La necesidad de repensar los argumentos contrarios al aborto - El Quinto Poder
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La necesidad de repensar los argumentos contrarios al aborto

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En una reciente columna publicada en este medio ("Aborto: ¿Una realidad necesaria?"), Patricio José Niculqueo plantea una interesante posición frente a la moralidad del aborto. En términos resumidos, si pude comprender bien su planteamiento, el autor indica que no existen elementos suficientes que nos permitan saber con exactitud qué define al ser humano como tal, por lo que ante la duda de no saber si un feto de pocas semanas, días o quizás horas de gestación es o no un ser humano, la opción moralmente correcta sería abstenerse de abortar, puesto que por desconocimiento podríamos estar matando a un individuo humano.

Sin entrar en la discusión del estatuto jurídico del feto, lo que plantearía un debate aparte, me gustaría discutir brevemente las ideas del autor. Le pido al mismo disculpas de antemano por tomar su columna como base para esta reflexión, pues lejos de plantearse como un cuestionamiento individualizado, lo que pretendo es recoger sus ideas para esbozar otra perspectiva respecto a la cuestión de la moralidad del aborto.

Debo decir, en primer lugar, que comparto plenamente con el autor su posición respecto a la imposibilidad de definir lo que es un individuo humano de manera absoluta (es importante acá la palabra "individuo", pues la discusión no es si el feto o embrión es parte de la especie humana, lo cual es evidente, sino si es un/a individuo distinto de la mujer embarazada o no). Ni la identidad cromosómica, ni la capacidad racional, ni la morfología, ni la relación sensorial con el mundo definen tajante e integralmente al ser humano, como bien señala el autor. En otras palabras, no hay disciplina alguna (ni siquiera la ciencia o la bioética, como a muchos/as les gusta creer) que pueda definir de manera definitiva lo que es ontológicamente un ser humano, pues esta definición escapa al alcance de los saberes más "duros".

Sin embargo, me cuesta compartir el criterio moral que el autor plantea ante este hecho en relación al aborto, que se resumiría en la premisa "ante la duda de no saber si un feto o embrión es un ser humano, abstente de abortar". La duda que el autor plantea supone reconocer hay "algo" que define lo que es un ser humano, una esencia quizás, que existe más allá de nosotros/as, pero que no conocemos cabalmente. Para sostener una postura como tal, se hace necesario considerar que existe una verdad esencial anterior a nosotros/as, una verdad que está ahí independientemente de nuestra acción, de nuestra comprensión de las cosas, de los procesos de producción del conocimiento y las relaciones de poder que lo permean. En otras palabras, implica asumir en parte una postura positivista según la cual hay una verdad que existe con independencia de las personas, y que puede ser o no descubierta (des-cubierta) por éstas.

En este sentido, una postura como tal implica asumir que existiría algo que define ontológicamente al ser humano, pero que hasta el momento no habríamos podido alcanzar de manera cabal. Por eso probablemente el autor señala que "la humanidad es sólo entendible y carece de definición". En consecuencia, es comprensible que a continuación el autor tome una postura moral que le impida avalar el aborto. Al no saber con exactitud si un embrión o feto es un individuo humano o no, recomienda adoptar el imperativo moral de abstenernos de interrumpir el embarazo, pues si lo hacemos pensando que un feto o embrión no sería un ser humano, y nos equivocamos por desconocer la esencia de lo que constituye a la humanidad, estaríamos matando a ese ser humano.

¿Pero qué ocurre si cuestionamos la estructura teórica que ampara este argumento? ¿Qué ocurre si abrimos la discusión a pensar que no hay tal cosa como una verdad absoluta anterior al ser humano, y que la "realidad" se va configurando histórica y contextualmente? ¿Qué pasa si, al menos, asumimos que cualquier idea que tengamos respecto de "la" verdad está mediada por el lenguaje y, por lo tanto, por el contexto histórico, social, económico, político y cultural en el que nos encontramos situados y situadas? Varios han sido los autores y autoras que sostienen esta postura antiesencialista, desde Nietzsche ("no hay ningún "ser" detrás del hacer, del actuar, del devenir"), hasta Foucault ("la verdad no está fuera del poder… Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su política general de la verdad"). Cuestionarse la idea de una verdad anterior al ser humano, implica asumir que toda verdad es en realidad una producción cultural, implica asumir que todo lo que consideramos como una verdad inmutable y universal está inexorablemente entrelazada con discursos históricamente contextualizados que generan esa verdad y que terminamos asimilando y naturalizando.

Si nos cuestionamos la idea de que existe efectivamente una verdad anterior al ser humano, creo que es posible también cuestionarse el criterio moral de "abstención ante la duda" para el caso del aborto. La cuestión que está en juego ya no sería la posibilidad de que un feto pueda ser un individuo humano por una esencia que lo constituye como tal, sino las formas en las que construimos culturalmente lo que comprendemos por ser humano. Si dejamos de pensar que existe una verdad esencial que define lo que es un humano, la duda ante el carácter la humanidad del feto y del embrión se diluye, pues tal carácter no depende de una verdad independiente de nosotros/as, sino de las construcciones que los marcos culturales e históricos de poder generan.

Las discusiones sobre la estructura ontológica del feto o del embrión suelen dejar de lado un hecho fundamental, que es que los fetos y los embriones están localizados en los cuerpos de las mujeres embarazadas. Pensar en el feto como una vida descontextualizada, implica siempre una borradura de las mujeres y de sus cuerpos. Si asumimos que no existe una única verdad universal, sino verdades producidas culturalmente, podemos abrir espacios para repensar la discusión y reincorporar a las mujeres en el debate, las que generalmente quedan fuera en los argumentos contrarios a la legalización de la interrupción del embarazo.

Algunas personas, en mi opinión interpretando de manera maliciosa las posiciones antiesencialistas, o quizás por simple ignorancia, aseguran que éstas abren la posibilidad de decidir arbitrariamente quiénes son o no seres humanos. Pero en realidad lo que estimulan es un pensamiento crítico de los juegos de poder que subyacen a las ideas que asumen la existencia de verdades absolutas, con el fin de producir nuevas interpretaciones y significados del ser humano que tengan oportunidades en el futuro. Así, preguntarse por los intereses, los marcos ideológicos y políticos que amparan la idea de una verdad universal que establece qué es o no un ser humano, se abre la posibilidad para construir nuevas formas de comprender al embrión y al feto a partir de otras posiciones políticas que incorporen a las mujeres como sujetas autónomas y a las realidades que atraviesan a cada embarazo.

No quiero decir con esto que una posición antiesencialista sea necesariamente superior en términos teóricos que una posición que supone la existencia de una única verdad. Más bien, pretendo plantear que podemos repensar los modelos teóricos y los preceptos filosóficos que amparan nuestros criterios morales, lo que nos obliga a explicitar tales preceptos cuando discutimos estos temas, y a justificarlos en la medida en que sea posible hacerlo. Para mí, una ventaja de las posturas antiesencialistas es que permiten cuestionar las definiciones únicas del ser humano, las que, lejos de ser neutras, reproducen muchas veces posiciones políticas específicas. Así también, creo que permiten cuestionar las ideas que sostienen la existencia de una verdad monolítica que suponen muchas de las posturas contrarias al aborto y a la libertad reproductiva, pero también las posturas más conservadoras respecto al cuerpo y la sexualidad.

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Foto: wonderfully complex / Licencia CC

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Comentarios

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14 de septiembre

Por eso son posturas ideológicas. No hay forma de acercarse ya que SON DEFINICIONES personales que van de la mano con las creencias individuales.

Así como no hay forma de probar que es aborto, tampoco hay forma de probar que no lo es, todo se reduce a si es o no es un ser humano/individuo/pensante. Y es esto lo que cada uno puede definir a su manera: “Yo creo que lo es en tales condiciones”, “yo creo que lo es en tales otras”…….
Esta parte de la discusión no tiene salida.

14 de septiembre

Claramente se pueden tener posturas ideológicas distintas.
Como, por lo mismo, el valor de la vida humana también lo sería, y NO es un valor universal el tratar de conservarlo. Bajo ese argumento, obviamente aceptaríamos masacres raciales (otro valor se impone, la superioridad de una raza sobre otra) o sin ir mas lejos, reincorporar la pena de muerte, dado que podemos aceptar que el criminal hipotecó sus derechos humanos al cometer el crimen.
La duda siempre es ¿solo para el aborto se debe aceptar que hayan posturas filosóficas distintas?
Las DEFINICIONES positivistas permiten crear leyes a lo largo del tiempo y estructurar sociedades con derechos fundamentales.

25 de septiembre

Primero, agradecerle que haya reciclado mi entrada. Segundo, me parece que tiene un muy buen punto, pero guardo mis reservas, porque si bien da una entrada “Moral” empieza a socavar principios legales, como comenta Arturo Bechtold “Las definiciones positivistas permiten crear leyes a lo largo del tiempo y estructurar sociedades con derechos fundamentales”, al estructurar el argumento destruyes muchas “bases” de la ley actual. No sé quizás tendríamos que reestructurarlo todo.

ghhgh

09 de agosto

concha tu mare

Ingrid

06 de septiembre

Los que defendemos el derecho a nacer nunca hemos dudado si el feto o no es un ser humano, la vida parte desde su concepción, cuando ovulo y espermatozoide se unen, ya que cuenta con el material genético necesario de su especie, el niño en gestación es tan ser humano como tu y como yo. Este hecho deja fuera cualquier construcción cultural y arbitrariedad que pueda poner la sociedad, es un hecho objetivo y no un acuerdo tomado entre distintas partes. Saludos!

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