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El sueldo mínimo y las cifras de Evelyn Matthei

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Hace algunos días que hemos podido darnos cuenta cómo el tema de discusión en cada mesa de nuestro país es “El sueldo mínimo” (o mini-sueldo mínimo), pero pocos nos hemos preguntado cuáles son las consecuencias de vivir con un sueldo mínimo actual de $182.000.

¿Cómo distribuye la gente este dinero? Gastos comunes, alimentación, transporte, salud, vestuario, educación, dividendo (o arriendo), etcétera. Estas cosas que para muchos son básicas, para muchos otros no logran serlo ya que no les alcanza el sueldo. Una persona con un sueldo mínimo no alcanza a cubrir ni la mitad de estas necesidades en una forma digna. Quiero centrarme en un sólo punto –que es además el que utilizó Evelyn Matthei para responder mi pregunta– y es primordial para el progreso de nuestra sociedad; me refiero al factor educación.

Hoy existen muchos métodos diferentes de financiar la educación mediante la posibilidad de optar a créditos y demases, pero todo tiene su precio y lo que pasa cuando los padres trabajan a cambio de un sueldo mínimo es que, o estudias y quedas endeudado, o terminas sin estudios, en algún trabajo donde recibas un sueldo mínimo, igual que tus padres.

Lo único que aquí se logra es repetir el círculo en la mayoría de los casos. Somos uno de los países más desiguales del mundo, pero, por otro lado, en el último estudio de la Imacec, se nos presenta una cifra que hace ver un Chile con 5.3% de crecimiento en la actividad económica. Puedo rebatir esto sólo con mencionar que el decil más rico gana 27 veces más que el decil más pobre, por lo que el crecimiento es sólo para un grupo de la población y así todo esto se convierte en un círculo vicioso donde –aunque suene repetido–los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

¿Por qué es importante para el área de la educación, poseer un sueldo mínimo decente?

Según las declaraciones de Marco Kremerman, economista de la fundación Sol, en el programa “Tolerancia Cero”, el sueldo mínimo debe ser de al menos $270.000, aunque para un país tan “avanzado” como dice ser a nivel latinoamericano, aún así seguiría siendo un mini-sueldo mínimo.

El problema de la inequidad en Chile se ha tratado de resolver mediante la entrega de bonos y subsidios, pero no mediante la elevación del sueldo mínimo. ¿Por qué? Me imagino que esto se debe a que los bonos y subsidios son un beneficio que se le da sólo a ciertas personas y no bajo un método igualitario como el sueldo mínimo, sino que por un método de selección y clasificación según una serie de requisitos que debe cumplir la persona para optar a ser beneficiada; además agregar que los bonos se entregan sólo una vez y no de forma permanente, por lo que sólo sirven como solución parche y método populista para mantener a la gente en paz, dejando de lado la opción de obtener una solución ante el problema de fondo que es la mala distribución del ingreso en nuestro país.

Pero vamos al punto.

Es importante obtener un sueldo mínimo decente para que las personas tengan la posibilidad de entregar a sus hijos un futuro lleno de estudio y progreso, para ser lo que ellos no han podido y lo que sus hijos han soñado. Es señal de avance y progreso social el escuchar a las familias decir en base a su esfuerzo “Él es mi hijo y este es su título, es el primero de la familia en entrar a la universidad” (o algo parecido). Si no rompemos con este círculo vicioso, entonces el crecimiento continuará siendo sólo hacia un lado de la balanza continuando con el desequilibrio en la distribución del ingreso, lo cual imposibilitará pensar en un crecimiento socio-cultural, que es lo más importante en la base de la construcción de un nuevo futuro a nivel país. Da lo mismo tener un crecimiento del 5.3% si nuestra gente no lo percibe, da lo mismo crecer y crecer si sólo es para el mismo lado de siempre.

Todo está ligado, con un mini-sueldo mínimo: lo único que se puede obtener es una mini-educación, una mini-salud, una mini-calidad de vida. Tomo una frase de Marco Kremerman “No puede ser que una persona que trabaje 45 horas a la semana sea pobre”.

Subir el sueldo mínimo de $182.000 a $193.000 es humillar a nuestros trabajadores. Si vamos a hacer cambios, que sean cambios reales, $11.000 ó $17.000 pesos más no hacen nada en el bolsillo de las familias. Nuestros políticos hablan de esto casi con la certeza de que con un par de miles más, la gente solucionará todos sus problemas económicos. “Cien mil” no suena tan lindo como “doscientos mil”, pero los dos son una miseria.

Una posible solución es la urgente reforma tributaria y un sueldo mínimo real, NO un mini-sueldo mínimo que alcance para una mini-calidad de vida.

Además, aprovecho este espacio para dar una respuesta a la “respuesta”  (lo pongo entre comillas porque la verdad es que no me respondió, debido a que “se nos fue por las ramas”) de la señora Evelyn Matthei, Ministra del Trabajo, en relación a mi pregunta en el programa Tolerancia Cero (Capítulo Domingo 15 de Julio) “¿Cómo enfrentaría usted la inequidad en la distribución de ingresos? Los bonos son soluciones parche y medidas populistas que no solucionan el problema de raíz”.

Señora ministra, usted dijo durante el programa “la gente pobre es la razón por la que entré a la política” eso lo dice con un sueldo de $7.805.420 (dato extraído de la “Ley de Transparencia”). Por lo demás, nos comparó con Perú, diciendo que su sueldo mínimo corresponde a $140.000 chilenos, lo cual no es comparable, ya que nosotros ocupamos el segundo ingreso per cápita de latinoamérica y Perú el sexto (Cifras Banco Mundial), por lo que, dijo, “$250.000 es un exceso”. Señora ministra, usted quiere implementar la flexibilidad laboral, esto ayuda a reducir aún más los ingresos del trabajador, lo que me lleva a recordar otra de sus frases “queremos terminar con la pobreza y vamos a terminar con la pobreza extrema en este gobierno”. ¿Cómo? ¿Con más bonos, subsidios y la flexibilidad laboral? Lo más patético, señora Evelyn Matthei, es que usted, tenga la cara para ir a un programa queriendo hacer de esto una película bonita para todos los chilenos y no leer la letra chica de sus proyectos.

El llamado es a no conformarse con un “es lo que hay”. Abrir los ojos es fácil, siempre y cuando se quiera hacer, pero es trabajo de la ciudadanía.

Por: @AlisonVivanco

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