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La Florida o el mapa de la desidia

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No es necesario dar la cantinela sobre el valor de la democracia y la participación de los ciudadanos, para decir que lo que ocurre en La Florida no sólo es un triste espectáculo, sino que un claro síntoma de una especie de esquizofrenia que afecta a nuestro sistema político, entre una institucionalidad débil y el capricho de los representantes políticos.  En lo personal, me parece que el mecanismo para la “sucesión” -que es algo más bien monárquico, porque además sólo votan los concejales- es inadecuado e insuficiente. No es democrático. Tampoco lo es no asistir a ninguna sesión para saldar el asunto, incumpliendo con una responsabilidad explícita ante los ciudadanos.

Primeros culpables, los “honorables” en Valparaíso, que parecen creer que los miembros de la clase política son inmortales en sus cargos, y aún no legislan en cuanto a un mecanismo –que lógicamente es llamar a elecciones ciudadanas- para reemplazar a los que renuncian o mueren en el ejercicio de un cargo. Todavía recurren al capricho, hacen enroques y aplican la dedocracia sin ponerse rojos. De mejores instituciones, nada.

Y es que el problema en La Florida es un problema generalizado de nuestra democracia. Es una falla institucional endémica. La Democracia es prisionera de malos mecanismos que la dejan a merced del capricho personal de algunos.

Los vecinos de La Florida, hoy aún están a merced del antojo de unos cuantos miembros de un concejo municipal, sin poder ejercer ningún control sobre el capricho de éstos. De hecho, la ley acentúa esa arbitrariedad, al indicar que son los concejales y no los ciudadanos, los que deben elegir al sucesor del alcalde Gajardo. “La ley lo dice” exclamarán muchos que ven ahí la solución, pero que ni siquiera piensan si esa ley es adecuada para tal efecto.

No se preguntan ¿Por qué la ley les concede a unos cuantos concejales esa facultad que pertenece a los ciudadanos? ¿Acaso los electores los eligieron para designar sucesores en caso de fallecimiento del alcalde? Jamás. Los ciudadanos los eligieron para representarlos ante el alcalde, no para ser potenciales sucesores de éste. ¿O acaso algún concejal entre sus promesas habla de ser el mejor sucesor del alcalde si este renuncia o muere?

Y ahí está lo esquizoide de todo esto, porque los concejales están encerrados en una especie de burbuja ajena a La Florida misma, donde el hedor del poder les carcome toda racionalidad política y exacerba al máximo su capricho personal.  Y de eso están haciendo un ritual público, penoso, que camina al borde del absurdo. Sólo falta que propongan a un caballo para el cargo…

Todo es una locura si uno se pregunta ¿Qué esperan realmente los concejales de la Concertación y del PC, que por novena vez no acuden a la sesión extraordinaria? ¿Qué muera alguno de sus colegas que apoya a Carter para quedar empatados? ¿Cuántas veces asistirán los que apoyan a Carter, sabiendo que los otros no irán, si ya pasó “la tercera es la vencida”?

Entonces se aprecia claramente que la lucha en ese concejo floridano es por el mero ego del poder, no por la democracia y menos por los ciudadanos.

Lo peor, los vecinos de La Florida están entrampados en ese vacío entre una institucionalidad inútil y poco previsora, y el capricho de unos cuantos concejales, que no sólo han suprimido todo diálogo, sino que han colocado a la “democracia” en un limbo insalvable. Y con eso han subyugado a la ciudadanía.

En una actitud claramente autoritaria del concejo en general, sin querer realmente consultar al electorado, de ambos sectores se consideran los más aptos para asumir la alcaldía. Ese es eje de la disputa y la inmovilidad que mantiene a La Florida sin alcalde por casi tres meses.

En el fondo, la falta de una institucionalidad democrática a nivel comunal como la gente, hace que los propios representantes le nieguen el derecho de ejercer la democracia a sus ciudadanos. Es decir, no los protege de malos representantes, sean alcaldes o concejales, que capturan el poder para sí de manera personal o colectiva.

Perfectamente todos esos concejales podrían llegar a un acuerdo democrático, para luego llamar a elecciones de nuevo alcalde. Eso sería revolucionario, profundamente democrático. Pero no.

Están drogados con el poder, mientras La Florida sigue funcionando sin alcalde y sin concejales. Es que la democracia no depende de esos representantes, es más bien su prisionera. 

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