela a casa todos los días y traerla al día siguiente alimentada de inquietudes para volver a jugar con ella en los columpios. Los grandes maestros alguna vez fueron pequeños aprendices, y entonces no usaban el diccionario para reconocer una travesura, disculparse y seguir jugando.
 
La pequeña ética, esa que enseñan y aprendemos en los jardines de infancia, no necesita crecer. No es mejor cuanto más grande. Si crece se torna incomoda, sospechosa y pretenciosa. La pequeña ética solo necesita un poquito de espacio para aconsejarnos al oído. Dejémosla pequeña, sin apellidos ni definición.
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Comentarios

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23 de Abril

Si solamente cada día, ante cada pequeña cosa cada uno pusiera en práctica esa pequeña ética cuánto podríamos crecer. Excelente.

jrpaves

25 de Abril

Casi creo que necesitamos un movimiento que lleve adelante estas buenas prácticas para la sociedad, que por su individualismo, claro, enredó la ética. El “buen vivir”. Melnick decía hace unas semanas que los derechos que se instalaron en Chile, hacen que la gente se “eche como vaca” a esperar que la ayuden. Que el primero en la ayuda es “uno mismo”.
El buen vivir en una sociedad que en gran medida considera “acertada” la proposición de Sergio Melnick, es cada vez menos posible.
Yo trabajo en salud pública. Veo a muchos médicos que antes de sesudas disquisiones científicas, consideran que es importante llegar a sus boxes de atención, escuchar a sus pacientes, tratarlos con respeto, no quedarse con dudas e informar. Mira, un tratado de ética, así de sencillo. Así de pequeño.

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