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Equidad: la bandera de una nueva oposición

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El Presidente Piñera, en su gira, ha hecho gala de su notable instinto por ganar recursos.  En este caso, sus recursos políticos y posicionamiento internacional. 

El Presidente habló con tono sereno en Europa, tanto con la televisión como la prensa escrita. Habló con el desplante y la seguridad de un hombre de Estado comprometido con un proyecto político orgullosamente de derecha, usando la libertad y la democracia como valores fundantes de su Gobierno.

Habló de eliminar la extrema pobreza dentro de su período de gobierno, de cómo la píldora del día después no es abortiva, del postnatal de 6 meses, de los derechos de las parejas homosexuales en tanto cuanto ciudadanos y agradeció a Dios. Continuó hablando del reconocimiento del Estado Palestino, de que la guerra civil en Libia debiera ser evitada a cualquier costo, dijo que era el momento para la Paz en Medio Oriente, y agradeció a Dios.  Continúa dando, con orgullo, las cifras de Chile en materia económica: crecimiento al 6%, 20% de inversión, creación de empleo -500 mil dice con orgullo- continúa con el 30% de aumento en la exportaciones. Todo esto, en medio del mito fundacional del Chile destruido por el terremoto y reconstruido ya en un 50%. Por cierto, contó también de los mineros y de cómo ha cumplido con la promesa (¿?) de mejorar las condiciones laborales para evitar catástrofes como éstas en el futuro.

Si amigos míos, lo vi con mis propios ojos en una entrevista en la televisión pública española, junto con el café del desayuno, y en la edición dominguera de El País en una entrevista a página completa. Era Sebastián Piñera hablando del programa y las acciones de su gobierno de derecha, aunque no lo parezca.

Si, lo sabemos, parece programa de la Concertación y, es más, parece el programa de la Concertación que no se hizo y él demuestra que se pudo haber hecho. Pero tal como afirmamos, eso es sólo lo que parece. Lo cierto es que es la forma que tenemos de chocar con la realidad y reconocer que 20 años de transición nos hicieron temer de nuestra identidad, sólo así se explica que miremos estas medidas como suficientes y creer que haber tomado estas medidas, por si, nos hacían más progresistas. El que este relato liberal y democrático del Presidente Piñera en el extranjero se confunda con un programa de centro o, para algún despistado, de izquierda, habla de cómo el peor adversario de la exitosa Concertación fue la propia Concertación, el temor a expresar sus identidades y democratizar sus decisiones.

Pero si Piñera habla en Europa y Medio Oriente con la legitimidad democrática que da la presidencia de la República es porque unos ganaron y otros perdieron. Y para esos otros, los opositores a la derecha con piel de oveja, es la hora de aprender y de avanzar. 

Aprender que ser alternativa de gobierno en un mundo globalizado, monetarizado y unipolarizado exige un esfuerzo mayor de identidad política. Que sólo haciendo política con los ciudadanos y la sociedad civil podemos explicar, desde la izquierda, lo difícil que es gobernar, o aspirar a hacerlo, en un mundo dominado por la ideas liberales. Aprender que ser realista y responsable no significa ser condescendientes con políticas económicas que no nos representan y que por más que nos esmeremos en una batalla política por una agenda valórica de derechos de las minorías, esta batalla no será suficiente si no acometemos al mismo tiempo, la gran tarea épica de la lucha contra la desigualdad económica y de poder que es el verdadero problema de nuestro país, que es el problema de las grandes mayorías.

La oposición debe ser capaz de volver a indignarse con la desigualdad, pues es la única forma de conectar con la disociación cívica que afecta a los chilenos. Si la oposición es capaz de hacer esto, encontrará la fuerza para la voluntad política de ofrecer más y mejores políticas redistributivas, de poner coto al abuso de la banca, de proveer bienes públicos de calidad para dar efectivo cumplimiento al mandato de los ciudadanos, que es garantizar educación, salud, vivienda, seguridad social, trabajo de calidad y seguridad pública desde una perspectiva de derechos.

Tenemos que avanzar. Si reconocemos que el adversario es la derecha de hoy, esta que habla de libertad y democracia, que reconoce el Estado Palestino, que toma medidas para agasajar minorías y que pretende reelegirse; pero que es la misma derecha que privilegia el mercado sobre la democracia, que se mueve por intereses empresariales y que asume la gobernabilidad democrática como una forma y no como un sentido. Si es esto lo que reconocemos, entonces tenemos que aceptar que el desafío de toda la oposición y responsabilidad de sus líderes, aceptar que el modo de hacer política de la transición ya no sirve.

Hasta ahora, y debemos reconocerlo, estamos empantanados en la resolución de conflictos internos y en la perplejidad que provoca enfrentar la política sin un proyecto nítido y común. Estamos inmersos en la natural conflictividad que provoca para unos, sentir que un cambio de formas puede implicar perder el poder  y para otros, la incapacidad de crear alternativas viables de liderazgo.

Debemos avanzar. Avanzar hacia la construcción de ese proyecto político común en donde los intereses dispersos de los consumidores sean transformados, mediante la política, en un programa de derechos que represente a los ciudadanos. Esto exige unidad, coherencia y coordinación política. Requiere de todos los liderazgos sociales y políticos empeñados ya no en burlarse y quejarse de los que ganaron, sino empecinados en usar sus tribunas en proponer un Chile distinto, proponer otro futuro posible y firmemente sustentado en los valores que ya nos ha hecho mayoría en otros momentos de la historia y derrotar la dictadura: libertad con igualdad, que es la única forma de ser libres y democracia más que mercado, que es el ambiente en que se da la justicia y se garantiza la equidad.

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Foto: Joel Esparza / Licencia CC

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Comentarios

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07 de marzo

Muy acertado tu analisis… la derecha se viste con piel de progresista mientras preparan el parque nacional del Lauca para que pueda ser explotado para ganancia de unos pocos, mientras el carbon con su ganacia facil amenaza las playas mas hermosas de Chile y su fascinante biodiversidad. Pero yo amplío la invitación a la sociedad civil, porque solamente el conjunto de los ciudadanos y el pueblo como un todo, los que tienen el poder para cambiar las cosas, es hora de que hagamos escuchar nuestra voz como se hizo para Punta de Choros… esto recien empieza.

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